Londres es como París: siempre es una buena idea volver. Da igual que hayas estado tropecientas veces, que vayas para un día o una semana, que lleves todo planificado al milímetro o seas de improvisar (aunque cada vez esta ausencia de logística es más imposible en cualquier destino que te plantees). El viaje siempre resulta reconfortante a todos los niveles (salvo el monetario, claro).
Mi excursión era ajena completamente a las semanas de la moda, pero daba igual que mi planteamiento fuera pleno ocio (trabajando en moda, nunca lo es del todo). El ojo clínico, o el defecto de fábrica, siempre acaba llevándote a los detalles estilísticos, y en mi caso, me fue imposible no fijarme en el calzado que llevaba todo el mundo. La lógica resulta aplastante: es completamente entendible que las zapatillas Salomon estuviesen por todas partes. Su comodidad se vuelve imbatible a la hora de moverse por una ciudad que no te terminas nunca, sobre todo cuando tiene una climatología que puede ser tan cambiante. Unas botas de agua resultan demasiado asfixiantes para patear tantas horas, mientras que estas deportivas, sobre todo si están cubiertas de Gore-tex, pueden convertirse en tu mejor aliado incluso pasados por agua.
Además, el aire trekking aporta un toque cool a cualquier estilismo que las permite maridar con absolutamente cualquier cosa que nos pongamos. Aunque el negro fuese el tono más reiterado a pie de calle, da igual el color de zapatillas: piensa en unos vaqueros oscuros y una camiseta de manga larga con cazadora granate. O unos pantalones de sastre con un trench azul. Incluso ese estilo vintage tan propio de la capital casa a la perfección con cualquier modelo de las XT-6, uno de los diseños estrella de la marca.
Zapatillas negras de trail con estructura técnica y suela dentada.