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Nevaco Global
10 de octubre de 2026

Las granjas de ovejas buscan trabajadores: "En los pueblos hay casoplones por muy poco dinero"

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España cada vez tiene menos ovejas, entre un 5% y un 10% menos cada año. Y el problema no es que criar ganado ovino ya no sea rentable. El auténtico problema es que cada vez hay menos personas dispuestas a hacerlo. "Estamos perdiendo ovejas porque estamos perdiendo mano de obra", explica a Libre Mercado Raúl Muñiz, presidente de Interovic.

"Las explotaciones que quieren crecer no encuentran mano de obra suficiente para atender las necesidades de este tipo de ganadería", señala Muñiz. Y no es una cuestión de rentabilidad, porque con los precios actuales del cordero, una granja bien dimensionada puede ofrecer una rentabilidad razonable. El problema es que "los jóvenes no quieren trabajar en el campo", pese a que vivir en un pueblo es más barato que la ciudad y no hay problema de vivienda.

"Tú vas a cualquier zona rural y hay un montón de viviendas, casas, casoplones, medio palacios, que se venden por muy poco dinero y donde podrían vivir familias enteras mucho más dignamente que en muchas capitales", señala Muñiz.

Obviamente, el trabajo tiene sus exigencias particulares: "La oveja es un animal bastante dependiente. Hay que cuidarla por las mañanas y por las tardes. Todos los días". Y buena parte de los rebaños se encuentra precisamente en las zonas más áridas, montañosas y alejadas de España, allí donde hay menos población. Y tras un día duro de trabajo, en casa espera la burocracia, otro de los grandes problemas de la ganadería, en opinión de Muñiz.

Inspecciones, controles, trazabilidad, documentación y nuevas obligaciones se acumulan sobre las explotaciones. Muñiz no cuestiona la necesidad de controlar la actividad. Los ganaderos, dice, son los primeros interesados en cumplir con la trazabilidad y los requisitos sanitarios. Lo que rechaza es el volumen de obligaciones que se ha terminado acumulando.

"Tenemos una legislación muy restrictiva en cuanto a producción y una enorme carga de inspecciones y burocracia. Cualquier explotación ganadera puede sufrir hoy en día 15 o 20 inspecciones anuales".

El resultado es que las explotaciones pequeñas dejan de ser viables y el sector se está viendo obligado a crecer, profesionalizarse y dimensionar las explotaciones. Y con respecto a las supuestas intenciones expresadas por la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, para reducir la carga burocrática, Muñiz no se fía: "Es puro maquillaje. La maquinaria de la Unión Europea es muy pesada".

Muñiz también carga contra unas normas europeas alejadas de la realidad del campo. "Se nos escucha igual a nosotros que a los grupos animalistas", lamenta, mientras advierte de que nuevas exigencias sobre bienestar y transporte pueden añadir más presión sobre un sector ya muy regulado.

El consumo nacional de cordero cae debido en buena parte a la pérdida de poder adquisitivo de las familias. "El descenso se nota más en los hogares. En restauración no hemos bajado tanto, aunque también se ha producido un descenso", puntualiza Muñiz. La respuesta del sector ha sido mirar al exterior.

"Si no hubiera sido por las exportaciones, el sector estaría muerto ya". El problema es que Europa tampoco es un mercado sencillo. "El cordero británico está ganando terreno y ha desplazado al producto español en algunos mercados europeos, especialmente durante los meses de verano".

Por eso el sector mira cada vez más hacia el norte de África. Argelia aparece como uno de los grandes mercados de futuro, con una población joven, un consumo elevado de cordero y un creciente poder adquisitivo. Además, estos países demandan carne fresca, un terreno en el que España tiene una ventaja logística por su proximidad y capacidad de producción.

Marruecos es la cara contraria. Era uno de los grandes compradores de corderos vivos españoles, especialmente con motivo de la Fiesta del Cordero, pero lleva dos años con el mercado prácticamente cerrado. Rabat ha apostado además por proteger a su propio sector con aranceles de hasta el 200% al cordero español.

Y, pese a todo, Muñiz ve un futuro interesante para el ovino. "Si conseguimos aumentar la producción, podríamos tener un buen precio para el ganadero y, al mismo tiempo, un precio interesante para la industria".

La oportunidad está, sobre todo, fuera de Europa. "Hay una población musulmana que crece, mucha gente joven que consume cordero y que está aumentando su poder adquisitivo", señala Muñiz. La cuestión es si sabremos aprovecharlo. "En Europa estamos pensando todavía en los tapones de rosca que se quedan en las botellas, mientras el resto del mundo va a otras velocidades".

Muñiz cree que el sector está preparado para crecer, pero necesita herramientas para hacerlo. «Si nosotros no somos capaces de producir para atender esa demanda, lo harán otros», advierte.

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