Entrevista | Carlos Buxadé Carbó Catedrático Emérito de Producción Animal
El mundo agrario recibe con gran recelo acuerdos comerciales que, aseguran, en muchos casos pueden dar la puntilla.
Es una forma de ver las cosas que no corresponden a la realidad. Hay que tener en cuenta dos cosas muy importantes. Una es la política arancelaria de Estados Unidos, que ha cambiado totalmente el comercio mundial y habrá muchas más cosas en el futuro. La guerra arancelaria desatada por Trump para nosotros es algo tremendo. Por otro lado está el incremento del potencial chino de tal forma que la Unión Europea se ha visto pinzada y no tiene más remedio que abrir. ¿Cómo abre?, pues firmando convenios que, entre otras cosas, garanticen el suministro de materias primas y sobre todo una continuidad y una tranquilidad. Hay que tener en cuenta que en nuestro caso el comercio con Estados Unidos ya ha bajado el 25%. Que tenemos unos aranceles, y aunque nos hemos defendido y acordado una serie de medidas para intentar bloquearles, esto es totalmente distinto a lo que era. Ni la Unión Europea ni el mundo son lo que eran. Y todo esto nos lleva a estos acuerdos.
Muy lesivos para el sector agrario, denuncian las organizaciones.
En primer lugar hay que tener en primer lugar en cuenta que la ganadería y la agricultura en la Unión Europea representa el 1,3% del valor de la Unión. Evidentemente, en los acuerdos la importancia cuantitativa, que no cualitativa, del medio rural es poquita. Y aun así se han tenido muy en cuenta y se han defendido. Cuando se habla de Mercosur, vean que son cantidades muy pequeñas lo que hemos acordado, además con cláusulas salvaguardia. En definitiva, no hay que asustarse ni preocuparse. Los acuerdos son muy buenos para la Unión Europea, sobre todo en el término técnico, industrial y de servicios. Y esto va a facilitar el desenvolvimiento y el crecimiento de la Unión.
El sector agroalimentario denuncia que no juega en la misma liga a la hora de producir y que el sistema es laxo en el control de los alimentos que vienen de fuera.
No nos confundamos. No es así. Tenemos un modelo europeo de producción que es el más avanzado del mundo, pero a su vez ponemos una serie de condiciones. Otra historia es la necesidad de controlar lo que entra. Hemos tenido ya dos sorpresas y dos disgustos de Brasil. Uno ha sido la entrada de vacuno con estradiol y otro el de carne de ave. Está determinado que en septiembre se anule la posibilidad de que Brasil siga exportando a la Unión Europea. Es decir, cuidado que esto no es tan sencillo. Además, la Unión Europea ya ha incrementado los controles en frontera y los va a incrementar más. Y además va a ir a controlar en origen. O sea que la regla es: ustedes tienen que traernos productos a Europa en las mismas condiciones que nosotros producimos en cuanto al producto, no al modelo. Es decir, si yo en mi producto prohibo esto y esto y esto, lo que ustedes importan tiene que estar sin esto, esto y esto. Eso lo tenemos claro. Habrá que hacer más controles y ser más rigurosos, sin duda ninguna. Y además tenemos unas cláusulas de salvaguardia que en el caso de que veamos que se altera algo, las podemos aplicar en el ámbito nuestro. Porque somos el 1,3% y eso no es tan importante macroeconómicamente hablando.
Hay desconfianza con el cumplimiento de las cláusulas de salvaguarda porque, argumentan agricultores y ganaderos, no han visto que se cumplan en otros casos como el acuerdo con Marruecos.
Lo que hay que hacer es aplicar correctamente lo que se acuerda. Pero desgraciadamente el modelo autonómico que tenemos es un desbarajuste notable. Y la falta de liderazgo del Estado es otro ejemplo a no seguir. Todo esto al final nos lleva a una situación compleja de no cumplimiento de lo que se ha acordado. Mi visión personal es que, evidentemente, hay intereses que no permiten aplicar correctamente las cláusulas.
¿Cuál es la finalidad que se persigue que al final, desde mi punto de vista, a nivel del gobierno? Tener alimentos baratos para que todo el mundo esté calmado. Esto está por encima del interés del sector y ese es el problema. Claro, estamos en una política de inflación tremenda. Ha subido el precio de los alimentos desde el año 2002 hasta ahora el cien por cien. Hay un porcentaje importante de personas con problemas para llegar al final de mes. Pues encima todavía hay que aplicar una política de alimentos baratos. ¿Por qué? Porque no hay una política razonable. No hay una política anti inflación ni de producción. Estamos en un desgobierno notable en estos momentos.
¿Aquí o en Europa?, al fin y al cabo, estas medidas las aprueba la Unión Europea.
Nosotros aplicamos la norma europea a nuestra forma, que no es lo mismo. Y tenemos montones de multas de Bruselas, dicho sea de paso. Al es el propio Estado el que tiene que velar por sus productores.
¿No es mejor apostar por una agricultura y ganadería soberana, que produzcamos nosotros más y no depender tanto de fuera?
Pero no queremos producir, ese es el problema. Las normas son tan estrictas que la gente no quiere producir en la Unión Europea. Nosotros mismos estamos produciendo en Brasil porque es más fácil que en la Unión Europea. Es que lo hemos complicado enormemente, burocráticamente, técnicamente. Y claro, llega un momento en que ya no da de sí. Por ejemplo, ¿qué es lo que está pasando ahora con la leche? ¿Cómo ha bajado el precio de la leche con la complicación que es producirla? Entonces, o aplicamos de verdad una cadena de valor que permita al ganadero y al agricultor rentabilizar su actividad de una forma digna o va a seguir cayendo la producción.
Pero hay una Ley de cadena alimentaria que debería de garantizar un equilibrio.