Este negocio ilegal supera en facturación a muchas de las mayores empresas de Colombia
Un estudio alerta que este fenómeno podría repetirse con los llamados minerales de transición, en los que Colombia tiene gran potencial.
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La tregua comercial entre EE UU y la Unión Europea vuelve a quedar en entredicho. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha elevado el tono contra Bruselas después de que la Comisión Europea impusiera una multa de 890 millones de euros a Google por vulnerar las normas comunitarias de competencia, una decisión que considera un ataque directo contra las grandes empresas tecnológicas norteamericanas.
El mandatario republicano ha respondido con una nueva amenaza arancelaria y ha anunciado la apertura de una investigación bajo la denominada Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, un instrumento que permite a la Casa Blanca imponer sanciones comerciales a aquellos países que, a juicio de Washington, desarrollen prácticas “injustificables o discriminatorias” contra Estados Unidos.
“La Unión Europea pagará un precio muy alto por esta conducta ilegal y profundamente poco ética”, escribió Trump en su red social Truth Social, donde aseguró que las sanciones europeas “serán totalmente revertidas” mediante la imposición de “un arancel sustancial” sobre productos comunitarios. La multa anunciada por Bruselas esta semana ha servido de detonante para una nueva escalada.
La Comisión Europea considera que Google incumplió el Reglamento de Mercados Digitales (DMA) al favorecer sus propios servicios en el buscador y restringir la competencia dentro de Google Play.
Trump interpreta estas decisiones como una persecución sistemática contra las grandes compañías estadounidenses. En su mensaje recordó las anteriores sanciones impuestas por Bruselas a Apple, Meta o Amazon y aseguró que Europa utiliza la regulación para “robar” a las empresas estadounidenses.
La amenaza no llega aislada. Horas antes, la Administración estadounidense anunció una nueva ronda de aranceles de entre el 10 % y el 12,5 % sobre productos procedentes de más de 60 economías, justificándolos en supuestos incumplimientos relacionados con la importación de bienes fabricados mediante trabajo forzoso.
Washington ha encontrado así una nueva base jurídica para reconstruir el entramado arancelario que había sido parcialmente frenado por los tribunales estadounidenses. La Sección 301 vuelve a convertirse en la herramienta preferida de Trump para responder a cualquier actuación comercial que considere perjudicial para los intereses norteamericanos.
Frente al discurso combativo de la Casa Blanca, la Comisión Europea ha optado por un tono mucho más prudente. El Ejecutivo comunitario considera que los nuevos aranceles estadounidenses, al menos en su configuración actual, no vulneran el acuerdo comercial firmado entre ambas partes hace un año.
Ese pacto establecía un arancel general del 15 % para la mayoría de los productos europeos exportados a Estados Unidos, mientras la Unión eliminaba buena parte de los gravámenes sobre productos industriales estadounidenses. Además, Bruselas destaca que la UE permanece entre el reducido grupo de socios comerciales cuyas nuevas tarifas no se acumulan a los gravámenes aduaneros ordinarios. La Comisión interpreta esta circunstancia como una señal de que Washington continúa respetando, al menos formalmente, los compromisos adquiridos.
Ese aparente alivio no oculta la inquietud existente en las instituciones europeas. Fuentes comunitarias admiten que la volatilidad de la política comercial estadounidense obliga a actuar con extrema cautela. La Comisión insiste en que seguirá trabajando para ampliar las exenciones arancelarias y consolidar la estabilidad del comercio transatlántico, aunque reconoce que el contexto continúa siendo extremadamente incierto. La alta representante de la Unión Europea para Política Exterior, Kaja Kallas, cuestionó abiertamente el argumento utilizado por Washington para justificar los nuevos gravámenes.
A su juicio, resulta injustificable acusar a la Unión Europea de carecer de mecanismos eficaces contra el trabajo forzoso. “No se puede decir eso de la Unión Europea”, afirmó durante una reunión internacional en Manila, recordando que la legislación laboral europea figura entre las más garantistas del mundo.
El nuevo choque se suma a una larga cadena de tensiones comerciales desde el regreso de Trump a la Casa Blanca. Tras el acuerdo alcanzado en el complejo escocés de Turnberry durante el verano de 2025, la relación entre ambas economías ha vivido bajo continuas amenazas de ruptura. Primero llegaron los anuncios de aranceles del 50 %; posteriormente, las presiones sobre el sector europeo del automóvil; después, la investigación comercial abierta contra Alemania y, más recientemente, las advertencias contra cualquier país que impulsara impuestos digitales dirigidos a las grandes plataformas tecnológicas estadounidenses. Ahora, la sanción a Google abre un nuevo frente.
La Comisión insiste en que las sanciones impuestas a Google responden exclusivamente a la aplicación de la normativa europea sobre competencia y mercados digitales, que afecta igualmente a empresas de otros países cuando incumplen la legislación comunitaria. Sin embargo, la reacción de Washington confirma que la regulación tecnológica se ha convertido en uno de los principales campos de batalla de la política comercial internacional.
Mientras Trump vuelve a blandir los aranceles como arma de negociación, la Unión Europea intenta preservar el acuerdo alcanzado hace un año sin renunciar a la aplicación de sus propias normas. El equilibrio, no obstante, se presenta cada vez más frágil en un escenario donde las decisiones regulatorias y las represalias comerciales avanzan ya por el mismo carril. @mundiario
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Un estudio alerta que este fenómeno podría repetirse con los llamados minerales de transición, en los que Colombia tiene gran potencial.
La guerra entre Estados Unidos e Irán reabre un viejo frente en uno de los lugares más vulnerables de la economía mundial: las rutas por las que circula buena parte de la energía que consumen las principales potencias. El recrudecimiento de los ataques ha colocado bajo presión simultáneamente el estrecho de Ormuz, a la salida del golfo Pérsico, y el de Bab el-Mandeb, que conecta el mar Rojo con el océano Índico. El riesgo dejó de ser una amenaza teórica después de que los hutíes de Yemen anunciaran ataques contra dos petroleros saudíes en el mar Rojo. La ofensiva amplió una guerra hasta ahora concentrada alrededor de Irán y del golfo Pérsico hacia una segunda arteria fundamental para el transporte de crudo. La respuesta de Donald Trump fue prometer nuevos castigos contra Teherán y sus aliados, mientras el Ejército estadounidense completaba su decimotercera noche consecutiva de bombardeos sobre territorio iraní. Los mercados reaccionaron de inmediato. El barril de Brent, referencia en Europa, cerró el jueves en 100,69 dólares después de subir un 7% en una sola sesión. Se trata de su precio de cierre más elevado desde mayo y supone un incremento cercano al 40% desde el comienzo de la guerra a finales de febrero. El temor no se limita a que desaparezcan barriles del mercado, sino que también incluye el aumento de los seguros, los fletes y el tiempo necesario para trasladar cada cargamento. Del golfo al mar Rojo La nueva escalada altera el mapa energético de Oriente Próximo. Durante los últimos meses, el foco había estado situado sobre Ormuz, por donde salían las exportaciones de Arabia Saudí, Irak, Kuwait, Catar, Emiratos Árabes Unidos e Irán. Las restricciones a la navegación obligaron a algunos productores a reducir su actividad y a buscar vías alternativas para colocar su petróleo en los mercados internacionales. Arabia Saudí consiguió amortiguar parte del golpe utilizando su oleoducto Este-Oeste, que transporta crudo desde los campos próximos al golfo Pérsico hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. La infraestructura tiene una capacidad cercana a los siete millones de barriles diarios, aunque solo alrededor de cinco millones estarían disponibles para exportaciones. Emiratos cuenta, por su parte, con una conducción hacia Fuyaira, situada fuera de Ormuz. Son las principales alternativas terrestres de la región, pero no pueden sustituir todo el volumen que normalmente navega por el estrecho. El problema es que el crudo enviado a Yanbu todavía necesita atravesar Bab el-Mandeb para llegar por la ruta más corta a los grandes compradores asiáticos. Los ataques hutíes amenazan ahora precisamente esa salida. La vía utilizada para esquivar el bloqueo iraní puede convertirse así en el segundo punto de estrangulamiento del conflicto. Los hutíes aseguran haber atacado con misiles y drones los petroleros saudíes Encelia y Layla. Al menos uno de ellos emitió una señal de socorro cerca del puerto de Jizán después de sufrir un incendio en la proa. Aunque no todos los detalles han podido confirmarse de forma independiente y el tráfico marítimo no se ha...