LA HABANA.- Que el precio del dólar en la calle descienda mientras que el de los alimentos suba no tiene una explicación convincente para algunos, menos cuando la gasolina importada desde los Estados Unidos y vendida en el mercado negro cada día cuesta menos. Recordemos que casi llegó a los cinco mil pesos el litro hace apenas dos meses.
Ahora mismo sigue subiendo el dinero desembolsado por los “privados” en la Isla para conseguir combustible. En mayo, las exportaciones de combustibles desde Estados Unidos a Cuba rondaron los 24 millones de dólares; en junio, sin embargo, se dispararon hasta cerca de 48 millones. En agosto probablemente aumente.
En medio del cerco a los combustibles por parte de la Casa Blanca, lo hay de sobra en el mercado negro mientras escasea el aceite de cocina en los comercios. El litro de gasolina se importa alrededor de los 1.90 y 2.10 USD, luego se vende a las mipymes al por mayor entre los 2.60 y los 2.80 USD (en dependencia de si el pago es desde el exterior o no), por compras mínimas de un tanque IBC de 940 litros, y se revende en la calle entre tres y cuatro dólares el litro. Lo que al cambio informal de la divisa seríaunos dos mil o dos mil 500 pesos. Es evidentemente más barato que el litro de aceite comestible, que por estos días supera los cinco mil pesos.
Es un escenario de locos, más con el precio del dólar bajando cuando más se le necesitaría para enfrentar el creciente ritmo de compra del combustible desde Estados Unidos, pero aún así es posible hallarle algún sentido cuando analizamos la situación a la luz de lo que ha estado sucediendo no solo con la ruptura de la cadena de suministro a las Mipymes, como consecuencia de la paralización de las navieras contratadas para acarrear las mercancías desde otros lugares que no son los Estados Unidos así como, a raíz de las últimas medidas de la administración Trump, la suspensión de las operaciones y el retiro de las empresas extranjeras que operaban en el Puerto de Mariel, encargadas de la certificación de la recepción de los contenedores. Como es el caso de la singapurense PSA, luego de quince años al frente de la Terminal de Contenedores de GAESA.
Hay toneladas de mercancías varadas en varios puertos del área, sin posibilidades de ser traídas a Cuba aún aceptando el pago del doble flete. Hay toneladas de mercancías igualmente retenidas en el Mariel a la espera de la certificación y además acumulando días de estancia (y por tanto elevando el costo de la importación). Y, por demás, hay cientos de contratos aplazados por más de un año en las importadoras aun cuando las empresas privadas han pagado los anticipos. Lo que para muchas de ellas ha representado la quiebra o el abandono del negocio, en tanto no existen garantías ni de que recibirán los productos ni de que recuperarán el dinero invertido.
Es, en resumen, de lo que se habla entre los empresarios privados por estos días, del incierto negocio que es apostarle a los alimentos, así como lo poco problemático que resulta vender gasolina en el mercado negro.
A ese escenario retorcido contribuye la estratégica ofensiva del régimen cubano contra los pocos negocios que aún persisten en apostar por la importación de alimentos (como el aceite de cocina, por ejemplo) en vez de por los combustibles desde los Estados Unidos, un negocio que probablemente lo haya estado beneficiando cuando todas las vías de importación por las empresas estatales han sido cerradas y es la excepción de los privados como un salvavidas de rescate del que desean apropiarse.
Retomar la ofensiva contra las mipymes importadoras y vendedoras de alimentos, bajo el pretexto de proteger al consumidor, pudiera ser una maniobra para, según palabras de uno de los comerciantes entrevistados, obligarlos a “trasladar las inversiones a otros productos” como los combustibles que, a diferencia del resto, no entran en el escrutinio de inspectores y auditores del gobierno.
“Por eso muchos han dejado de importar alimentos y ahora solo se dedican a la gasolina desde los Estados Unidos”, asegura el dueño de una Mipyme con el que conversamos: “si vendes alimentos te caen arriba los inspectores, te enfrentas al tope de precios y, si son perecederos, no tienes cómo refrigerarlos con tantos apagones. Con la venta de gasolina nadie se mete. Cada cual la vende como le da la gana. Por eso el que ayer compraba carne, aceite, arroz hoy prefiere comprar gasolina. No hay que refrigerarla, nadie la fiscaliza, y mientras más caótica sea la venta menos se entera uno de quiénes son los dueños (…). Es como si te obligaran a entrar en el negocio, que quieran o no es de ellos. No pueden importarlo directamente pero lo almacena, lo certifica y lo distribuye Cupet”, nos explica quien ya comienza a ver las ventajas del cambio de “negocio”.
Este mes de agosto, y en especial el día 13 (probablemente como “homenaje” al centenario de Fidel Castro), los gobiernos provinciales y municipales en la Isla —de acuerdo con publicaciones propias en las redes sociales— coincidieron en desplegar operativos de inspecciones que terminaron con la imposición de centenares de multas y el cierre de decenas de establecimientos.
Otros dueños de Mipymes con los que hemos conversado sobre el tema son igualmente de la opinión de que los presionan no solo para culparlos de una situación de inflación, precios altos y desabastecimiento de la que no son responsables sino, además, para forzarlos a abandonar el negocio de la venta de alimentos por otro más seguro de importar y vender mercancías provenientes de los Estados Unidos, las únicas que están arribando a los puertos.
De ese modo la mayoría explica que, en el escenario actual, aumenten notablemente las compras de combustible pero en mayor proporción disminuyan las de alimentos y demás mercancías en otros mercados, incluso desde los Estados Unidos. En tal sentido, la demanda de dólares estaría disminuyendo por parte de los empresarios privados que optan por cerrar, hacer una pausa en el negocios o “actualizar” el objeto de la empresa, ya sea legal o ilegalmente.
“Al gobierno lo que le importa es que les entre el combustible por cantidad”. Es la opinión del dueño de un establecimiento de venta de alimentos en La Habana que también está pensando en cerrar para dedicarse a revender combustible: “Ellos (el régimen) comen todos los días, así que priorizan lo que les hace falta. A rio revuelto… ahora te digo una cosa, si hay caos es que están metiendo la mano, y si vienen otra vez contra las mipymes es que algo se traen y con ellos nunca es bueno. Por aquí muchos vamos a cerrar porque es demasiada la presión. Prefiero coger ese dinero que se me va a ir en multas para comprar gasolina. Me quito un gran problema de arriba. Aunque solo por ahora. Mañana ya veremos. A lo mejor aprendemos a comer gasolina o terminamos dándonos candela”.
La Habana, 1973. Colaborador de Cubanet desde 2015 donde escribe análisis político y económico e investigaciones. Cubanet protege la identidad de quienes lo soliciten a partir de los riesgos que enfrentan. Su identidad real ha sido verificada por el equipo editorial de Cubanet.
Especialización: Análisis político, periodismo de investigación.