México: entre Trump y Rocha Moya
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La Argentina tiene por delante una oportunidad inédita de crecimiento basado en energía, minería, agro y servicios como la economía del conocimiento. Con un nivel de actividad que acumuló una suba del 1,9% en el primer semestre en comparación con el mismo período de 2025 según el estimador mensual del Indec, no exenta del “efecto serrucho” de alzas y bajas mensuales, el desafío principal hoy es que las actividades más dinámicas puedan generar encadenamientos, inversión, empleo formal y productividad en el resto del entramado productivo.
LA NACION consultó sobre el tema a cinco economistas, quienes analizaron los posibles instrumentos que podrían aplicarse en el esquema actual para lograr una expansión más balanceada de la economía. Los especialistas coincidieron en no hablar de “ganadores y perdedores” y advirtieron que, dentro de un mismo sector, siempre pueden estar quienes crecen y quienes no.
Energía, minería, agro, bioeconomía y algunos servicios basados en conocimiento son las actividades que vienen generando más inversiones, exportaciones y dólares. El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y también el Súper RIGI buscan acelerar ese proceso. Vaca Muerta se convirtió en uno de los motores que ya está modificando la estructura productiva y exportadora del país. La minería, con el litio y el cobre, abre otra oportunidad a la misma altura. El agro mantiene su capacidad de generar divisas y de incorporar tecnología.
Más allá del empuje de estos sectores, mes a mes crece la expectativa de cuándo recuperarán su ritmo la industria, la construcción y el comercio, por el peso que tienen en la generación de empleo y en los ingresos de la población.
Sin discutir los logros de los últimos años, como el equilibrio fiscal, los economistas consultados señalaron que hay posibilidades de avanzar con acciones que podrían mejorar las perspectivas de algunas actividades.
“Siempre hay desequilibrios y hay que tratar de minimizarlos. A largo plazo se trata de aprovechar todas las potencialidades para crear valor y tener más desarrollos”, plantea Bernardo Kosacoff, quien describe “tres Argentinas”: una moderna que “siempre tuvimos y que ahora es excepcional por potencial y por geopolítica”; una del sector intermedio orientado al mercado interno con capacidades valiosas pero con rezagos tecnológicos; y un sector informal de baja productividad que crece y profundiza la fragmentación social.
Para el economista, la clave está en “construir una estrategia que combine recursos naturales con capacidades industriales”. Respecto de los incentivos para los sectores que de por sí atraen a inversores, advierte que “existen porque en el pasado estaban esos potenciales y no se aprovecharon. La cuestión es ¿por qué no se hace para las otras Argentinas? Hay que valorar eso, pero no alcanza porque es apenas 20%”.
Ricardo Delgado, presidente de Analytica Consultora, utiliza otra imagen para definir el mismo problema: “El país necesita de crecimiento difundido y hoy estamos en la caja negra de los promedios, que es un estadístico bastante engañoso. Hay una enorme dispersión de realidades, con lo que el promedio no dice mucho”.
El exfuncionario durante el gobierno de Mauricio Macri explica que, además, existe una paradoja que hace todavía más importante la discusión sobre la difusión del crecimiento: “Los sectores más castigados son los que aportan la mitad de la recaudación. Hay que tener más actividad generalizada para que mejoren los ingresos del Estado”.
Los números del Indec transparentan una economía que se mueve a diferentes velocidades, aunque esa brecha no constituye por sí misma una anomalía. En el primer trimestre de este año, el PBI creció 2,3% interanual impulsado principalmente por minería, energía y agro. La industria y el comercio mostraron contracciones, mientras que la construcción marcó una leve mejora.
En la lectura de Martín Rapetti, director de la consultora Equilibra, hay un conjunto de sectores que están creciendo “un poco desenganchados del resto“ desde la asunción de Javier Milei, por los casos de la energía, el agro y la minería. Describe que, luego de la caída inicial del PBI, se produjo un ”rebote bastante veloz a partir del segundo semestre del 2024 hasta el primero del 2025. Ahora el grueso está estancado mientras que siguen arriba los que vienen aumentando a tasas de dos dígitos anuales”.
Para Rapetti, “no está habiendo crecimiento desparejo sino que algunos crecen de manera casi aislada”.
Jorge Vasconcelos, investigador jefe del Ieral de la Fundación Mediterránea, apunta que las diferencias, en un contexto de cambios estructurales, son incluso entre empresas y no solo entre sectores. “Hay sectores rezagados que bajo otras condiciones podrían no estarlo: infraestructura, logística, capacitación, créditos -enumera-. Por ejemplo, no se puede decir que a la construcción le vaya mal porque se abrió la economía, porque eso no la canibaliza. Le va mal por lo que falta”.
El economista del Ieral elige una frase del alemán Albert Hirschman -“el desarrollo es el arte de atraer y organizar para los propósitos del desarrollo recursos y habilidades que se encuentran dispersos, ocultos o mal utilizados”- para enfatizar que el crecimiento “no puede ser balanceado porque depende de la rentabilidad que se espera obtener”. Menciona que las oportunidades cambian y, muchas veces, aparecen fuera de cualquier planificación pero que, de todas maneras, el Estado debería generar algunas condiciones -por ejemplo, que haya infraestructura- para que los privados aprovechen.
Desde la Fundación Libertad, Joaquín Aranguiz entiende que el objetivo no debería ser alcanzar una distribución sectorial artificial del crecimiento. “Más que equilibrado, lo importante es que sea sostenible. Hay que tener en cuenta siempre el punto de partida. Claro que podría haber más actividad en la industria o en la construcción, pero si lo hace de una manera en que no es sostenible en el tiempo, tarde o temprano se choca con restricciones”.
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