La OMC alerta que frenar el comercio multilateral reduciría el PIB mundial un 7% y las exportaciones un 27%
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El brote regulador de los zares de la IA ya golpea los mercados. Estados Unidos vs. China: el dilema del prisionero. ¿Maquiavelo 2.0? Milei, avatar de Trump.
Dos potencias se saludan -y se miden- (imagen generada con inteligencia artificial).
En medio de advertencias apocalípticas de sus propios responsables, el desarrollo de la inteligencia artificial se ha convertido en el último tiempo, pero con especial potencia con especial potencia desde el fin de semana, en un campo de batalla de intereses corporativos y geopolíticos del más grueso calibre. Argentina no puede ser y no será ajena a esa disputa.
El peligro inminente de que esos proyectos se salgan de control –tanto en lo tecnológico como en lo financiero– llevó a las grandes corporaciones norteamericanas del sector a abogar públicamente por alguna forma de regulación, pero Estados Unidos y China se desconfían, no muestran indicios de negociar y animan una recreación dramática –¿también acaso trágica?– del dilema del prisionero.
Según este, la cooperación entre los jugadores da lugar al mejor resultado posible para ambos, pero una inevitable desconfianza mutua los lleva a actuar en base a un cálculo meramente individual y los termina arrojando a un desenlace negativo.
Ya sea que compañías como Anthropic, OpenIA, SpaceXIA y Google, entre otras, realmente evalúen que sus modelos comienzan a comportarse de manera distópica o que salgan a pedir una regulación internacional por su dificultad de seguirles el paso a sus competidoras chinas, poner dinero en el ecosistema que las rodea no parece la mejor idea.
Así, las alertas mencionadas tuvieron este este lunes un eco financiero fuerte, con caídas de entre 3 y 8% en Wall Street de las acciones de empresas proveedoras de semiconductores.
Si a eso se le suman los efectos de la guerra con Irán –fundamentalmente el bloqueo de los estrechos de Ormuz y Bab el Mandeb, la escalada del precio del petróleo y un posible cuello de botella para las exportaciones sauditas–, el incremento de las tasas de interés en Estados Unidos –el rendimiento de los Bonos del Tesoro a diez años tocó un máximo de 5%, sin precedentes desde octubre de 2023–, la consiguiente destrucción de riqueza en el mercado accionario y el riesgo de que la tan mentada "burbuja tecnológica" finalmente reviente, cabe la posibilidad de que se esté gestando una tormenta perfecta.
El capítulo más reciente de la crisis de las IA comenzó a gestarse el último jueves, cuando Jacob Coxon, ahora exentrenador de IA de Anthropic, anunció su renuncia en medio de advertencias nada menos que sobre el peligro de una extinción de la humanidad.
Continuó el sábado, cuando el ceo de esa misma compañía, Dario Amodei, pidió en un manifiesto "regular el avance de la frontera" tecnológica con evaluaciones externas que aseguren que los proyectos no pierdan todo alineamiento con los objetivos humanos generaron una bola de nieve.
Respaldaron su llamado nada menos que Sam Altman –OpenIA–, Elon Musk –SpaceXIA– y Demis Hassabis –jefe de IA de Google–. El consenso apunta a formas de autorregulación del sector que eviten lo que Altman definió como "un mundo con demasiada concentración de poder", ya sea en manos de compañías o de gobiernos, o como el horror de "un resultado extremadamente distópico".
¿El temor? La llamada autorrecursividad, la capacidad de un sistema de súper-IA de reescribir, evolucionar o entrenar su propio código de forma autónoma, sin intervención humana, escalando a velocidades cada vez mayores.
Eso, dijo Amodei, podría llevar a que "un enjambre de inteligencias artificiales se vuelva capaz de apoderarse de toda Internet" en un plazo de seis a 12 meses, mucho más cercano que el calculado hasta ahora.
Ya no parece haber gran distancia con el peligro de hackeo a empresas –cosa que ya ocurrió varias veces en el contexto de pruebas de seguridad fallidas, muy sonadas–, a infraestructura sensible, a sistemas de defensa –incluso misilísticos o nucleares–, a entidades financieras o a organismos estatales varios.
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