Este negocio ilegal supera en facturación a muchas de las mayores empresas de Colombia
Un estudio alerta que este fenómeno podría repetirse con los llamados minerales de transición, en los que Colombia tiene gran potencial.
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En un escenario marcado por la constante atención de los mercados al tipo de cambio, el vocero presidencial, Adrián Ravier, ha reconocido la posibilidad de que el dólar alcance valores entre los $1.700 y $1.800 en los próximos meses. Esta declaración se enmarca en un contexto de previsibilidad y estabilidad del mercado, donde Ravier se encargó de disipar cualquier temor sobre una devaluación brusca del peso argentino.
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Durante una entrevista con un reconocido canal de streaming, Ravier sugirió que, aunque el dólar podría registrar un aumento en su cotización, esta subida debería interpretarse como una coyuntura natural del mercado, y no como un desplome abrupto del peso. El funcionario subrayó que la economía actual no exhibe los signos de atraso cambiario significativo que a menudo acompañan a situaciones de emergencia económica.Las palabras del vocero presidencial se produjeron en un clima económico caracterizado por la calma en el mercado cambiario. Ravier enfatizó que las políticas del Banco Central, incluidas la adquisición de reservas y un superávit en la cuenta corriente, son indicativos de que el país se encuentra en una posición sólida para mantener el control sobre el tipo de cambio. "No esperamos que un ajuste potencial tenga efectos devastadores en la economía doméstica," aseguró.A pesar de esta previsión optimista, Ravier reconoció que el precio actual del dólar puede estar ligeramente subvaluado cuando se compara con el promedio de los últimos años. Sin embargo, cualquier incremento en la cotización debería verse como un reajuste necesario más que un regreso al caos económico. "La estabilidad en los tipos de cambio es clara y no es un motivo de preocupación," destacó el funcionario.Independientemente de las declaraciones sobre el mercado interno, el nuevo escenario comercial internacional, marcado por los aranceles impuestos por el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, añade capas de complejidad a las expectativas económicas. Con más de 60 países afectados, entre ellos Argentina, los mercados se mantienen vigilantes ante posibles repercusiones en los activos del país y la dinámica de las bolsas de valores a nivel global.
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Un estudio alerta que este fenómeno podría repetirse con los llamados minerales de transición, en los que Colombia tiene gran potencial.
La guerra entre Estados Unidos e Irán reabre un viejo frente en uno de los lugares más vulnerables de la economía mundial: las rutas por las que circula buena parte de la energía que consumen las principales potencias. El recrudecimiento de los ataques ha colocado bajo presión simultáneamente el estrecho de Ormuz, a la salida del golfo Pérsico, y el de Bab el-Mandeb, que conecta el mar Rojo con el océano Índico. El riesgo dejó de ser una amenaza teórica después de que los hutíes de Yemen anunciaran ataques contra dos petroleros saudíes en el mar Rojo. La ofensiva amplió una guerra hasta ahora concentrada alrededor de Irán y del golfo Pérsico hacia una segunda arteria fundamental para el transporte de crudo. La respuesta de Donald Trump fue prometer nuevos castigos contra Teherán y sus aliados, mientras el Ejército estadounidense completaba su decimotercera noche consecutiva de bombardeos sobre territorio iraní. Los mercados reaccionaron de inmediato. El barril de Brent, referencia en Europa, cerró el jueves en 100,69 dólares después de subir un 7% en una sola sesión. Se trata de su precio de cierre más elevado desde mayo y supone un incremento cercano al 40% desde el comienzo de la guerra a finales de febrero. El temor no se limita a que desaparezcan barriles del mercado, sino que también incluye el aumento de los seguros, los fletes y el tiempo necesario para trasladar cada cargamento. Del golfo al mar Rojo La nueva escalada altera el mapa energético de Oriente Próximo. Durante los últimos meses, el foco había estado situado sobre Ormuz, por donde salían las exportaciones de Arabia Saudí, Irak, Kuwait, Catar, Emiratos Árabes Unidos e Irán. Las restricciones a la navegación obligaron a algunos productores a reducir su actividad y a buscar vías alternativas para colocar su petróleo en los mercados internacionales. Arabia Saudí consiguió amortiguar parte del golpe utilizando su oleoducto Este-Oeste, que transporta crudo desde los campos próximos al golfo Pérsico hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. La infraestructura tiene una capacidad cercana a los siete millones de barriles diarios, aunque solo alrededor de cinco millones estarían disponibles para exportaciones. Emiratos cuenta, por su parte, con una conducción hacia Fuyaira, situada fuera de Ormuz. Son las principales alternativas terrestres de la región, pero no pueden sustituir todo el volumen que normalmente navega por el estrecho. El problema es que el crudo enviado a Yanbu todavía necesita atravesar Bab el-Mandeb para llegar por la ruta más corta a los grandes compradores asiáticos. Los ataques hutíes amenazan ahora precisamente esa salida. La vía utilizada para esquivar el bloqueo iraní puede convertirse así en el segundo punto de estrangulamiento del conflicto. Los hutíes aseguran haber atacado con misiles y drones los petroleros saudíes Encelia y Layla. Al menos uno de ellos emitió una señal de socorro cerca del puerto de Jizán después de sufrir un incendio en la proa. Aunque no todos los detalles han podido confirmarse de forma independiente y el tráfico marítimo no se ha...