La economía española afronta uno de esos momentos que pasan inadvertidos para el gran público, pero que condicionan la política. La actualización del cuadro macroeconómico prevista para finales de este mes no es un mero trámite: constituye el punto de partida de los Presupuestos de 2027 y, en la práctica, la hoja de ruta sobre la que se construirán las decisiones fiscales, sociales e inversoras, a sabiendas de que los 27 también están divididos ante un proyecto de cuentas que no adecúa el gasto a las necesidades crecientes.
La importancia de este ejercicio es aún mayor porque llega en un momento de transición. España continúa mostrando una notable capacidad de crecimiento en comparación con sus socios europeos, pero las incertidumbres externas han aumentado respecto a las previsiones elaboradas unos meses atrás. Las tensiones energéticas derivadas de los conflictos en Oriente Próximo, la volatilidad de los mercados de petróleo y gas, la desaceleración de algunas economías europeas y la persistencia de conflictos comerciales obligan a revisar los cálculos con una cautela que hace un año parecía innecesaria.
Los indicadores disponibles ofrecen una fotografía favorable. La economía española mantiene un tono expansivo, el empleo continúa creciendo a buen ritmo y la afiliación a la Seguridad Social ha mostrado una evolución positiva durante los primeros meses del año. El consumo privado sigue siendo uno de los principales motores de la actividad, impulsado por la fortaleza del mercado laboral y por una inflación más contenida que la registrada durante la crisis energética posterior a la invasión rusa de Ucrania.
La inversión presenta un comportamiento más desigual. La construcción se mantiene como uno de los sectores más dinámicos gracias al aumento de visados, hipotecas y consumo de cemento. Sin embargo, otros indicadores vinculados a la promoción inmobiliaria muestran señales contradictorias. El resultado es una economía que sigue creciendo, aunque con desequilibrios sectoriales.
Tampoco el sector exterior ofrece una lectura uniforme. Las exportaciones de bienes siguen acusando la debilidad económica de algunos de los principales socios comerciales, especialmente Alemania y Francia. Sin embargo, el turismo continúa funcionando como una poderosa fuente de ingresos, apoyado por la llegada de visitantes extranjeros en cifras históricas. A ello se suma el excelente comportamiento de los servicios avanzados, cada vez más importantes para la balanza exterior.
Sobre esta realidad se proyecta una cuestión de fondo: cómo combinar el crecimiento con la disciplina fiscal. Durante los últimos años España ha logrado mejorar sus cuentas. El déficit cerró 2025 por debajo de los objetivos comprometidos con Bruselas y la deuda pública continuó reduciéndose en términos relativos, situándose por debajo del 101% del PIB. Incluso se alcanzó un hecho poco habitual: el equilibrio del saldo primario, es decir, que los ingresos ordinarios fueron suficientes para cubrir los gastos antes del pago de intereses.
Estos avances explican que las instituciones europeas mantengan una valoración positiva sobre la trayectoria fiscal española. El país ha cumplido los compromisos asumidos en su Plan Fiscal Estructural y, según las previsiones actuales, seguirá moviéndose dentro de los márgenes permitidos por las nuevas reglas fiscales.
Guinea prohíbe las exportaciones de oro en bruto para potenciar su economía
Galería | La Facultad de Derecho celebra la graduación de los nuevos juristas
Tres palestinos muertos, incluida una niña, en nuevos ataques de Israel en Gaza
Goleada al Linyola y ascenso del Estrela a Primera División (7-4)
Apúntate a las que más te interesen y recíbelas de manera gratuita en tu correo electrónico