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Nevaco Global
30 de agosto de 2026

El fondo ‘opaco’ de Mohamed VI: 19.000 millones en bolsa con un control transversal de la economía

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La familia real aglutina sus participaciones en un conglomerado que dejó de cotizar en 2010. Sus inversiones bursátiles son sólo una parte de la fortuna acumulada

La telaraña de inversiones de Mohamed VI es tan extensa y opaca, que ni siquiera Forbes es capaz de estimar la fortuna aproximada del rey de Marruecos. La publicación estadounidense, que elabora cientos de rankings sobre los más ricos del planeta, lleva seis años sin actualizar el monto asignado al monarca marroquí. La última vez que lo hizo fue en 2015 y calculó un patrimonio de 5.700 millones de dólares (casi 4.900 millones de euros al cambio actual).

Las ambiciones geopolíticas de Rabat, donde Ceuta y Melilla juegan un papel sustancial, no pueden entenderse sin tener presente las pretensiones financieras de Mohamed VI, quien gobierna un emporio empresarial tan extenso como desconocido. El conglomerado de empresas, sociedades financieras y vehículos de inversión permite al rey alauita ejercer un control transversal sobre la economía de Marruecos y ampliar sus tentáculos hacia otros territorios de África.

Que la familia real no es un ejemplo de transparencia lo demuestra un hecho: en 2010, el consorcio empresarial dejó de cotizar en la Bolsa de Casablanca. Ese movimiento implicaba un recorte drástico de los controles y las obligaciones de aportar información. Cuando Mohamed VI tomó esa decisión, su grupo empresarial ya acumulaba una envidiable cartera de negocios, fruto de una larga expansión que arrancó en 1966.

Aquel año nació la Société Nationale d'Investissement (SNI) por iniciativa del jefe del Estado. En las décadas posteriores, fue sumando participaciones en firmas marroquíes de carácter estratégico. Esa determinación es la que ha permitido hoy al monarca influir en todos los puntos cardinales de la economía. Desde la minería (oro, plata y otros materiales cada vez más determinantes como el cobalto o el cobre) a las telecomunicaciones y la energía, pasando por los materiales de construcción, la distribución de vehículos, los hipermercados y la promoción inmobiliaria.

La red empresarial de la familia real ha ido evolucionando y perfeccionándose con el tiempo. En 1980, ganó gran tamaño con la adquisición del grupo Omnium Nord Africain (ONA), que acabaría fusionándose completamente con SNI tres décadas después, justo antes de abandonar la Bolsa. En 2018, el holding adoptaría la estructura y el nombre actual: Al Mada.

A diferencia de lo que ocurre en otros países árabes (sobre todo del Golfo Pérsico), Al Mada no es un fondo soberano en manos del Estado, sino que tiene naturaleza privada. La mayor parte de las acciones pertenecen a la familia real marroquí. El hecho de no cotizar en bolsa impide estimar el valor del conglomerado. No obstante, la presencia en el parqué de algunas de sus participadas permite hacerse una idea del dinero que pasa por sus manos.

Una de las más significativas es el Attijariwafa Bank. Al Mada controla casi la mitad del capital del mayor banco marroquí, que está a su vez entre las mayores entidades financieras de África. Luego está Managem, lucrativa para la familia real por su buen posicionamiento en la industria de los minerales, clave para el desarrollo de otros sectores como el tecnológico. El fondo inversor es el principal accionista del grupo, con cerca del 72% de las acciones. La tercera empresa cotizada es Holcim Maroc, centrada en la construcción.

El precio aproximado de las tres participaciones de Al Mada ronda los 19.000 millones de euros. Es un valor cercano al que tiene actualmente en Bolsa una compañía como Telefónica. “Desde su creación, Al Mada ha invertido en sectores y proyectos que ejercen un efecto estructurador en las economías marroquí y africana, actuando como catalizadores del progreso económico y social”, asegura el fondo en su descripción oficial para los inversores.

La penetración de la familia real en la economía nacional es profunda. Hacen negocio con la cesta de la compra, a través de los supermercados Marjane; o cuando cualquier ciudadano contrata una hipoteca o  un seguro en Attijariwafa Bank o en Wafa Assurance. Lo mismo ocurre con los servicios energéticos o de telecomunicaciones, gracias a su presencia en las empresas Nareva y Wana Corporate.

Bajo la expansión de los negocios reales hay un aspecto controvertido. Lo recalcaba esta semana el economista Lorenzo Bernaldo de Quirós en X. "¿Quién regula las leyes económicas, los impuestos y los aranceles en Marruecos? El gobierno nombrado por el Rey. ¿Quién se beneficia si un sector corporativo recibe subvenciones o protección legal? Las empresas del Rey", recuerda el presidente de Freemarket. “El regulador y el regulado son la misma persona”, concluye.

La sombra de Mohamed está omnipresente en la hoja de ruta diseñada por Rabat para transformar la economía. Como recuerda el ICEX en su último análisis sobre Marruecos, la política económica se basa en el denominado Nuevo Modelo de Desarrollo (NMD). El monarca le dio el visto bueno en 2021 y ha ido influyendo a través de las llamadas Orientaciones Reales. Es decir los consejos que introduce en sus discursos del Trono.

El objetivo de la familia real es seguir extendiendo su influencia -y su fortuna- en ‘nuevos’ negocios, como la fabricación de baterías, los componentes del vehículo eléctrico o la industria del hidrógeno verde.

Los 19.000 millones cosechados en bolsa, por tanto, sólo una parte de la riqueza acumulada… y de la queda por acumular. A las participaciones en empresas cotizadas hay que sumar el valor del resto de sociedades. Y los activos más ostentosos: casas, coches y relojes de lujo. El listado es tan amplio y tan opaco que ni los analistas de Forbes se atreven a concretar qué lugar ocupa hoy Mohamed VI entre las grandes fortunas de África.

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