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La tregua anunciada entre Estados Unidos e Irán, que abre la puerta a la reapertura del estrecho de Ormuz, tiene implicaciones directas para el mercado global de petróleo y efectos que se trasladarán gradualmente a México, donde ya se han registrado presiones en combustibles, estímulos fiscales y ajustes de precios en el diésel.
El acuerdo, iniciado el 14 de junio y formalizado este 19 de junio, establece un periodo de 60 días para alcanzar un pacto definitivo bajo condiciones que incluyen la reapertura del paso marítimo, la renuncia de Irán a desarrollar armas nucleares y la ausencia de sanciones al petróleo iraní.
El conflicto, que comenzó el 28 de febrero, provocó el cierre del Strait of Hormuz desde el 4 de marzo, una vía por la que transita hasta el 20% del petróleo crudo y del gas natural licuado del mundo. La interrupción detonó un repunte en los precios internacionales del petróleo, que llegaron a ubicarse hasta en 120 dólares por barril, con efectos inmediatos en los combustibles a nivel global.
En condiciones normales, el estrecho de Ormuz transporta entre 14,000 y 15,000 barriles diarios, lo que subraya su relevancia estratégica en el flujo energético internacional. De acuerdo con datos de Argus Media, durante el bloqueo se perdieron 12 millones de barriles diarios de oferta proveniente del Golfo Pérsico.
“El mercado logró absorber este choque mediante una combinación de excedentes previos, destrucción de demanda y liberación masiva de inventarios, con cerca de 1,700 millones de barriles retirados de reservas a nivel global entre marzo y el tercer trimestre de 2026”, expone el análisis realizado por la firma Argus Media.
Aunque la reapertura del estrecho representa una señal de estabilización, los analistas advierten que la normalización del mercado no será inmediata. Francis Osborne, jefe de análisis de petróleo de Argus, señaló que incluso con un cese definitivo de hostilidades, los flujos energéticos no regresarían de forma automática a los niveles previos.
“Los propietarios de buques, operadores y aseguradoras serán cautelosos antes de regresar a la ruta marítima, prefiriendo esperar a ver tránsitos exitosos de otros barcos durante un periodo sostenido antes de volver a comprometerse con la zona”, apunta el documento.
A ello se suma el ajuste logístico que implicará la reubicación de tonelaje marítimo y tripulaciones, así como la posibilidad de que parte del comercio energético haya migrado de forma permanente a rutas alternativas durante el conflicto. En el mercado de fletes, la cautela persiste ante la experiencia de anuncios previos de cese al fuego que no se concretaron, explicó Shell Bhattacharjee, jefe de precios de flete de Argus, citado en el informe.
En el segmento de petrolíferos, el restablecimiento del flujo por Ormuz podría traducirse en una normalización gradual del abasto energético hacia Europa, Asia y África en un horizonte de alrededor de seis semanas.
“Europa está a la espera de turbosina y diésel; Asia de crudo, nafta y gas LP; y África de diésel y gasolina. Aunque no habrá un alivio inmediato en la oferta física en Europa, ya que los buques tardan entre cuatro y seis semanas en llegar”, aseguró Benedict George, jefe de precios de productos refinados de Argus.
En el caso de México, el impacto del conflicto se reflejó con cierto desfase, pero terminó trasladándose a los precios de los combustibles importados, que representan hasta 40% del consumo nacional proveniente de Estados Unidos. Para contener las presiones inflacionarias, el gobierno activó estímulos al IEPS, reduciendo la carga fiscal en estaciones de servicio.
Aunque la gasolina regular se mantiene con un tope de 24 pesos por litro desde febrero del año pasado, el ajuste más relevante se dio en el diésel, combustible clave para el transporte de carga. El llamado “pacto voluntario” llevó el precio máximo de 28.50 pesos a 28 y posteriormente a 27 pesos por litro, tras niveles previos de 25 a 26 pesos antes del conflicto.
El repunte del crudo también tuvo un efecto positivo en las finanzas de Pemex, cuya mezcla de exportación superó los 100 dólares por barril, generando mayores ingresos tanto para la empresa como para el gobierno federal, que presupuestó el crudo en 54.9 dólares por barril.
“Pemex capitalizó este entorno, elevando sus exportaciones a aproximadamente 550,000 barriles diarios en la primera quincena de marzo, lo que representó un incremento de 22% frente al promedio de enero y febrero. Sin embargo, este beneficio tiene un límite estructural: el alza del crudo se tradujo también en mayores costos de importación de gasolinas y diésel”, explicó Sergio Meana, gerente de desarrollo de negocios para Latinoamérica de Argus Media.
Meana añadió que, en el corto plazo, el mercado energético seguirá exhibiendo volatilidad y que la normalización de precios será progresiva, no inmediata, en línea con los tiempos de recuperación del sistema global.
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