El proyecto de supermercados públicos del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, remite a un modelo que Estados Unidos conoce desde hace décadas: los economatos militares gestionados por la Defense Commissary Agency (DeCA), como el que funciona en la base naval de Rota (Cádiz), donde el personal militar estadounidense y sus familias pueden comprar productos de alimentación a precios más bajos.
En España, los economatos también tuvieron su momento y fueron desapareciendo con el tiempo. Pero la fórmula no se ha difuminado del todo. En Canarias han surgido modelos mucho más pequeños y específicos, pensados para resolver necesidades concretas. Uno de ellos es el economato especializado para familias con enfermedades raras y metabólicas que impulsa el Cabildo de Gran Canaria junto a ‘Kilómetros por Sonrisa’. La institución subvenciona la logística y la importación de alimentos especiales que estas familias necesitan y que resultan significativamente caros y difíciles de conseguir en las islas. Los productos se ponen a la venta para que las familias puedan acceder a ellos reduciendo el sobrecoste que supone traerlos al Archipiélago.
También existe el economato de La Milagrosa, en Tenerife, vinculado a la atención social de personas sin hogar y utilizado como herramienta de apoyo e inserción.
Pero hay otras maneras de intentar acortar la distancia entre el campo y la mesa. En Icod de los Vinos, los hermanos Alberto e Inocencio Ruiz llevan las riendas de Finca Lomo Blanco, una explotación familiar que su padre puso en marcha en 1997. La experiencia de la generación anterior con los intermediarios les llevó a tomar una decisión: no vender sus quesos a supermercados ni dejar que otros fijaran el precio de su producto. Han construido su propio circuito. Con una furgoneta refrigerada recorren Tenerife y llegan cada semana a unos 500 clientes particulares. Tocan el timbre, entregan el queso y explican al consumidor de dónde viene lo que está comprando.
En Balos, Vecindario, Los Migueles es una frutería-verdulería de referencia para quienes buscan producto fresco y una buena relación calidad-precio. El negocio combina la venta en el establecimiento con el reparto a domicilio y se abastece tanto de agricultores locales como del mercado de abastos, donde también intervienen intermediarios.
La afluencia de clientes se incrementa especialmente los días de cobro de nóminas o pensiones. Miguel Melián destaca que el pequeño comercio sigue atrayendo clientes gracias a la variedad de productos, los precios competitivos y una atención directa y cercana que, a veces, les genera colas.