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Nevaco Global
15 de septiembre de 2026

Del bloqueo de Ormuz al cerco de Bab el-Mandeb: el Golfo busca nuevas rutas para su petróleo con cada vez menos alternativas

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Instalaciones de una obra en una planta petrolera situada el yacimiento de Khurais, a unos 160 km de Riad, en Arabia Saudí. / ALI HAIDER / EFE

El bloqueo de dos de los puntos más estratégicos para la navegación mundial, los estrechos de Ormuz y de Bab el-Mandeb, está forzando a los países del golfo Pérsico a acelerar las rutas alternativas para sus exportaciones de petróleo. El tráfico por Ormuz, por donde llegó a circular el 20% del crudo mundial, sigue prácticamente paralizado seis meses después del inicio del conflicto, mientras que la navegación de buques a través de Bab el-Mandeb se ha visto comprometida por el avance de los rebeldes hutíes, aliados de Irán, en la costa occidental de Yemen. Los países de la región están tratando de garantizar la continuidad del transporte de crudo al margen de la inestabilidad en estos enclaves, pero los expertos alertan de que las nuevas rutas no están exentas de inconvenientes.

El volumen de petróleo y derivados que circulan por el estrecho de Ormuz pasó de 21 millones de barriles diarios en el último trimestre de 2025 a apenas 5 millones de barriles diarios en el segundo trimestre de 2026, según datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA, en sus siglas en inglés). Una caída que los principales países exportadores de la región —Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos e Irak— están tratando de tapar con la diversificación de sus rutas hacia Asia y Europa.

La principal ruta alternativa para la exportación de petróleo de Arabia Saudí se ha visto comprometida en los últimos días con la toma del estrecho de Bab el-Mandeb por parte de los hutíes y con el cierre temporal del oleoducto Petroline tras el ataque lanzado desde Irak este fin de semana, atribuido a milicias proiranís. Este conducto, que cruza el país de este a oeste, había permitido desviar gran parte de las exportaciones que pasaban originalmente por Ormuz: la IEA estima que el país tranportaba 2 millones de barriles diarios por esta vía antes de conflicto, una cifra que aumentó hasta los 7 millones de barriles diarios —su capacidad máxima— en apenas unos meses, según la petrolera estatal Aramco.

El Gobierno saudí está tratando de reabrir el oleoducto lo antes posible, pero incluso con el restablecimiento del servicio, la ruta de Bab el-Mandeb seguirá comprometida. La única alternativa para las exportaciones del país pasa ahora por el canal de Suez y por el oleoducto SUMED, que conecta el extremo norte del mar Rojo con el Mediterráneo. Esta ruta ofrece una salida para los petroleros saudíes pero presenta algunos inconvenientes, ya que los buques con destino a Asia se verán obligados a rodear la costa occidental de África y cruzar el cabo de Buena Esperanza, algo que elevará de forma significativa la duración de las travesías y los costes del transporte.

"Por supuesto, no existe ninguna ruta marítima alternativa que sea totalmente segura. Los ataques de los hutíes contra el transporte marítimo comercial en el mar Rojo y en los alrededores de Bab el-Mandeb lo han dejado muy claro", explica a EL PERIÓDICO Justin Dargin, experto en mercados energéticos de la Universidad de Harvard. Aún así, Dargin sostiene que la diversificación de las rutas es necesaria. "[Los países del Golfo llevan décadas siendo conscientes de esa vulnerabilidad y han realizado importantes inversiones para mitigarla. Lo que ha hecho la crisis actual es recordarles, de forma muy contundente, por qué es importante esa diversificación".

Emiratos Árabes Unidos no se ha visto afectado por los últimos acontecimientos en Yemen, pero sí se ha visto obligado a buscar alternativas al bloqueo del estrecho de Ormuz. El país ha acelerado el transporte de petróleo a través del oleoducto ADCOP, una infraestructura de 400 kilómetros que conecta el complejo de procesamiento de Habshan, situado a orillas del golfo Pérsico, con la ciudad de Fujairah, al otro lado del estrecho de Ormuz. La IEA estima se transportaban 1,1 millones de barriles de crudo diarios por esta vía antes del bloqueo, una cantidad que en los últimos meses ha ascendido hasta los 1,8 millones, el límite de su capacidad.

El Gobierno emiratí anunció el pasado mayo sus planes de construir un nuevo oleoducto entre las dos localidades, cuya finalización está prevista para 2027. El proyecto permitirá al país duplicar el volumen transportado hasta ahora e incrementar sus exportaciones incluso en caso de que Washington y Teherán acuerden la reapertura de Ormuz.

"Un acuerdo duradero entre EEUU e Irán sin duda reduciría el riesgo inmediato y disminuiría parte de la prima asociada a la capacidad de diversificación. Pero se trata de inversiones diseñadas para durar décadas, mientras que las relaciones diplomáticas pueden cambiar mucho más rápido", asegura Dargin. "Por lo tanto, no esperaría que un acuerdo de paz dejara obsoletos estos proyectos. En todo caso, la crisis actual podría reforzar los argumentos políticos a favor de continuarlos una vez que la presión inmediata remita".

Irak también ha sido uno de los países más golpeados por el bloqueo del estrecho de Ormuz, ya que hasta el comienzo del conflicto era el segundo mayor exportador de crudo por esta vía, con 3,3 millones de barriles diarios. La urgencia de aumentar el volumen de sus exportaciones —las cuales representan el 90% de los ingresos del país—, sumada al acercamiento diplomático con el nuevo Gobierno sirio, ha abierto la puerta a la construcción de nuevos oleoductos hacia el Mediterráneo con el apoyo de la Administración estadounidense.

La Casa Blanca anunció en julio su respaldo a la participación de la petrolera Chevron en la construcción de un megaproyecto para transportar hasta 2 millones de barriles de crudo diarios entre las instalaciones petrolíferas en Basora, en el sur de Irak, y el puerto sirio de Baniyas. En paralelo, el Gobierno de Bagdad ha acordado con Turquía la reactivación del oleoducto que conecta los campos petrolíferos en Kirkuk, cerca del Kurdistán iraquí, con el puerto turco de Ceyhan. Una conexión que quedó prácticamente paralizada tras años de guerra y de inestabilidad en la región.

Massaab Al-Aloosy, analista especializado en Oriente Medio, explica que las amenazas a la seguridad se han reducido con el debilitamiento del Estado Islámico, pero advierte de que Irán y sus aliados en Irak podrían "entorpecer" estos proyectos, como ya han hecho con el principal oleoducto saudí. "Algunos sectores de las Fuerzas Populares de Movilización (PMF, en sus siglas en inglés) siguen mostrando una gran animadversión hacia el nuevo Gobierno sirio y ven la relación con Damasco desde una perspectiva sectaria", asegura el analista. Tanto Irak como Siria confían en que los intereses de Washigton ayuden a proteger la seguridad de sus infraestructuras y a consolidar unas rutas alternativas cada vez más necesarias.

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