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Nevaco Global
4 de octubre de 2026

Los materiales estratégicos: por qué Europa juega su autonomía en las fábricas

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Repsol proyecta una planta de UHMWPE en Puertollano y Aimplas traslada sensores médicos a aplicaciones de defensa. La jornada InnovaPlásticos advierte de que sin capacidad productiva propia no hay autonomía real.

La autonomía estratégica de Europa en materiales estratégicos no se decide en los despachos de Bruselas, sino en las fábricas que aún siguen en pie. Esa idea recorrió de arriba abajo la jornada InnovaPlásticos, organizada por Plastics Europe y Suschem-España bajo un título que no dejaba lugar a dudas: materiales estratégicos para la seguridad y la defensa de Europa.

Para un sector acostumbrado a medirlo todo en coste, disponibilidad de materia prima y eficiencia, el punto de partida resulta incómodo. La seguridad del suministro ha dejado de ser un asunto de almacén para convertirse en una cuestión de Estado.

El coronel Francisco Márquez de la Rubia, analista principal del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), organismo dependiente del CESEDEN, situó el debate en un contexto geopolítico marcado por la competencia creciente por los recursos, la tecnología y las capacidades industriales. Su tesis es sencilla de formular y difícil de ejecutar: España solo defiende bien sus intereses si entiende el tablero completo.

Fue él quien puso el acento en la mirada de conjunto. ‘Lo que interesa, donde se juega España, sus intereses estratégicos, es ser capaces de entender en su conjunto qué está pasando y cómo nos afecta en cada una de las facetas en las cuales los plásticos están implicados’, señaló durante su intervención.

La pandemia ya había dejado la lección sobre la mesa. Las cadenas de suministro excesivamente dependientes del exterior se rompieron, y con ellas se esfumó la ilusión de que el proveedor más barato iba a estar siempre disponible. Desde entonces, la pregunta relevante dejó de ser cuánto cuesta y pasó a ser qué ocurre si desaparece.

Esa es la razón por la que la seguridad de los materiales adquiere otra dimensión. No basta con tener acceso a una materia prima crítica: hacen falta el conocimiento tecnológico, la capacidad de transformación y una base industrial capaz de reaccionar cuando cambian las reglas del mercado global.

No se trata de tener el material, sino de poder fabricarlo cuando el proveedor deja de responder y el precio deja de importar.

Raquel Hernández, ingeniera sénior de Repsol, bajó ese debate a un caso concreto: el polietileno de ultra alto peso molecular, conocido como UHMWPE. Sus cadenas moleculares, largas y entrelazadas, le dan una combinación poco habitual de resistencia al desgaste, resistencia al impacto, bajo coeficiente de fricción y ligereza.

De ahí sus aplicaciones cruzadas: implantes de rodilla y fibras de sutura en medicina, componentes de baterías en energía, y chalecos balísticos o cascos en defensa. En estos últimos, la reducción de peso puede alcanzar el 30-40%, un dato que cambia por completo la ecuación. ‘Ahí no entras en discusión tanto de precios, sino de prestaciones’, explicó Hernández.

Por eso Repsol ha planteado una nueva planta en Puertollano. El objetivo declarado no es solo incrementar capacidad, sino diversificar el suministro y reducir la dependencia geográfica de los clientes europeos. Una inversión industrial que, vista con perspectiva, es también una pieza de política de seguridad.

Hernández introdujo además un matiz que conviene no perder de vista. No todo material avanzado es un material estratégico. Para serlo tiene que coincidir su importancia para aplicaciones esenciales, la dificultad de sustituirlo, la concentración de su suministro y su valor tecnológico. ‘Los materiales avanzados no todos tienen por qué considerarse materiales estratégicos’, advirtió.

En el terreno de la innovación, Joaquín Castán, investigador sénior de Aimplas, mostró cómo tecnologías nacidas para un mercado civil encuentran acomodo en la seguridad y la defensa. Los proyectos Kinesensor y Sensopie, pensados para la salud, permiten integrar sensores en sustratos plásticos capaces de medir movimiento, presión o fatiga. El salto al doble uso es casi directo.

Castán lo resumió con una idea que vale para toda la industria: el valor del doble uso no está en el desarrollo original, sino en la capacidad de reaprovechar el conocimiento ya generado. Eso sí, para que la tecnología tenga impacto real, hace falta fabricarla a tiempo. ‘Las producciones tienen que ser rápidas, tienen que ser ágiles y tienen que ser industrializables a corto plazo’, subrayó.

Conviene detenerse en lo que está cambiando de fondo. Durante décadas, la lógica fue impecable: si un proveedor internacional fabricaba un material a mejor precio, comprarlo era la decisión racional. Esa lógica presupone un mundo estable, y el mundo ha dejado de serlo. Cuando el suministro se interrumpe, el coste deja de ser el criterio y aparece otro, más duro: la continuidad.

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