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Nevaco Global
8 de junio de 2026

Los cuatro jinetes

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08·06·26

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10:26

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Actualizado a las 10:27

Un signo de la calle Wall Street en frente de la Bolsa de Valores de Nueva York

LUCAS JACKSON

Entre las angustias de la guerra y los interrogantes de la inteligencia artificial (IA), los norteamericanos tratan de orientar sus inversiones y de entender hacia dónde se dirige el país, tanto por lo que se refiere a su lugar en el mundo, como a su futuro económico.

Esta última cuestión se enmarca ante los nuevos desafíos internacionales, con el creciente poder, tanto económico y político de China, así como el equilibrio de fuerzas en regiones tan inestables como el Próximo y Medio Oriente, donde las guerras se suceden indefinidamente.

De forma más inmediata, los ciudadanos de este país en constante transformación se concentran en las perspectivas económicas ante los cambios ya causados por la IA y especialmente los que están por venir. Este futuro genera un debate frecuente y difícil pues nos hallamos en un terreno desconocido y la población oscila entre el temor y el optimismo.

Temor ante los cambios imprevisibles para todos y que han de afectar de manera positiva o negativa los sistemas educativos, el empleo y el crecimiento económico, con el temor de que grandes sectores de la población queden fuera del mercado laboral y optimismo para unos pequeños grupos afortunados, si es que su bonanza puede extenderse a la mayoría del país.

La desorientación general genera una avalancha de supuestos “expertos” que prometen orientarnos acerca de los nuevos rumbos económicos, a cambio de elevados precios para acceder a sus elucubraciones y recomendaciones inversoras que, por el momento, no se han convertido en el manantial de riqueza que prometen.

Los vaivenes de las bolsas de valores, un terreno económico muy popular en Estados Unidos donde invierten incluso personas de medios limitados, son un buen termómetro de esta ansiedad. Quedó de manifiesto esta pasada semana, cuando las bolsas se derrumbaron el pasado viernes, tras unos meses tórridos en que los índices aumentaban constantemente.

Basta mirar cuáles son los valores que más han subido para comprender donde se esperan los mayores cambios y beneficios: empresas como Amazon, Meta, Nvidia o Microsoft han tenido subidas espectaculares a pesar de problemas como el registrado por Amazon, cuyo lanzamiento del cohete Glenn la pasada semana destruyó la nave que estalló en Cabo Cañaveral.

Estas empresas son algo así como los jinetes del Apocalipsis, aunque en este caso no porque haya caballos, sino dinero: han registrado un crecimiento espectacular, que ha llevado las acciones de cada una a valoraciones de miles de millones dólares.

Es seguro que los inversores concentrarán buena parte de sus capitales en estos sectores, aunque tampoco pasarán de moda empresas tradicionales que aquí son realmente grandes: Walmart, una versión gigantesca y popular de los grandes almacenes, ronda los mil millones de dólares y ni para de crecer ni se duerme en sus laureles, pues ha invadido el terreno de Amazon en ventas por correo que realiza con algo menos de eficiencia pero generalmente a precios más bajos.

A estas tiendas tradicionales en versión moderna se añaden las inversiones en industrias básicas como son la minería y los combustibles, donde hay proyecciones de que se renueve el interés por la energía atómica, ante las perspectivas que ofrece para evitar la contaminación que produce el carbón.

Esto es menos un problema en Estados Unidos, país de poca población y vastas extensiones, pero si lo es en China, de gran densidad (las superficies de ambos son semejantes, pero China supera los 1.500 millones de habitantes, mientras que el gigante americano ronda los 450).

Para Estados Unidos, el presidente Trump quiere aplicar políticas agresivas para desarrollar las nuevas tecnologías más próximas a la IA, así como las tradicionales en consumo y energía, de una forma agresiva y no limitada al territorio norteamericano.

Su filosofía nacionalista y exclusiva no se limita a los aranceles que ha tratado de imponer a casi todo el mundo, sino que ha acuñado la frase “De Monroe a Donroe”, que se refiere a la Doctrina Monroe enunciada por el presidente James Monroe en diciembre e 1823 de “América para los Americanos”, entendido de la forma peculiar de que “americanos” no son necesariamente todos los habitantes de las Américas, sino todos los habitantes de los Estados Unidos.

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