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Cuentan que cuando el pasado abril se hizo oficial que sería John Ternus quien sucediese al todopoderoso Tim Cook al frente de los destinos de ... Apple, los periodistas se lanzaron de cabeza sobre Linkedin para elaborar un perfil del nuevo Prometeo, el titán llamado a robar el fuego divino de la inteligencia artificial, satisfacer las ansias de los internautas de todo el mundo y capitalizar hasta el último dólar en el proceso. Descubrieron que la plataforma apenas ofrecía información sobre él, que su perfil –sin reflexiones ni lecciones magistrales de esas que uno espera encontrar en un manual de autoayuda– estaba prácticamente vacío, lo que no deja de ser sorprendente cuando uno está llamado a liderar la tecnológica de la información y la comunicación más grande del mundo por nivel de ingresos. Pero el silencio también comunica y lo que para unos es contradicción, para otros es síntoma de genialidad. Ternus, 51 años bien llevados, salió reforzado de aquel primer examen, porque la lectura que triunfó fue que cuando uno se siente cómodo y disfruta con lo que hace no necesita herramientas de autopromoción.
John Ternus, ingeniero de hardware con 25 años de trayectoria en Apple y el atractivo desenfado de un Kennedy, es desde hoy el nuevo CEO de la compañía de Silicon Valley, un gigante tecnológico con 2.500 millones de dispositivos activos en todo el mundo, ingresos por valor de 416.000 millones de dólares y beneficios que superan los 112.000. Tan formidables números son mérito principalmente de Tim Cook, que cogió el testigo de Steve Jobs en 2011 y multiplicó por trece la capitalización de Apple hasta superar los 4,6 billones de dólares. Ahora, Ternus deberá apresurarse a demostrar que está a la altura del legado recibido en un ecosistema donde la competencia es brutal y el margen de error casi nulo.
En la transición que se avecina deberán convivir dos líneas de actuación complementarias: mientras Cook era el experto en operaciones que consolidó el actual sistema de distribución de Apple, Ternus es el máximo responsable de su hardware, la ingeniería responsable de todos los productos de la compañía de la manzana, entre ellos el iPhone, responsable por sí solo del 51% de los ingresos actuales. Si no hay motivo para arreglar lo que ya funciona, ¿dónde toca intervenir entonces? El desafío que se avecina es doble, coinciden los analistas: por un lado, recortar distancias con los competidores en el terreno de la inteligencia artificial, donde las cosas no han ido tan bien como debían; y por otra, reducir la dependencia de China, auténtico pilar de su cadena de suministros, pero cuyas cuotas de exportación maniatan a Apple por mucho que la compañía haya tratado de diversificar sus proveedores.
Priman las experiencias nuevas y cada vez son más las voces que apuestan por crear dispositivos específicos para inteligencia artificial
La cuestión de los suministros, que Tim Cook ha pastoreado con brillantez durante los últimos 15 años y que seguirá supervisando desde su puesto en la ejecutiva, es y seguirá siendo fuente de quebraderos de cabeza. En manos chinas están desde el vidrio templado de las pantallas hasta el cobalto y el litio que alimenta sus baterías y los semiconductores para sostener la masiva demanda de memoria de sus dispositivos. Ahora que el ensamblaje de los móviles se ha derivado a proveedores de India, y Vietnam ha pasado también a jugar un papel destacado en la cadena de montaje, el conflicto llega desde otros frentes. El auténtico problema le espera a Ternus en casa y tiene que ver con el papel geopolítico que su compañía desempeña y el esfuerzo que tendrá que hacer para proteger su modelo de negocio del afán intervencionista de Donald Trump. El inquilino de la Casa Blanca ha exigido en repetidas ocasiones que Apple fabrique los iPhone en suelo estadounidense, amenazando como tiene a gala con imponer aranceles a los productos que llegan del extranjero. Cook esquivó esa intromisión, cultivando la amistad del líder republicano pero sin hacer de menos a su socio asiático. Que siga desempeñando ese papel es, a juicio de los analistas, una «jugada inteligente», que dejará a Ternus con las manos libres y al margen de decisiones que podrían minar su crédito.
El segundo caballo de batalla, y donde a decir de muchos Ternus se juega su crédito, es recortar distancias con sus competidores en el campo de la inteligencia artificial. El nuevo CEO recibe una compañía con uno de los entornos de hardware más consolidados que se conocen –en buena medida, desarrollado por él mismo–, pero ahora le corresponde conjugar ese sistema con la IA para que esta trabaje al servicio de los usuarios. Ternus ya ha dado los primeros pasos en ese sentido. Antes del verano presentó una Apple Inteligence con la que pretendía integrar la IA en el funcionamiento del iPhone, el iPad y el Mac, con una nueva Siri capaz de ejecutar tareas más complejas, entender mejor el contexto de los usuarios y exprimir el caudal de las distintas aplicaciones instaladas.
Cada vez son más las voces que señalan que el futuro pasa por diseñar dispositivos diseñados específicamente para la inteligencia artificial, que sean capaces de generar experiencias nunca antes vistas –incluso sin pantallas, ahí está Zuckerberg y su apuesta por las gafas–. Así visto, es una vuelta a los orígenes, lo que propugnaba Steve Jobs cuando decía aquello de que la clave del éxito empresarial es una mezcla de perseverancia y mentalidad estratégica. Según la firma de servicios financieros Wedbush, el siguiente paso debería ser monetizar la apuesta por la IAcon una suscripción premium que sumará ingresos a su división de servicios. El tiempo lo dirá.
Mientras ese momento llega, John Ternus enfrenta su primera reválida, el tradicional evento de presentación de novedades. Dentro de una semana, Apple lanzará su primer móvil plegable, la primera innovación de peso que se recuerda en años. Su despliegue y cómo sea recibido en el mercado serán la piedra de toque para evaluar si el cambio de liderazgo nace o no con buenos augurios. Será apenas nueve días después de que John Ternus asuma el mando, con el asiento de su predecesor todavía caliente y todas las espadas en alto. Se admiten apuestas.
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