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Nevaco Global
30 de agosto de 2026

Del récord de empleo al reto de la productividad: las claves del nuevo curso

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Archivo - Fachada de una Oficina de Empleo / Alejandro Martínez Vélez - Europa Press - Archivo

España abre el nuevo curso con una economía que sigue sorprendiendo al alza, pero también con la sensación de que el ciclo entra en una fase más exigente. El país crece muy por encima de la eurozona, el empleo se mueve en máximos y el paro ha bajado del 10%. Al mismo tiempo, la inflación repunta, la vivienda absorbe una parte creciente de la renta, los fondos europeos encaran su final y el Gobierno afronta otro otoño sin haber aprobado unos nuevos Presupuestos Generales del Estado desde 2023.

La fotografía macroeconómica sigue siendo robusta. El Gobierno prevé que el PIB avance un 2,6% en 2026. Esade calcula un crecimiento de entre el 2,2% y el 2,3%, prácticamente el doble del 1,1% previsto para la zona euro, y considera que ese rango puede actuar incluso como un suelo si la actividad mantiene el pulso de la primera mitad del año.

Los datos respaldan esa resistencia. El PIB creció un 0,6% en el primer trimestre y aceleró al 0,7% entre abril y junio. La Seguridad Social superó en julio los 22,5 millones de afiliados y la encuesta de población activa (EPA) situó la tasa de paro del segundo trimestre en el 9,87%, el nivel más bajo desde 2008, pese a que la población activa alcanzó un récord de 25,27 millones de personas.

El problema es que varios motores de los últimos años empiezan a acercarse a sus límites. El turismo se encuentra en cotas difíciles de superar -muy cerca ya de los 100 millones de visitantes-, el impulso migratorio podría moderarse, el margen fiscal será más estrecho y los fondos Next Generation entran en su recta final. Esade resume el cambio de fase con una idea: la restricción al crecimiento se desplaza desde la demanda hacia la oferta.

El siguiente salto ya no puede descansar sólo en incorporar más trabajadores, elevar el consumo o recibir más turistas. España necesitará producir más y mejor: aumentar la inversión, ganar tamaño empresarial, reforzar el capital tecnológico y adaptar las cualificaciones a las necesidades de las empresas.

Los economistas consultados coinciden en ese diagnóstico. Rafael Doménech, responsable de Análisis Económico de BBVA Research, destaca la fortaleza de la demanda interna, la inmigración y los servicios, pero advierte de que la baja productividad, la escasez de vivienda y la deuda ya restringen el potencial. Por su parte, Santiago Carbó, catedrático de CUNEF Universidad, pide reforzar los motores estructurales para sostener el diferencial de crecimiento con Europa.

El primer examen político será presupuestario. España funciona en 2026 con las cuentas de 2023 prorrogadas, como ya ocurrió en 2024 y 2025. El Gobierno ha presentado el cuadro macroeconómico y el techo de gasto para 2027, pero deberá intentar llevar unas nuevas cuentas al Congreso de los Diputados en un momento especialmente delicado de la legislatura.

La distancia con algunos socios, especialmente Junts, aumenta la incertidumbre sobre la mayoría necesaria. Otra prórroga no paralizaría la economía de forma inmediata, pero ampliaría la distancia entre unas cuentas diseñadas en 2023 y las necesidades de 2027. "Los Presupuestos aportan estabilidad y facilitan el impulso de las inversiones y los proyectos estratégicos", añade Carme Poveda, directora de Análisis Económico de la Cambra de Comerç de Barcelona.

Sin nuevos Presupuestos resulta más difícil cambiar prioridades y adaptar el gasto a retos que han ganado peso, como vivienda, defensa, infraestructuras, innovación o transición energética. Además, España afronta esta discusión con una deuda pública que en junio se situó en el 101,5% del PIB, lo que obliga a compatibilizar nuevas necesidades con la reconstrucción del margen fiscal.

El final de los fondos europeos obliga a buscar relevo. Aquí Christian Chase, economista jefe del Círculo de Empresarios, añade otro elemento: la economía entra en la fase final de los fondos Next Generation EU, que han actuado como una potente palanca de inversión y cuyo impulso irá desapareciendo. El 31 de agosto expira el plazo para ejecutar las inversiones y cumplir los hitos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia. España ha entrado en la fase final del Plan de Recuperación y prepara la última solicitud de pago.

Los fondos europeos han sostenido inversión, digitalización y transición energética, pero su desaparición progresiva deja una pregunta: qué sustituirá ese impulso. El reto no es solo ejecutar los recursos pendientes, sino lograr que las inversiones realizadas eleven de forma permanente la capacidad productiva.

El fondo España Crece pretende ser parte de ese relevo. Articulado a través del ICO, su primer gran instrumento se activará en septiembre y se concentrará en vivienda asequible, con más de 12.000 millones de capacidad financiera para acompañar proyectos desde la construcción hasta su explotación en alquiler.

La vivienda es probablemente el mejor ejemplo de la distancia entre la macroeconomía y la economía cotidiana. Los precios acumulan una subida media del 46,5% en cinco años. Un hogar puede disponer de más empleo y renta que hace tres años y, aun así, sentirse más ahogado si el alquiler, la hipoteca o el ahorro necesario para comprar absorben una parte creciente de sus ingresos.

El problema, además, ya no es únicamente social. La escasez de vivienda limita la movilidad laboral, dificulta que los trabajadores se trasladen a las zonas con más empleo y reduce la capacidad para atraer talento. En una economía cuyo avance ha descansado en buena medida en el aumento de la población y de la fuerza laboral, este cuello de botella puede convertirse en una restricción directa sobre el PIB.

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