Si Israel tuvo su gran victoria en la Guerra de los Seis Días, en 1967, Irán considera que la suya ha llegado en la Guerra ... de los Cuarenta días. El régimen clama victoria tras la firma del memorando y los medios oficiales combinan los discursos triunfantes del nuevo liderazgo de la república islámica con canciones patrióticas. No es para menos, porque ha logrado sobrevivir al golpe sorpresa dado por Donald Trump y Benjamín Netanyahu, cuyo primer objetivo era derrocar a los ayatolás, y ha salido fortalecida. Es más, aspira a implantar unas nuevas normas de juego y este sábado ha vuelto a demostrar que tiene la sartén por el mango.
Hastiados de que Tel Aviv continúe atacando a Hezbolá en Líbano, algo que considera «un flagrante incumplimiento» del memorando de entendimiento que rubricó con Trump, los líderes persas han decidido cerrar de nuevo el estrecho de Ormuz. En un comunicado recogido por la radiotelevisión oficial iraní, IRIB, el Mando Militar Conjunto del Ejército ha justificado la medida señalando que las operaciones israelíes contra objetivos de Hezbolá habían matado a más medio centenar de personas en 24 horas.
El Ejército israelí ha reconocido que había ordenado una nueva ola de bombardeos en respuesta a nuevos ataques nocturnos de Hezbolá, que «dispararon más de 50 proyectiles contra las fuerzas israelíes» que han invadido el sur de Líbano para crear, aduce el Gobierno hebreo, una «zona de seguridad» respecto a las comunidades del norte de Israel.
Irán anuncia el cierre del estrecho de Ormuz por los ataques de Israel en Líbano
Por su parte, la milicia chií ha desmentido estas afirmaciones «infundadas» sobre la violación del alto el fuego por su parte. «Son mentiras que buscan engañar a la opinión pública y sabotear el acuerdo Irán-EE UU», ha respondido. Hezbolá ha denunciado además que Israel pretende «continuar con la ocupación y evitar la retirada de sus fuerzas de suelo libanés».
Ante esta situación, Irán ha decidido intervenir para volver a hacer presión sobre Trump: «El estrecho de Ormuz está cerrado a todos los buques debido a los crímenes cometidos por el régimen sionista en el Líbano y la violación de los compromisos de Estados Unidos de establecer un alto el fuego», han comunicado sus fuerzas armadas, subrayando que cualquier barco que se acerque al estrecho «pondrá en peligro su propia seguridad».
El anuncio de Teherán ha coincidido en el tiempo con la información proporcionada por el Mando Central de las Fuerzas Armadas (CENTCOM), que indica el tránsito de un total de 55 buques mercantes –cargados con más de 17 millones de barriles de petróleo para los mercados globales– por la vía marítima hasta ese momento.
Sin duda, es un nuevo jarro de agua fría para lograr el final de una guerra que deja ya en Irán más de 3.500 muertos, el asesinato del líder supremo y la destrucción de infraestructura clave. Pero también ha transformado el país y ha remodelado el equilibrio de poder en Oriente Medio. «La diferencia entre las negociaciones actuales y las anteriores es que hoy esta bandera de victoria en el campo de batalla, reconocida tanto por enemigos como por amigos, sirve de respaldo a las negociaciones», ha declarado en una entrevista televisada Mohamed Ghalibaf, presidente del Parlamento, jefe negociador y uno de los rostros fuertes en la jerarquía surgida tras el asesinato de decenas de altos cargos durante la guerra.
Uno de los grandes logros de Teherán ha sido dejar fuera de la negociación su programa de misiles
Los ayatolás dejan claro que continuarán apoyando a sus grupos proxis, enemigos de Israel
La estructura de poder se ha reconstruido bajo las bombas y ha demostrado su capacidad de seguir funcionando en una situación límite. En el primer día de bombardeos, Israel asesinó al líder supremo, Alí Jamenei, que llevaba cuatro décadas en el poder. Su puesto lo ocupa ahora su hijo Mojtaba, de 56 años, que permanece en paradero desconocido desde su nombramiento y ha sido quien ha dado la luz verde definitiva a la firma del memorando.
«En lugar de destruir a Irán, la guerra lo ha transformado de maneras inesperadas», escribieron recientemente los expertos Narges Bajoghli y Vali Nasr en Foreign Affairs. «Para sobrevivir y establecer nuevas ventajas estratégicas, la República Islámica tuvo que adaptarse e innovar, cambiando su forma de hacer la guerra, gobernar el Estado y gestionar la sociedad», apuntaron. En opinión de Bajoghli, profesora de Estudios de Oriente Medio en la Universidad Johns Hopkins, «lo que surge de esta guerra es un sistema político más fuerte y consolidado, muy apoyado en la Guardia Revolucionaria y en las fuerzas armadas, más atrevido y que se presenta como un pilar central de Asia Occidental. Eso va a generar un Oriente Medio fundamentalmente distinto».
El sector más duro del régimen ha sido muy crítico con la negociación y alerta del riesgo de una nueva traición por parte de Trump, que ya engañó a los iraníes anteriormente: en 2018, con la ruptura unilateral del acuerdo alcanzado tres años antes con Barack Obama; en 2025 y comienzos de 2026, con guerras sorpresa en medio del diálogo nuclear. Una vez tomada la decisión, sin embargo, el llamamiento a la unidad nacional ha surtido efecto y no aparecen fisuras. Ghalibaf defendió que los logros militares deben traducirse finalmente en ganancias políticas y jurídicas y explicó que «toda guerra que termina en victoria, si finalmente no conduce a un documento legal y político y esas victorias no quedan registradas, no aportará ningún beneficio. Ese documento, por ahora, es un texto de 14 puntos que todos los expertos y analistas coinciden en que Estados Unidos hace concesiones al régimen islámico, antes impensables.
Irán busca resultados tangibles y la consecuencia geopolítica más importante de esta guerra es que Teherán ha demostrado que puede cerrar eficazmente Ormuz mediante minas, drones y otras armas de pequeña escala que Estados Unidos no puede neutralizar completamente. Ayer se volvió a demostrar que eso proporciona a los iraníes una importante herramienta de disuasión frente a futuras agresiones porque el impacto del cierre de Ormuz es global y afecta a todo el sistema energético.
«A partir de ahora, ningún actor podrá definir el orden de seguridad en Asia Occidental sin tener en cuenta el papel y el poder de Irán», escribió la agencia Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria, sobre el futuro de Ormuz. Esto lo saben muy bien los vecinos del Golfo, que en unos meses han comprendido que tener bases estadounidenses no les garantiza la seguridad, todo lo contrario. Irán no ha dudado a la hora de abrir fuego contra los vecinos que albergan tropas enemigas.