Personajes influyentes de países importantes pasaron casi al mismo tiempo por la Argentina. Todo ocurrió entre fines de agosto y principios de este mes. Una misión de Estados Unidos estuvo liderada por Jeffrey Goettman, uno de los principales funcionarios de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés), entidad gravitante para todo el planeta porque define la política comercial de la mayor economía del mundo y negocia las condiciones de acceso a su mercado.
Goettman trajo desde Washington un planteo interesante que conversó con Pablo Lavigne (Economía), Alejandro Cacace (Desregulación) y Fernando Brun (Cancillería). Considera que, tras las definiciones de la Corte Suprema de su país con respecto a la cuestión arancelaria, ahora es momento de ver si la Argentina está cumpliendo con su parte del acuerdo comercial firmado con el gobierno de Donald Trump.
Detrás de esas conversaciones hay oportunidades para una economía que necesita inversiones y nuevos negocios. Pero también una dificultad para Javier Milei: los resultados requieren un tiempo que el calendario electoral no asegura.
Los funcionarios argentinos habían hecho su parte de la tarea. Le mostraron que hubo avances en la adhesión al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT) y en propiedad intelectual. También le anticiparon que Milei enviará otras iniciativas para avanzar en acuerdos de interés para EE.UU. relacionados con cosas tan variadas como los microorganismos, las marcas, los diseños industriales y los satélites.
Los deseos de Washington tuvieron otra parada importante esta semana. La Oficina Comercial norteamericana busca que el país apruebe una nueva ley de semillas, trabada por diferencias entre las semilleras y las entidades que representan al campo.
Esta semana hubo un encuentro entre ellas. La Casa Rosada es optimista con respecto a que lleguen rápido a un acuerdo por el pago de regalías y la cantidad de hectáreas exceptuadas que sea la base de una nueva ley.
El interés por cumplir con Trump es en gran medida económico. Por ejemplo, el Gobierno sostiene que Brasil produce 30% más soja por hectárea que la Argentina. Eso se traslada a otros cultivos que rinden menos acá que del otro lado de la frontera. Le echan la culpa a la calidad de las semillas antes que a la tierra.
La menor productividad, puesta en un ejercicio en una planilla de cálculo, le quita por año a la Argentina US$6000 millones en exportaciones. Conclusiones similares se podrían sacar en otras áreas.
Hay más promesas en el puente con la Casa Blanca. Los funcionarios de Estados Unidos expresaron con claridad su intención de favorecer las inversiones de sus empresas en yacimientos de tierras raras en la Argentina, entre otras cosas, para obturar el ingreso de China a esa actividad.
Las tierras raras son un grupo de 17 elementos químicos utilizados en tecnologías como las de los autos eléctricos, las turbinas eólicas y equipos militares. El país tiene potencial geológico para producirlas.
Algunos empresarios ven en ese negocio un potencial extraordinario. Uno de ellos es José Luis Manzano, que está entre los más dinámicos comprando activos en la gestión de Milei (junto a sus socios en Edenor se quedó con el control de Metrogas y, de la mano de la suiza Mercuria, participa del negocio de combustibles que era de Shell).
El exministro de Carlos Menem contrató a Alexander Strategy Group, una consultora privada de Washington especializada en asesoramiento político, inteligencia, comunicación estratégica y lobby para llevar sus inquietudes al centro del poder norteamericano. Su gestor fue Eric Bovim. Tocó las puertas del Consejo Económico de la Casa Blanca y la Oficina de Presupuesto. La empresa cobró US$40.000, una suma menor en comparación con el potencial de la actividad, para desplegar las inquietudes de Manzano sobre minerales críticos.
Goettman casi coincidió en Buenos Aires con Rajesh Agrawal, secretario de Comercio de India. Este habló con distintos funcionarios, pero repartió un mensaje central: pide que la Argentina eleve de categoría a su país para facilitar el ingreso de medicamentos.
La India es uno de los mayores productores farmacéuticos del planeta y exporta a un precio conveniente, según la mirada oficial. Desde su llegada al Gobierno, el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, puso entre sus prioridades facilitar esa clase de operaciones.
Alfredo Cornejo, gobernador de Mendoza, le cumplió sus deseos trayendo medicamentos de la India. Pero el tema no avanzó más por una parte de la normativa argentina. Desregulación mira hacia el Ministerio de Salud (Mario Lugones) por ese tema, que podría bajar el nivel de precios de productos muy cercanos a las necesidades de los argentinos.