Muchos países han logrado amortiguar los efectos más dolorosos de la crisis energética provocada por la guerra en Irán, pero los precios siguen elevados y los riesgos se multiplican.
La preocupación por los precios está presionando a los bancos centrales para que suban las tasas de interés, lo que encarecería el crédito y frenaría las economías.
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Pero mientras el panorama se oscurece, el margen de maniobra se reduce. Basta con ver lo que ha ocurrido en apenas unos cuantos días.
Los ataques obligaron a Arabia Saudita a cerrar un oleoducto crucial. La milicia hutí tomó una isla estratégica del mar Rojo y una ciudad portuaria, lo que podría limitar aún más el transporte marítimo en la región. Y las negociaciones propuestas entre las naciones del golfo Pérsico fracasaron. Los precios del petróleo se han disparado hasta alcanzar los 110 dólares por barril.
El alza de los precios ha causado apagones intermitentes, racionamiento y protestas encendidas desde Asia hasta Latinoamérica. En Filipinas, los pescadores atracaron sus botes porque no pueden pagar el combustible. En Bangladés, los cortes de electricidad provocaron interrupciones laborales de varias horas en las fábricas. En Guatemala, los manifestantes quemaron llantas y autos.
Hasta ahora, algunas medidas estratégicas para reducir la demanda y reforzar los suministros de crudo han ayudado a contener las alzas extremas de los precios y la escasez más grave.
“La principal razón por la que los precios del petróleo crudo y los precios de los productos no han sido más altos de lo que son es que China ha disminuido sus importaciones de petróleo crudo”, dijo David Goldwyn, exdiplomático estadounidense y funcionario del Departamento de Energía.
China, el mayor importador de petróleo del mundo, dejó de acumular reservas y comenzó a recurrir a sus propias existencias, aliviando la presión sobre el mercado petrolero mundial en un momento crítico. También redujo o suspendió sus exportaciones de productos derivados del petróleo, como el combustible para aviones, lo que hizo que necesitara menos crudo.
Al mismo tiempo, Estados Unidos, Japón y los países de toda Europa recurrieron a sus propias reservas para evitar que los precios subieran más.
Las medidas ayudaron. Incluso Asia —el destino de cerca del 80 por ciento de las exportaciones de crudo y gas natural licuado de Medio Oriente— pudo obtener suministros en gran medida.
Pero esas estrategias solo funcionan por un tiempo. Los niveles de almacenamiento entre los 38 miembros que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos han caído a sus niveles más bajos en décadas, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos.
Y en el Golfo, las rutas alternativas, como el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, actualmente no están operando.
“Vamos a lidiar con precios en el nivel de 80 a 100 dólares por barril al menos hasta 2027”, señaló Goldwyn. Los precios elevados del combustible y productos relacionados, como los fertilizantes, aumentarán aún más los costos de los alimentos y el transporte.
La alteración de las rutas marítimas para el transporte de energía en Medio Oriente se traducirá en una mayor inflación. “Lo que está pasando es que ahora tenemos niveles muy bajos de inventarios, y todavía no hay señales de que los estrechos puedan volver a abrirse”, dijo Neil Shearing, economista en jefe del grupo en Capital Economics.