Si vemos el panorama internacional podemos avizorar que la Argentina tiene una nueva oportunidad. Tuvo varias en el pasado que no supo aprovechar como la ocurrida en los primeros años de este siglo. Los conflictos en Europa y en Asia que afectan a la producción de energía, minerales y alimentos, hacen que estemos otra vez en la mira de inversores y de Estados que necesitan nuestros recursos.
Los escándalos de corrupción que afectan al gobierno, como el del impresentable sujeto que actúa como jefe de gabinete, no deben tapar otros temas. Están las buenas noticias que el gobierno no puede disfrutar por el capricho de no echar de una vez a ese marginal que reclutaron en la Armada Brancaleone original, como la reducción del riego país o la baja de la inflación. Por otra parte, hay sectores como la construcción y la industria que han vuelto en abril y mayo a mostrar índices negativos.
Si vemos el panorama internacional podemos avizorar que la Argentina tiene una nueva oportunidad. Tuvo varias en el pasado que no supo aprovechar como la ocurrida en los primeros años de este siglo. Los conflictos en Europa y en Asia que afectan a la producción de energía, minerales y alimentos, hacen que estemos otra vez en la mira de inversores y de Estados que necesitan asegurarse la provisión segura de esos insumos indispensables para la economía y el bienestar de sus países.
Los contratos para la adquisición de gas licuado por parte de empresas alemanas y italianas como las negociaciones con la India, son una clara señal que nuestro país se encamina a concluir con un problema que viene desde 1949 como lo es la falta de divisas por la pequeñez de nuestras exportaciones. Los años de mejor comportamiento de nuestra economía desde entonces hasta ahora coinciden con mejoras en volumen y precio de las exportaciones como sucedió entre 1963 a 1974 y en los primeros y desaprovechados tiempos del gobierno de Kirchner.
Parte de estas inversiones se apalancan en un sistema de privilegios fiscales como lo fueron distintos regímenes de promoción industrial, ya sea de actividades como la petroquímica o el régimen automotriz o regionales como las distorsivas y corruptas promociones a determinadas provincias. Mientras tanto el sector agropecuario. que sigue siendo un gran generador de divisas con un poder de compra movilizador de la industria por lo que genera mucho empleo directo e indirecto. continúa soportando retenciones y agobio fiscales provinciales y municipales. El país necesita una reforma impositiva equitativa para todos los regímenes especiales con privilegios para pocos.
También, para las otras actividades a desarrollar, mineras y energéticas, se requiere solucionar los problemas de una infraestructura destruida de transporte ferroviario y carretero. El único plan anunciado es similar al de los noventa, nueve mil kilómetros de rutas en las que se pagará peaje por tapar baches y cortar el paso de las banquinas, cuando se requiere un programa de reconversión de las rutas en autopistas.
Agro más minería y energía pueden lograr duplicar las exportaciones en muy poco tiempo. La carga impositiva que soporta el agro hace sospechar que el gobierno no tiene claras las posibilidades del sector rural para incrementar fuertemente sus exportaciones, con mayor valor agregado. La guerra de Ucrania, por ejemplo, ha potenciado la demanda de aceite de girasol y ya se anuncian inversiones importantes.
Hay un rubro que pasa desapercibido como es la exportación de servicios, incluida la “materia gris”. La Argentina exporta más de 17 mil millones de dólares en “Servicios”, el 53 % corresponde a “Economía del Conocimiento / Materia Gris” con nueve mil seiscientos millones de dólares. El 62% se origina en la ciudad de Buenos Aires, el18,26 % en la provincia de Buenos Aires y le sigue Córdoba con un 7,34”. El restante 12% se reparte entre Santa Fe, Mendoza, Tucumán y Río Negro.
Los proyectos de inversión mineros en la cordillera de los Andes llevan a algunos columnistas a proyectar una emigración masiva de los conurbanos de Buenos Aires, Córdoba, Rosario a las provincias andinas. Las cifras de migración a Vaca Muerta por ahora son modestas, unas veinte familias diarias, poco más de siete mil al año, unas treinta mil personas.
Veamos la población en las provincias de mayor producción minera en los Estados Unidos. El Estado de Nevada produce el 70% del oro de todo el país, su población asciende a tres millones doscientos mil habitantes, en su mayoría radicados en las Vegas y en Reno, centros turísticos del juego. Alaska es con el 16% el segundo productor de oro estadounidense, además de zinc, plomo y plata; cuenta con 733 mil habitantes. Arizona produce dos tercios del cobre de Estados Unidos además de oro, cuenta con siete millones cuatrocientos mil habitantes. Wyoming produce el 40% del carbón y su población es de 586 mil habitantes.
En los Estados Unidos, cuarto productor minero del mundo la minera emplea poco más de 250 mil trabajadores de un total de 162,8 millones de empleos.
Estos datos desmienten expectativas desmesuradas en cuanto a desplazamientos masivos de población.
* El autor es presidente de la Academia Argentina de la Historia.
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