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Nevaco Global
21 de septiembre de 2026

La nueva guerra fría tecnológica llega a la mesa de Trump y Xi

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El presidente chino Xi Jinping ofrece una ceremonia de bienvenida al presidente estadounidense Donald Trump. EP.

Jensen Huang no será el protagonista de la próxima visita de Xi Jinping a Washington, pero su presencia ayuda a entender buena parte de lo que estará en juego. El consejero delegado de Nvidia figura entre los invitados previstos para la cena de Estado que Donald Trump ofrecerá al presidente chino durante su visita del próximo 24 de septiembre. No es un detalle menor. La compañía estadounidense fabrica algunos de los chips más importantes para el desarrollo de la inteligencia artificial y se encuentra, desde hace años, en el centro de las restricciones tecnológicas que Washington aplica sobre China.

La reunión entre Trump y Xi tendrá una importante dimensión comercial, pero reducirla a una nueva ronda de la guerra arancelaria sería quedarse en la superficie. Estados Unidos y China llegan a esta cita inmersos en una competición mucho más amplia que alcanza a los semiconductores, la inteligencia artificial, las materias primas críticas, Taiwán y el equilibrio militar en Asia. Ambos Gobiernos mantienen canales de negociación abiertos y han buscado durante los últimos meses cierta estabilización de la relación, sin que hayan desaparecido las disputas estructurales que enfrentan a las dos mayores economías del mundo.

La cita de Washington se produce además después del viaje de Trump a China del pasado mayo. Entonces, ambos mandatarios acordaron reforzar los mecanismos de consulta económica y comercial y tratar de reducir algunas de las tensiones acumuladas durante los últimos años. La Casa Blanca presentó aquellos acuerdos como un paso hacia una relación basada en la “estabilidad estratégica”, aunque muchas de las cuestiones más difíciles quedaron abiertas.

Entre todas ellas, la inteligencia artificial ha ganado rápidamente peso. Washington y Pekín consideran esta tecnología determinante no solo para sus economías, sino también para su capacidad militar y su posición internacional.

Estados Unidos mantiene desde 2022 restricciones a la exportación hacia China de determinados chips avanzados y de la tecnología necesaria para fabricarlos. La Administración Trump ha flexibilizado parcialmente algunos controles y ha permitido determinadas ventas de procesadores menos avanzados de Nvidia, pero el acceso chino a los componentes estadounidenses más sofisticados continúa siendo uno de los principales puntos de fricción.

Pekín, mientras tanto, acelera el desarrollo de una industria propia capaz de reducir esa dependencia. Huawei reconoció este jueves que la demanda de sus sistemas de computación para inteligencia artificial supera actualmente su capacidad de producción y trabaja en nuevos procesadores con los que pretende competir con Nvidia.

La consecuencia es que los semiconductores han dejado de ser únicamente componentes industriales. Son ya un instrumento de política exterior. Washington intenta impedir que determinadas tecnologías estadounidenses refuercen las capacidades estratégicas de China, mientras Pekín considera esas limitaciones parte de un intento de contener su desarrollo tecnológico.

La preocupación empieza incluso a ir más allá de quién consigue fabricar el modelo más potente. Expertos estadounidenses y chinos han mantenido contactos para proponer mecanismos destinados a limitar los riesgos de la inteligencia artificial en ámbitos militares especialmente sensibles. Entre las recomendaciones figuran mantener un control humano significativo sobre determinadas decisiones, impedir que sistemas autónomos intervengan sin supervisión en procesos relacionados con armas nucleares y establecer canales directos para gestionar posibles crisis provocadas por la tecnología. Ninguno de los dos Gobiernos ha adoptado formalmente estas propuestas.

El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, también ha señalado que Washington está dispuesto a hablar con China sobre riesgos compartidos relacionados con la IA. Bessent tiene previsto reunirse este fin de semana con el viceprimer ministro chino He Lifeng antes del encuentro entre Trump y Xi.

Por encima de la tecnología permanece Taiwán. Y es probablemente el asunto capaz de convertir cualquier negociación económica en una crisis geopolítica.

Reuters informa este jueves de la inquietud existente entre responsables de Taiwán y Japón ante la posibilidad de que la Administración estadounidense modifique alguna señal política hacia Pekín dentro de una negociación más amplia. Esa preocupación no implica que Washington haya decidido cambiar su posición, pero refleja hasta qué punto los aliados estadounidenses observan cualquier movimiento alrededor de la reunión.

Estados Unidos mantiene desde hace décadas su política de “una sola China”, al tiempo que conserva relaciones no oficiales con Taiwán y suministra armamento a la isla. Pekín considera Taiwán parte de su territorio y no ha renunciado al uso de la fuerza para alcanzar la reunificación.

La sensibilidad ha aumentado después de que Trump se refiriera a las ventas estadounidenses de armas a Taiwán como un posible elemento negociador, según Reuters. La mera posibilidad de vincular estas cuestiones a conversaciones económicas preocupa a algunos aliados estadounidenses en Asia, que temen que un cambio de lenguaje pueda ser interpretado por Pekín como una modificación de la posición de Washington.

Taiwán tiene además una segunda dimensión que conecta directamente con la disputa tecnológica. La isla ocupa una posición central en la fabricación mundial de semiconductores avanzados, lo que convierte su estabilidad en una cuestión económica global además de militar.

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