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Nevaco Global
8 de septiembre de 2026

Fenómeno de El Niño podría dejar daños que Perú tardaría varios años en recuperar, según investigaciones del BCR

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La recuperación de los daños asociados a un fenómeno de El Niño de intensidad fuerte podría extenderse por varios años, según estimaciones vinculadas a investigaciones del Banco Central de Reserva del Perú (BCR). El tiempo dependería de la duración del evento, las condiciones económicas y la capacidad de respuesta frente a los daños que se produzcan.

El economista Guido Pennano abordó esta posibilidad durante una entrevista con Exitosa y señaló que la recuperación no necesariamente tendría un plazo fijo. Según explicó, el tiempo podría ser mayor si las autoridades no ejecutan las obras necesarias para restablecer la infraestructura afectada.

Las investigaciones del BCR sobre anteriores episodios del fenómeno muestran que los efectos no se limitan a las zonas golpeadas por lluvias, sequías u otras alteraciones climáticas. Los daños sobre la producción, las carreteras, los puentes y los sistemas de riego también pueden trasladarse hacia los precios, el consumo, las empresas y el sistema financiero.

Uno de los antecedentes utilizados para medir este proceso es el fenómeno de El Niño de 1982-1983. De acuerdo con cifras recopiladas por el BCR, ese episodio tuvo una duración de 17 meses y provocó una contracción de la economía durante dos años consecutivos. La recuperación del Producto Bruto Interno (PBI) hasta los niveles previos ocurrió recién en 1986.

Las investigaciones de los economistas del BCR Alan Ledesma, John Aguirre, Youel Rojas, Fernando Pérez, Pedro Azañedo, Luis Casaverde, Denys Casiano y José Lupú describen la forma en que un fenómeno de El Niño puede trasladar sus efectos hacia distintas áreas de la economía.

El primer impacto se concentra en actividades primarias como la agricultura y la pesca, además de la infraestructura. Los daños pueden alcanzar carreteras, puentes, sistemas de riego y otros activos necesarios para la actividad productiva.

La reducción de la oferta también puede generar presión sobre los precios, con especial incidencia en los alimentos. Esta situación afecta el ingreso real de los hogares y puede reducir su capacidad de consumo. El menor gasto de las familias repercute después en sectores como el comercio y los servicios.

El deterioro de las ventas también puede afectar a las empresas. Según las investigaciones citadas, una menor generación de ingresos puede complicar el cumplimiento de obligaciones financieras y elevar la morosidad.

Las cifras del BCR ubican al fenómeno de El Niño de 1982-1983 como uno de los principales referentes para evaluar el tiempo de recuperación económica. El episodio se extendió desde julio de 1982 hasta noviembre de 1983.

La afectación también alcanzó las cuentas públicas. El ingreso real del Gobierno central disminuyó 29%, en un contexto marcado por la menor actividad económica, el comportamiento del comercio exterior y la reducción de los ingresos de las personas.

En los sectores productivos, la pesca registró una caída de 52.6% en 1983 y el sector agropecuario descendió 9.6%. La construcción presentó una contracción de 79.2%, mientras que energía y agua cayó 16%, según cifras recopiladas por el economista Bruno Seminario.

Durante su participación en Exitosa, Guido Pennano diferenció los daños que dependen de procesos naturales de aquellos vinculados con la capacidad de ejecución de las autoridades.

Sobre la recuperación de la biomasa marina, sostuvo que el proceso puede requerir alrededor de un año y medio. También mencionó el impacto de las sequías en la sierra sur y explicó que algunas semillas pueden permanecer en estado vegetativo ante la falta de agua y recuperar su desarrollo cuando regresan las lluvias.

Respecto de las carreteras y los puentes, Pennano señaló que el plazo de recuperación depende de otras variables. “Pero decir que nos va a tomar cuatro años recuperar una carretera o hacer un puente ya depende, pues, de otras variables”, declaró durante la entrevista.

El economista también cuestionó el uso de las declaratorias de emergencia como mecanismo para acelerar contrataciones públicas. Según indicó, estas medidas permiten evitar procesos de licitación más prolongados y planteó la necesidad de exigir una adecuada ejecución de las obras.

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