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Nevaco Global
11 de octubre de 2026

Sonia Moreno: «El problema que tiene España es que ha subestimado a Marruecos»

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La periodista, corresponsal durante una década en el reino alauí, conoce bien la situación en el país vecino

Sonia Moreno, periodista de larga trayectoria que hoy trabaja en la televisión pública asturiana, fue corresponsal de distintos medios durante diez años en Marruecos. A principios de este año, publicó un libro que, a la luz de la invasión de Ceuta, resulta de una imperiosa actualidad: Marruecos. El vecino incómodo.

PREGUNTA.- La primera pregunta me parece obligada porque, más allá del análisis bastante riguroso que haces en tu libro de Mohamed VI, de las relaciones conflictivas y de alianza que tiene Marruecos, del vínculo tan difícil con España, etcétera, hablas muy poco de ti como periodista. Y a mí me gustaría empezar por esa parte humana que dejaste fuera: ¿cómo fue tu llegada, cómo es la vida cotidiana y cómo lees a la sociedad marroquí en el día a día?

RESPUESTA.- La editorial me pidió un libro de geopolítica, pero yo no soy escritora, soy periodista. Sabes bien que los periodistas siempre nos tenemos que mantener al margen. En tercera persona me movía bien, pero en primera persona me costaba más. Es verdad que hay algunas anécdotas que consideré imprescindibles para ilustrar algunas cosas, pero no es un libro sobre el reporterismo ni el papel del periodista. Quizá otros temas hubieran dado más posibilidades de estar más dentro.

Intento quedarme como una espectadora y trabajar allí como periodista. Y en Marruecos no es muy fácil, evidentemente, porque desde el primer momento estás controlado. Todos los periodistas lo estamos. Te dejan trabajar, pero tú vas a una manifestación y tienes detrás a una persona que te hace fotografías. Ellos tienen un book de ti desde el primer momento. Saben con quién y cómo te mueves. Estás bajo control total.

Cuando ya llevas más tiempo, tienes más fuentes, hablas las lenguas y demás, es más fácil trabajar. Claro, que cuando sucede algo, como pasó con el Rif, con el movimiento del Hirak en 2016, yo ya llevaba seis años y tenía amigos en Alhucemas. Podía informar de una manera distinta a una persona que acababa de llegar. Y ahí es donde realmente empiezan los problemas.

Casi todos los periodistas que hemos tenido problemas en el país los hemos tenido después de muchos años. Luis de Vega tuvo problemas después de 11 años; Carla Fibla, después de ocho. Entonces es cuando empieza la persecución y aumenta la dificultad para poder trabajar.

Yo soy una periodista bastante atípica. Desde que llegué me mezclé mucho. Sí que tenía reuniones con los españoles, pero entiendo que los periodistas tienen que estar con la gente de a pie. Me reunía con españoles para determinadas cosas, pero hice mucha vida con los locales. Mis amigos eran locales y mis mejores amigos de Marruecos son marroquíes, así que he vivido siempre integrada en la sociedad, en un barrio popular, comprando en sitios populares y haciendo una vida que no es la típica vida de expatriado, en la que solo vives en determinados sitios porque te lo puedes permitir, porque tienes otro salario y estás en determinadas zonas.

Creo que el periodista tiene que saber lo que cuesta un champú o cualquier cosa. Me hizo gracia, por ejemplo, descubrir madroños en la Medina de Rabat, porque es un país musulmán y no pueden beber alcohol, y el madroño tiene alcohol. Cosas de estas. Yo he vivido bastante la sociedad marroquí.

R.- A Rabat. Porque al final es la capital y, sobre todo, la capital administrativa. Casablanca es la capital económica y está muy cerquita ahora, a 20 minutos, con el Al Boraq, el tren rápido. Si no, son casi 40 minutos. Cuando ya pusieron el tren rápido hasta Tánger, me fui a vivir ahí. Después de ocho años estaba un poco cansada y necesitaba salir un poco del foco, porque trabajaba mucho el tema migratorio. Me fui a vivir a la frontera, a Tánger, los dos últimos años.

P.- En el libro cuentas que al principio no podías firmar con tu nombre porque no tenías todavía la acreditación de periodista. ¿Es una de las formas de control que ejerce la monarquía alauita sobre el país?

R.- Sí. Hay tres líneas rojas: el Sahara, bueno, todo el tema de la unidad territorial, Melilla y Ceuta también lo son; el rey y el islam. Yo creo que con los años el islam y el rey lo son menos, pero el Sahara lo sigue siendo y no solo a nivel periodístico, sino también político.

Yo llegué con Público y estuve los dos primeros años, hasta que Público cerró el papel y entonces me llamó la Cadena SER. Al principio, cuando llegué con Público, yo no iba a firmar. En principio no iba a hacer temas, iba a buscar la acreditación. Fui, presenté todos los papeles y nada más llegar conseguí muy rápido la residencia porque conocía a gente marroquí y lo hice muy rápido. Llegué el 30 de septiembre y el 14 de octubre ya tenía la residencia. Hay mucha gente que no la consigue tan rápido y es primordial para poder sacarte la tarjeta de prensa.

Empecé a gestionar la tarjeta de prensa en un momento complicado. Estábamos en 2010. En diciembre había empezado todo el movimiento del Campamento de la Dignidad, a las afueras de El Aaiún, que fue un preludio de lo que después sería la Primavera Árabe. En enero empezaron a organizarse en Marruecos las movilizaciones que desembocarían en el 20 de febrero. Yo ya estaba con estos jóvenes y acudía los sábados, que era cuando se reunían y hacían las pancartas. Después estalló la revolución en Túnez y el 20 de febrero comenzaron las manifestaciones en Marruecos. A partir de entonces hicimos un seguimiento continuo: durante un tiempo hubo manifestaciones todas las semanas, a veces todos los días, y después se mantuvieron todos los sábados durante un año.

R.- Sí, claro. Tuvimos muchas cosas. Ese año hubo un atentado. También se votó el referéndum para la reforma constitucional en 2011. Hubo elecciones, que coincidieron con las de España en noviembre de 2011. Nosotros tenemos las legislaturas cada cuatro años; ellos cada cinco, pero ese año coincidió, con lo cual fue un año muy movido y de mucha agitación. Recuerdo que el 14 de octubre mataron a un niño del campamento de Gdeim Izik. Me llamó Trinidad Deiros, que ahora está en El País y que entonces era la coordinadora del Magreb, porque ya había estado anteriormente en el Magreb de Público, y me dijo: «Sonia, invéntate un nombre, tienes que firmar».

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