Se han dado a conocer muy pocos detalles sobre el acuerdo con Canadá anunciado por el presidente estadounidense Donald Trump, informa nuestra corresponsal en Canadá, Nafi Alibert. Los asesores del representante comercial de la Casa Blanca (USTR), Jamieson Greer, aseguraron en X que este “acuerdo” entre Washington y Ottawa preveía “acceso completo al mercado (canadiense) para todos los productos estadounidenses”, algo que Ottawa aún no ha confirmado.
Sin embargo, ya se percibe una diferencia de tono entre Washington y Ottawa: mientras que Donald Trump ya habla de un acuerdo, Mark Carney se mantiene más cauteloso y reconoce “avances sustanciales”, pero advierte que “aún queda mucho trabajo por hacer” para llegar a un acuerdo en toda regla.
El presidente estadounidense también aclara que el acuerdo aún debe concretarse: de ahí el plazo de tres días para plasmarlo por escrito.
Da una primera pista sobre lo que podría haber desbloqueado las negociaciones: en su red social Truth Social, menciona la reactivación de Keystone XL, ese inmenso proyecto de oleoducto entre Canadá y Estados Unidos, que fue abandonado durante la presidencia de su predecesor, Joe Biden. Una carta que el primer ministro canadiense ya había jugado con Donald Trump el año pasado y que, esta vez, parece haber tenido peso en las últimas horas de negociación.
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Tres días de respiro, pero la amenaza sigue cerniéndose sobre Canadá si no se concreta el acuerdo. En primer lugar, una sanción muy severa: aranceles adicionales del 50 % sobre una gama bastante sorprendente de productos, desde la madera hasta el cemento, pasando por los muebles, las bebidas o incluso el papel. Además, están en la mira cerca de 28 mil millones de dólares en exportaciones, lo que representa aproximadamente el 5 % de las ventas canadienses a Estados Unidos.
En esta ocasión, el motivo es la respuesta canadiense a los primeros aranceles adicionales estadounidenses. En otras palabras, Donald Trump quería castigar a Ottawa por sus represalias ante una ofensiva comercial que él mismo había lanzado.
El margen de maniobra de Canadá para negociar se está reduciendo. Tras 18 meses de guerra comercial, Ottawa ya ha cedido mucho ante las exigencias estadounidenses, en particular al retirar gran parte de sus contramedidas arancelarias, sin obtener hasta ahora beneficios visibles.
Aún hoy, Canadá se muestra dispuesto a ceder en varios puntos conflictivos con Estados Unidos: por ejemplo, reduciendo sus impuestos sobre los autos estadounidenses. También se ha hablado de restablecer la venta de bebidas alcohólicas estadounidenses o de facilitar el acceso de los productores lecheros estadounidenses al mercado canadiense.
Pero esta vez, Ottawa quiere algo tangible a cambio y exige una reducción de los aranceles estadounidenses que ya gravan los automóviles, el acero, el aluminio y la madera.
Tras meses de concesiones, lo que estará en juego durante estos tres días será, por lo tanto, saber si Mark Carney ha conseguido algo más que un nuevo respiro.
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© 2011 - 2026 Editora Acento SAS. Todos los derechos reservados. Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.
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