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Nevaco Global
17 de mayo de 2026

Economistas advierten que el crecimiento de Colombia depende cada vez más del gasto del Gobierno

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Aunque las cifras oficiales mostraron un mejor comportamiento de la economía colombiana durante el arranque de 2026, un análisis más detallado de los componentes detrás del crecimiento encendió nuevas preguntas entre economistas y analistas de mercado. La principal inquietud no está en cuánto creció el país, sino en qué está sosteniendo realmente ese avance.

Los datos del primer trimestre indican que Colombia registró una expansión económica de 2,2% frente al mismo periodo del año anterior. A simple vista, el resultado podría interpretarse como una señal de recuperación. Sin embargo, un ejercicio elaborado por Lumen Economic Intelligence, con base en cifras del Dane, encontró que sin el impulso generado por el gasto del Gobierno nacional, el crecimiento habría sido considerablemente más bajo.

Según el análisis contrafactual de la firma, si se excluyera el efecto del consumo público, la economía colombiana apenas habría avanzado 1,2% entre enero y marzo de 2026. La diferencia no es menor y, para varios expertos, refleja una realidad que el dato agregado del Producto Interno Bruto no alcanza a mostrar completamente, la recuperación del sector privado todavía no logra consolidarse.

Durante los últimos meses, buena parte del discurso económico se había enfocado en la aparente aceleración del PIB colombiano. No obstante, la nueva lectura presentada por Lumen pone sobre la mesa una dependencia creciente del gasto estatal como principal fuente de dinamismo. Las cifras del informe muestran que, durante los últimos tres trimestres, el consumo del Gobierno explicó cerca del 63% del crecimiento observado en la economía nacional. En promedio, Colombia registró una expansión de 2,7% durante ese periodo, pero al retirar el efecto del gasto público, ese crecimiento se habría reducido a apenas 1,0%.

En otras palabras, la diferencia acumulada fue de 1,7 puntos porcentuales, una brecha que hoy concentra buena parte del debate económico en el país. Para analistas, este comportamiento obliga a revisar con más detalle qué tan sólida es realmente la recuperación económica colombiana y si el crecimiento actual puede sostenerse cuando el margen fiscal del Estado se reduzca.

Luis Fernando Mejía, fundador y CEO de Lumen Economic Intelligence, resumió la lectura del informe con una conclusión directa: “El gasto público ha sido el principal motor de la aceleración reciente del PIB”. El economista fue más allá y advirtió sobre los riesgos estructurales detrás de esta tendencia. Según explicó, esta dinámica “enmascara una recuperación más débil del sector privado y plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de este crecimiento en el mediano plazo”.

Para dimensionar el fenómeno, la firma revisó también los dos trimestres anteriores. En el tercer trimestre de 2025, por ejemplo, la economía colombiana reportó un crecimiento de 3,8%. Sin embargo, sin el impulso del consumo estatal, ese resultado habría sido de apenas 1,5%. La diferencia fue incluso más marcada en el cuarto trimestre del año pasado. En ese periodo, el PIB mostró una expansión de 2,1%, pero el ejercicio técnico sugiere que, sin la participación del gasto público, el crecimiento habría quedado reducido a solo 0,3%.

El punto, según los analistas, resulta clave para entender la composición del crecimiento económico. El PIB puede expandirse por múltiples fuentes, el consumo de los hogares, la inversión empresarial, el comercio exterior o el gasto del Estado. El problema aparece cuando una sola fuente concentra una proporción tan alta del impulso económico.

En el caso colombiano, la preocupación principal está hoy en la inversión privada, que sigue mostrando señales de rezago. El informe advierte que la formación bruta de capital fijo, uno de los indicadores más importantes para medir inversión productiva, continúa 10,7% por debajo de los niveles registrados antes de la pandemia.

Esa cifra, según Lumen, sugiere que el sector empresarial todavía no recupera plenamente la confianza para ampliar operaciones, ejecutar nuevos proyectos o aumentar su capacidad instalada. Dentro de ese componente, uno de los segmentos más golpeados sigue siendo el de edificaciones residenciales y no residenciales, que registró una caída de 8,2%, reflejando el momento complejo que atraviesa la construcción y parte del mercado inmobiliario.

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