Las cuentas públicas volvieron a dar positivo. Según la ejecución provisoria de la Secretaría de Hacienda (base caja), el Sector Público Nacional no Financiero terminó agosto con un superávit primario de $1,99 billones, es decir, ingresos por encima de los gastos antes de pagar la deuda. Después de pagar $1,35 billones de intereses, quedó un superávit financiero de $636.000 millones. En lo que va del año, los resultados equivalen al 1,1% del PBI (primario) y al 0,2% del PBI (financiero).
Más allá de lo que proyecta el Presupuesto, el mensaje para los mercados es claro: el Estado nacional sigue gastando menos de lo que recauda. La pregunta que importa para la mayoría es otra: quién sostiene ese equilibrio y cómo llega eso a la vida cotidiana.
Los ingresos totales crecieron 32,2% nominal interanual. Descontada la inflación, eso es una caída real del 1%. El detalle muestra una economía de dos velocidades:
El salvavidas fueron los derechos de exportación, que crecieron 77% real y aportaron $960.000 millones en el mes. La trampa está en la comparación: en 2025 los exportadores adelantaron ventas, así que agosto del año pasado tuvo una recaudación muy baja. En el acumulado del año, las retenciones caen 4,9% nominal. Parte del alivio de agosto es un efecto de base y no algo que se pueda repetir.
El gasto primario cayó 0,5% real. Casi no se movió en el total, pero cambió mucho por dentro:
Las jubilaciones son el 41% del gasto primario. Por eso, aunque la caída sea de apenas 2,5%, pesa mucho en el resultado. La suba del 42% en obra pública, en cambio, es sobre una base muy chica: el gasto de capital es apenas el 3% del gasto primario. Se concentra en energía (catorce veces lo de agosto 2025), agua potable y cloacas (+90% nominal) y vivienda.
Tener superávit en forma sostenida es el ancla del programa económico. Si el Tesoro no necesita que el Banco Central emita para cubrir un déficit, hay menos presión sobre los precios y más margen para refinanciar deuda. Eso ayuda a bajar el riesgo país. En ese sentido, agosto suma.
Para el jubilado: de cada $100 que cobraba hace un año, hoy su haber compra el equivalente a $97,50. Para quien cobra el mínimo, esa diferencia se nota en remedios, alimentos o servicios. La suba en prestaciones del PAMI ayuda en parte, pero no compensa el ingreso.
Para el empleado público: la pérdida es de unos $7 de cada $100, algo más de dos días de sueldo al mes. Eso también baja el consumo en las ciudades donde el Estado es un empleador importante.
Para las familias con AUH o pensiones no contributivas: es el grupo que mejoró, con subas reales de entre 4% y 5%. La política sostiene a los hogares más vulnerables mientras ajusta en los sectores medios que dependen del Estado.
Para el comerciante y el consumidor: la caída del IVA se ve en el mostrador. Se compra menos, se eligen segundas marcas y se estira la compra del mes. Cuando el consumo recaudado cae 5%, la actividad del comercio minorista difícilmente esté creciendo.
Para el usuario de servicios: los subsidios a la energía subieron 4% real y los del transporte se mantuvieron. Por ahora no hay un nuevo recorte fuerte que se traslade de golpe a las tarifas. Pero los subsidios siguen siendo una partida que se discute todos los años en el Presupuesto.
Para el trabajador de la construcción: el salto de la obra pública, sobre todo en agua, cloacas y energía, puede sostener empleo en algunas regiones. Por su tamaño, alcanza para mejorar la tendencia pero no para cambiarla.
Agosto confirma que el equilibrio fiscal sigue siendo la prioridad y que se sostiene incluso con la actividad y el consumo debilitados. La composición deja la duda de fondo: el superávit se consolida mientras el ingreso real de jubilados y estatales sigue cayendo y el consumo no despega. Para que sea sostenible hace falta que la economía crezca y que la recaudación dependa menos de efectos puntuales como las retenciones o las ventas de activos.
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