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22 de septiembre de 2026

Cuando el petróleo sube, la economía dominicana paga la factura

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Santo Domingo.- El mercado internacional de los combustibles vuelve a colocar a la economía dominicana ante un desafío importante. Este pasado viernes 18 de septiembre, el Gobierno anunció un reajuste parcial de los principales combustibles entre RD$9.00 y RD$5.00 pesos, para la semana del 19 al 25 de septiembre, después de haber mantenido sus precios prácticamente congelados durante el período de 90 días establecido dentro del Plan Anticrisis anunciado el 13 de junio.

La nueva realidad es consecuencia de un escenario energético internacional extraordinariamente complejo. El precio del petróleo Brent se mantiene por encima de los US$100 por barril, mientras el WTI ronda los US$101-US$102, presionado por las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, las dificultades en el tránsito por el estrecho de Ormuz y problemas en la capacidad mundial de refinación.

El problema no está solamente en el precio del petróleo crudo. Los derivados, particularmente el gasoil, han experimentado incrementos mucho mayores debido a las restricciones de refinación y suministro. El Gobierno dominicano informó que el costo internacional del gasoil óptimo llegó a superar los US$220 por barril, mientras que el precio del diésel en Estados Unidos alcanzó niveles récord.

El período de congelamiento anunciado el 13 de junio llegó a su término en septiembre. Durante este tiempo, el Estado absorbió una parte importante del incremento internacional para evitar que la totalidad del choque energético llegara de inmediato a los consumidores.

Sin embargo, mantener indefinidamente los precios internos por debajo de sus costos internacionales tiene un precio fiscal. En lo que va de 2026, el Gobierno ha destinado más de RD$33,807 millones a subsidiar los combustibles, muy por encima de los poco más de RD$13,500 millones inicialmente programados.

Por eso, el reajuste anunciado hoy puede interpretarse como un punto de transición: el Estado continúa amortiguando el impacto, pero empieza a trasladar parcialmente el aumento internacional al mercado interno.

A partir del 19 de septiembre, la gasolina Premium sube RD$9, hasta RD$350.10 por galón; la gasolina regular aumenta RD$5, hasta RD$315.50; el gasoil regular sube RD$5, hasta RD$267.80; y el gasoil óptimo aumenta RD$9, hasta RD$302.10. El GLP, fundamental para los hogares y numerosos negocios, permanece en RD$135.20.

Cuando aumenta el petróleo, no solamente aumenta el costo de llenar el tanque. El combustible es un insumo transversal de la economía. El transporte de pasajeros y mercancías se encarece; aumenta el costo logístico de llevar alimentos y productos desde los centros de producción hasta los mercados; las empresas enfrentan mayores costos operativos y los hogares disponen de menos ingreso para otros gastos.

El efecto puede transmitirse posteriormente hacia los precios de bienes y servicios, generando presiones inflacionarias. La experiencia internacional muestra que el diésel tiene una incidencia particularmente importante sobre el transporte de carga y, por esa vía, sobre las cadenas de suministro.

Para una economía como la dominicana, altamente dependiente de las importaciones de combustibles, el desafío es doble: proteger el poder adquisitivo de las familias sin comprometer excesivamente las finanzas públicas.

El subsidio es una herramienta válida para amortiguar un choque externo extraordinario, pero no puede convertirse indefinidamente en la respuesta principal. Cada peso destinado a subsidiar combustibles es un peso que debe ser financiado por el Estado y que, bajo condiciones de presión fiscal, compite con otras prioridades nacionales.

La pregunta económica ya no es solamente cuánto cuesta el galón en la estación de servicio. La pregunta fundamental es cuánto puede absorber el Estado sin deteriorar sus cuentas públicas y cuánto puede trasladarse al consumidor sin afectar el costo de vida y la actividad productiva.

República Dominicana necesita, por tanto, una estrategia que combine subsidios focalizados, disciplina fiscal, eficiencia energética y políticas que reduzcan progresivamente la vulnerabilidad frente a las fluctuaciones internacionales del petróleo.

El reajuste del 18 de septiembre no debe analizarse como un hecho aislado. Es una señal de que los shocks externos pueden volver a poner a prueba la estabilidad de nuestra economía.

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