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Nevaco Global
25 de octubre de 2026

La actividad económica en Argentina sigue en el piso

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La economía apenas creció 0,1 por ciento en agosto tras la fuerte caída de julio y retrocedió 1,7 por ciento interanual

Los últimos indicadores de actividad vuelven a mostrar una economía con dificultades para consolidar la recuperación. Después de la fuerte caída de julio, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró en agosto una mejora mensual muy marginal, y volvió a retroceder en términos interanuales. La foto es consistente con una dinámica heterogénea: mientras algunos sectores vinculados a los recursos naturales y los servicios mantienen resultados positivos, la industria, el comercio y la construcción continúan mostrando debilidad.

El problema ya no es solamente la velocidad del crecimiento, sino su capacidad para extenderse al conjunto del entramado productivo.

El EMAE aumentó apenas 0,1% mensual en agosto, luego de la caída de 2,8% registrada en julio, y se ubicó 1,7% por debajo del mismo mes de 2025. Con este resultado, el acumulado de los primeros ocho meses del año quedó en 1,2%, mientras que el componente tendencia-ciclo permaneció sin cambios por quinto mes consecutivo (corrigiendo los datos anteriores que mostraban tendencia positiva).

La actividad logró estabilizarse después del retroceso de julio, pero todavía no exhibe una trayectoria sostenida de expansión. Además, diez de los quince sectores relevados por el INDEC registraron caídas interanuales, una señal de que la debilidad no se limita a unas pocas actividades.

Entre los sectores que más incidieron negativamente se encuentran la industria manufacturera, con una caída interanual de -3,2%, y el comercio mayorista, minorista y las reparaciones, que retrocedió -3,5%. También disminuyeron la construcción (-2,5%), el transporte y las comunicaciones (-2,9%) y la intermediación financiera (-3,8%).

En contraste, la explotación de minas y canteras avanzó 11,1%, mientras que electricidad, gas y agua creció 4,3% y hoteles y restaurantes, 3,1%. La divergencia es significativa: los sectores ligados a la actividad extractiva y algunos servicios muestran dinamismo, pero las ramas más relacionadas con la producción manufacturera y el consumo interno siguen sin recuperarse.

Los indicadores específicos de industria y construcción refuerzan este diagnóstico. En agosto, el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) registró una mejora mensual luego del derrumbe de julio, pero permaneció -3,2% por debajo del año pasado. En el acumulado de enero a agosto, la producción industrial cayó 2,7%. El rebote mensual, por lo tanto, no alcanza para revertir el deterioro previo ni permite hablar todavía de una recuperación consolidada. La industria continúa enfrentando una combinación exigente de demanda interna débil, competencia importada y dificultades para recuperar niveles de producción e inversión.

La construcción presenta una dinámica parecida. El Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) creció 0,4% mensual en agosto, pero cayó -4,4% interanual. Aunque el acumulado anual todavía muestra una variación positiva, el comportamiento de los últimos meses refleja una pérdida de impulso. La diferencia entre el resultado acumulado y la comparación interanual recuerda la importancia de distinguir entre el nivel que dejó la recuperación previa y la evolución más reciente: una actividad puede conservar un saldo positivo en el año y, al mismo tiempo, atravesar una nueva fase contractiva.

El agro también dejó de funcionar como un sostén uniforme de la actividad. En agosto, agricultura, ganadería, caza y silvicultura retrocedió -1% interanual, mientras que la pesca cayó -15,7%. La minería, en cambio, creció 11,1%. Esto no implica que el complejo agroexportador haya perdido su relevancia externa: las exportaciones agroindustriales continuaron mostrando resultados elevados. Pero sí evidencia que el desempeño exportador y el nivel mensual de actividad del sector no siempre evolucionan en la misma dirección.

La producción depende de factores estacionales, calendarios de cosecha y condiciones específicas de cada complejo; por eso, el dato debe leerse como una señal de menor aporte sectorial en agosto, no como evidencia suficiente de un deterioro permanente del agro.

En este panorama, los salarios ofrecen una señal algo más favorable. En agosto, el índice salarial del INDEC aumentó 2,7% mensual, por encima de la inflación de 1,7%, lo que implicó una mejora real aproximada de 1,0%. La variación interanual también fue positiva en términos reales, aunque con diferencias importantes entre sectores: los salarios registrados continuaron rezagados frente a la inflación acumulada de los últimos doce meses, mientras que el promedio general recibió el impulso de los ingresos no registrados. Es una señal de rebote que puede ayudar a recomponer el consumo, pero todavía resulta prematuro interpretarla como una recuperación sólida y homogénea del poder adquisitivo.

El desafío de fondo es que la economía consiga transformar su capacidad exportadora en un proceso de crecimiento más amplio. En septiembre, las exportaciones sumaron USD 10.036 millones y las importaciones USD 7.060 millones, con un superávit comercial de USD 2.976 millones. En los primeros nueve meses del año, las ventas externas crecieron 21,6% interanual, mientras que las importaciones cayeron 2,5%. El saldo comercial es una fortaleza para la disponibilidad de divisas, pero su magnitud también debe analizarse junto con la debilidad de las compras externas: cuando las importaciones de bienes intermedios, maquinaria y equipos no acompañan la expansión exportadora, puede estar reflejando una inversión insuficiente y una demanda doméstica contenida.

En definitiva, la economía necesita algo más que sectores exportadores dinámicos para consolidar una recuperación. La minería, la energía y el agro pueden aportar dólares y nuevas inversiones, pero no garantizan por sí solos un aumento sostenido del empleo, los ingresos y la producción industrial. Para que ese impulso se transmita al resto de la economía hace falta fortalecer la demanda interna, recuperar el poder adquisitivo y generar condiciones para que la inversión privada vuelva a expandirse. De lo contrario, el país puede sostener un abultado superávit comercial y, al mismo tiempo, convivir con una actividad estancada en buena parte de sus sectores. El desafío no es solamente exportar más, sino conseguir que los dólares generados se traduzcan en mayor producción, inversión y bienestar dentro de la economía argentina.

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