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Nevaco Global
16 de septiembre de 2026

El sector de las infraestructuras español aspira a ser clave en energía en la alianza entre Canadá y la UE

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España lleva meses negociando con las autoridades canadienses para que las empresas participen en los acuerdos que estrechan lazos entre Bruselas y Ottawa

Canadá y los países europeos comparten una narrativa política común. La arquitectura legislativa, la organización federal, un sistema de valores con el Estado del bienestar en el centro, y así un largo etcétera de herencias recibidas de la cultura francesa e inglesa. Pero si en algo difieren es en la estructura económica. Canadá es un país bendecido por las materias primas, el petróleo, las tierras raras, los minerales críticos. Estos activos, de los que Europa adolece, se han convertido en el núcleo principal de las conversaciones entre Ottawa y Bruselas, que pueden cristalizar en octubre con el nombramiento como Estado asociado del país americano.

Dentro de los diferentes acuerdos en los que se está trabajando, España ha tenido un papel significativo en las conversaciones sobre materias primas y energía, con visitas de delegados del Gobierno de Canadá a Madrid de las que EL PAÍS ha tenido constancia. Dentro de la alianza de inversiones para explotar las materias primas, el sector de infraestructuras español juega un papel fundamental, según sostienen fuentes canadienses, ya que el principal problema que tiene Canadá es que no logra transportar sus recursos por un corredor atlántico.

No existe un oleoducto que permita la salida del crudo por la costa Este hacia Europa, y muchos de los yacimientos de minerales críticas más valiosos tampoco cuentan con las conexiones adecuadas. Canadá es rico en los minerales protagonistas de la transición energética y las baterías: litio, níquel, cobalto. Históricamente se han priorizado las exportaciones por vías norte-sur, para vender al vecino estadounidense. También el país se enfrenta con problemas internos, como los vetos de los pueblos indígenas a la construcción de estas infraestructuras.

Canadá confía en que las empresas españolas, conocidas en todo el mundo por su capacidad en obra pública, logren crear las infraestructuras necesarias, que pueden incluir también puertos, para poder transportar con éxito hasta Europa estos recursos. La alianza debe incluir un compromiso de inversiones para que se hagan realidad. España ha estudiado en qué proyectos estratégicos puede colaborar el capital europeo, sin descartar las joint venture (entrar en el proyecto con una empresa local).

Las operaciones conocidas como midstream, esto es, que implican actividad intermedia como transporte, almacenamiento y refino, serán fundamentales en la alianza, con especial hincapié “en crear infraestructura conjunta de procesamiento y refino limpio”. Europa quiere reducir su dependencia de la capacidad de refinado de China. Canadá tiene las bases para equilibrar las relaciones pero falta la ejecución.

La principal experiencia española en el país no dejó, pese a todo, un buen sabor de boca. Repsol invirtió en una planta regasificadora en 2009 que fue un hito en Canadá debido a la ausencia de este tipo de infraestructuras. El objetivo era abastecer al mercado estadounidense, que poco después vivió el boom del fracking y se inundó de gas natural licuado (GNL). La española no podría reconvertir el negocio para abastecer a Europa, muy necesitada de este recurso tras la guerra de Ucrania, por la falta de conexiones y las limitaciones impuestas por los pueblos indígenas.

En este sentido, la cumbre que se celebrará los próximos 29 y 30 de octubre en Montreal “debe convertir la asociación sobre 34 materias primas críticas en un blindaje mutuo de suministro y reforzando la cooperación en minería”, señala una fuente del Gobierno de España. Para ello, se creará un mecanismo de diálogo directo entre la Comisión Europea y el Ministerio de Recursos Naturales de Canadá. El primer ministro del país norteamericano se dirigirá este jueves al Parlamento Europeo para explicar los planes de las nuevas alianzas.

Más allá de este marco de asociación, en octubre se firmará además el proyecto de Alta Visibilidad de la OTAN sobre materias primas críticas (lanzado en la cumbre de Ankara) que vincula directamente a Canadá con nueve Estados comunitarios, entre ellos España, para crear canales logísticos cerrados de adquisición, almacenamiento, transporte y gestión de minerales reciclados destinados exclusivamente a la producción e industria de defensa transatlántica.

Ya existe un Tratado de Libre Comercio entre Canadá y la UE, bajo el acrónimo CETA, que aún no ha sido ratificado por varios países europeos y que no termina de arrancar por la falta de conexiones. La prensa especializada canadiense lleva tiempo lamentando la infrautilización de las capacidades y el escaso comercio con Europa. Esas voces urgen a enviar cobalto a las refinerías de Finlandia para reducir la dependencia con la República Democrática del Congo o también abogan por la exportación de grafeno a Alemania, lo que aligeraría el vínculo del sector de la automoción con China. Canadá es una superpotencia mundial en minería, con algunas de las mayores empresas del mundo con sede social en su suelo. También son canadienses muchas de las empresas que operan en España en este terreno. especialmente en la llamada faja pirítica, que recorre la zona Oeste del país con yacimientos de cobre, zinc y plomo.

Con los acuerdos que se firmen en octubre, la primera transacción financiera directa del Banco Europeo de Inversiones (BEI) en suelo canadiense estaría muy próxima a realizarse. También es fundamental lograr la homogeneización de los criterios de sostenibilidad corporativa, por sus siglas ESG, para estandarizar la procedencia de los minerales, uno de los requisitos que fija la UE en su Ley de Minerales Críticos y que no cumplen muchos países del mundo.

Así, en el marco de asociación estratégica entre los Veintisiete y el país americano estaría el objetivo de “incorporar a Canadá en el acervo de reglas de la Unión Europea”, resume una de las fuentes del Gobierno español, y garantizar la relación preferencial entre ambos territorios para asegurar el suministro y el desarrollo proyectos conjuntos.

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