Nadia Calviño (A Coruña, 1968) tiene un apellido vinculado a la política, la burocracia y el PSOE. La que fue ministra de Economía en el Gobierno que puso en marcha Pedro Sánchez tras la moción de censura contra Mariano Rajoy es técnico comercial y economista del Estado y cuenta con una trayectoria profesional construida durante décadas entre la Administración española y Bruselas. Actualmente preside el Banco Europeo de Inversiones y esta casada con en economista Ignacio Manrique de Lara y con el que tiene cuatro hijos, entre los que sobresale su hija Alina
El apellido Calviño ya era conocido mucho antes de que Nadia llegara a los primeros puestos de la política económica europea. Su padre, José María Calviño, fue director general de RTVE cuando Felipe González presidió el Gobierno. Fue nombrado en diciembre de 1982, pocos meses después de la victoria del PSOE y permaneció al frente del ente público hasta 1986. Calviño estuvo vinculado al sector guerrista -el del bando de Alfonso Guerra en el PSOE- del socialismo de aquellos años.
Se da la curiosidad de que tanto Guerra como González, dos de las figuras fundamentales del socialismo de los años ochenta, han terminado siendo además críticos públicos con Pedro Sánchez y con algunas de las decisiones de su Gobierno, un Ejecutivo en el que estuvo Nadia Calviño
En la biografía de Calviño hay un episodio anecdótico y controvertido relacionado con el Gobierno de Felipe González. En marzo de 1986, durante el referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN, Nadia Calviño tenía 17 años y, según la reconstrucción publicada décadas después, acudió al colegio electoral acompañada por su padre, José María Calviño, y pudo depositar una papeleta porque su nombre figuraba en el censo pese a no tener edad legal para votar. El episodio quedó reflejado en el acta de la mesa. Un testigo citado por la información publicada entonces afirmó: "Ella no quería votar, pero terminó haciéndolo".
Nadia Calviño ha procurado separar su carrera de la de su padre. En una entrevista, preguntada por la posible influencia familiar, respondió: "Mis padres me han ayudado muchísimo pero no, su profesión y la mía no tienen mucho que ver".
La carrera de Calviño ha discurrido fundamentalmente por el terreno de la economía y de la alta Administración. Licenciada en Económicas y en Derecho, ingresó en 1994 en el Cuerpo Superior de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado. Durante más de una década trabajó en el Ministerio de Economía, donde ocupó diferentes puestos relacionados con el análisis macroeconómico, la política económica, el comercio exterior y la competencia.
El gran salto profesional llegó en 2006, cuando Nadia Calviño abandonó la Administración española para incorporarse a la Comisión Europea. La entonces comisaria europea de Competencia, la holandesa Neelie Kroes, la fichó después de haber conocido su trabajo en España durante la polémica operación de Gas Natural sobre Endesa.
Calviño entró en uno de los departamentos con más poder de Bruselas: Competencia. Allí fue directora general adjunta de Fusiones y Defensa de la Competencia entre 2006 y 2010. Era un área especialmente relevante porque desde Bruselas se examinan las grandes operaciones empresariales que pueden afectar a la competencia dentro del mercado único europeo.
Cuatro años después dio otro salto. En 2010 pasó a la Dirección General de Mercado Interior y Servicios, donde asumió como directora general adjunta la responsabilidad sobre regulación financiera. Le tocó trabajar en plena resaca de la crisis financiera internacional de 2008 y en la reconstrucción del marco regulatorio europeo.
Fue una etapa especialmente importante para la arquitectura económica de la Unión Europea. Bajo la dirección del comisario Michel Barnier, Calviño participó en la elaboración de buena parte de las nuevas reglas europeas para el sector financiero. Entre las cuestiones que se abordaron durante aquellos años estuvieron la regulación de las agencias de calificación, los mercados de derivados y la construcción de la unión bancaria.
El siguiente ascenso fue todavía mayor. En mayo de 2014, Calviño se convirtió en directora general de Presupuestos de la Comisión Europea. Pasó así a controlar una de las áreas más sensibles del Ejecutivo comunitario: la elaboración y gestión del presupuesto de la Unión.
Cuando llegó a ese puesto tenía bajo su responsabilidad una plantilla de alrededor de 500 personas y un presupuesto europeo de aproximadamente un billón de euros para el periodo presupuestario correspondiente. El País describía entonces su trayectoria como una de las carreras más rápidas protagonizadas por una española en las instituciones comunitarias.
En Bruselas se convirtió, además, en una figura de peso dentro de la maquinaria comunitaria. No era una política electa, sino una alta funcionaria que había ido ascendiendo dentro de la Comisión hasta ocupar una de sus direcciones generales más importantes.
Cuando en 2018 Pedro Sánchez la llamó para incorporarse a su Gobierno, Calviño llevaba doce años en la Comisión Europea y había pasado por tres de sus áreas económicas de mayor relevancia: Competencia, Servicios Financieros y Presupuestos. Su perfil resultaba especialmente atractivo para un Gobierno que necesitaba enviar un mensaje de solvencia a Bruselas. La nueva ministra conocía desde dentro los mecanismos comunitarios, a los responsables económicos de las instituciones europeas y el funcionamiento del Eurogrupo y del Ecofin.
De hecho, el día en que se conoció su nombramiento, El País resumió su posición en Bruselas destacando que era considerada una de las españolas más influyentes dentro del brazo ejecutivo de la Unión Europea. Había llegado a la capital comunitaria en 2006 y, en apenas doce años, había pasado de ser una funcionaria especializada en competencia a dirigir los presupuestos de toda la Unión. El 5 de junio de 2018 Pedro Sánchez anunció que Nadia Calviño sería su ministra de Economía.