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La ría de Avilés se erige en la columna vertebral de la estrategia industrial y territorial de la comarca avilesina, uno de los grandes enclaves industriales de España. Lo ha sido desde el siglo pasado, cuando atrajo la implantación de grandes fábricas, y lo es ahora porque se ha transformado también en un corredor de I+D e innovación industrial, desde Valliniello hasta su desembocadura en el Cantábrico, con instalaciones de empresas como Asturiana de Zinc (Azsa) y Saint-Gobain.
De hecho, la comarca está considerada en la literatura académica como uno de los grandes centros históricos de industrialización de la cornisa cantábrica. En la actualidad, el entorno de la ría concentra fábricas, centros tecnológicos y laboratorios que sitúan a Avilés entre los principales polos de I+D industrial de Asturias.
La secuencia histórica ayuda a entender este proceso. La ría atrajo las fábricas y en ellas se generó conocimiento. Ese conocimiento favoreció el desarrollo de la actual red de centros de I+D y ahora la ciudad trata de dar un paso más mediante la formación y atracción de talento y la creación de nuevas empresas. Es un modelo de innovación que tiene sus raíces en la gran industria y que todavía se encuentra en expansión.
El entorno de la ría está dominado por grandes empresas como ArcelorMittal, Windar, Aleastur, Azsa, Saint-Gobain, Asturfeito e Idesa, por citar algunos ejemplos. Pero junto a ellas se ha desarrollado una red de centros tecnológicos y de investigación que convierte el conocimiento industrial en un factor de competitividad, tanto para las propias fábricas como para el conjunto de la economía comarcal.
El modelo de I+D e innovación industrial avilesino presenta características poco convencionales. El Parque Científico Tecnológico Isla de la Innovación no responde al concepto tradicional de parque tecnológico, entendido como un recinto específico para empresas innovadoras y centros de investigación. Se asienta sobre antiguos espacios vinculados a la siderurgia y se extiende por un entorno en el que la investigación convive con instalaciones productivas en funcionamiento.
Ya el plan Avilés Innova planteaba una estructura prácticamente lineal. El recorrido comenzaba en el centro de I+D de ArcelorMittal y continuaba por el denominado "bulevar de la ciencia y la innovación", con la Manzana del Acero de ArcelorMittal y el centro tecnológico Idonial, hasta conectar con el Parque Empresarial Principado de Asturias (PEPA) y el entorno de la gran industria.
Una de las características singulares de este modelo es la proximidad de los laboratorios y centros de I+D de las empresas a sus instalaciones productivas. Esta circunstancia facilita la realización de ensayos, la experimentación con nuevas tecnologías y su posterior aplicación a los procesos de fabricación. La cercanía entre investigación y producción industrial se convierte así en un factor de competitividad.
Pero, además, la ría aporta un valor diferencial que no se encuentra en un parque científico convencional: la conexión de las instalaciones industriales con una infraestructura marítima que permite exportar grandes estructuras y equipos fabricados en su entorno. Es el caso de empresas como Windar, Asturfeito e Idesa, especializadas en la fabricación de componentes y estructuras de grandes dimensiones para proyectos internacionales.
La presencia del Puerto de Avilés introduce así un elemento adicional en el ecosistema. No solo facilita la entrada y salida de materias primas y productos industriales, sino que permite embarcar estructuras de grandes dimensiones cuya fabricación y transporte resultarían mucho más complicados lejos de los muelles. De ahí que la disponibilidad de suelo portuario e industrial se haya convertido en uno de los principales desafíos para el crecimiento de estas actividades.
La dimensión económica de este corredor de innovación queda reflejada en las cifras recopiladas por la Asociación de Parques Científicos y Tecnológicos de España (APTE) sobre el Parque Científico Tecnológico Isla de la Innovación.
En 2025, el ecosistema estaba integrado por 60 empresas y entidades que sumaban 1.887 trabajadores, de los que 559 estaban dedicados a actividades de I+D. Es decir, prácticamente tres de cada diez profesionales trabajaban en investigación y desarrollo.
La evolución de este último indicador resulta especialmente significativa. En 2023 eran 355 los profesionales vinculados a la I+D, frente a los 559 contabilizados dos años después. Son 204 más, lo que representa un incremento del 57,5 % en ese periodo.
El volumen de facturación conjunta de las empresas y entidades alcanzaba los 587 millones de euros, mientras que la inversión anual en proyectos de I+D se situaba en 92 millones de euros. Unas cifras que permiten dimensionar la actividad económica y tecnológica de un ecosistema que ha crecido alrededor de la industria tradicional.
A estos datos se añade la presencia de tres compañías con capital extranjero y otras catorce empresas en fase de incubación, que reflejan la incorporación de nuevas iniciativas empresariales al parque tecnológico.
La distribución territorial de los centros de investigación reproduce en buena medida la geografía industrial que históricamente se desarrolló alrededor de la ría de Avilés y de sus conexiones portuarias.
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