Se habla mucho de la posible escasez de queroseno para los aviones si el bloqueo del estrecho de Ormuz se prolonga y no tanto de que al mercado de fertilizantes y fitosanitarios para la agricultura le puede ocurrir algo similar. Y eso impacta no en el turismo, sino en el día a día de las familias, en la cesta de la compra.
Este es el panorama: el mercado de los fertilizantes se ha tensionado porque los países del Golfo Pérsico producen el 23% del amoniaco mundial, el 34% de la urea y el 18% de los fosfatos amónicos, y por Ormuz pasa la mitad del comercio de azufre, la materia prima esencial de los fertilizantes fosfatados. Eso no afecta directamente a España, que compra sobre todo en Argelia y Egipto, pero sí indirectamente, ya que países consumidores de Asia compiten ahora por el producto de estos países y eso eleva los precios.
Los fitosanitarios (herbicidas, fungicidas, etc., usados contra las plagas) no se ven tan perjudicados por el bloqueo de Ormuz, pero la subida de los derivados para fabricarlos (muchos de ellos procedentes del petróleo), del transporte y de los envases ha hecho que los grandes productores, sobre todo China e India, hayan restringido sus exportaciones ante la incertidumbre. Y eso ha dejado desnuda a Europa, que ha reducido drásticamente la producción por los altos por costes energéticos, la estricta regulación de la UE y la falta de rentabilidad.
Paloma Pérez, secretaria general de la Asociación Nacional de Fabricantes de Fertilizantes (Anffe), asegura que en esta categoría, y en cuanto al suministro, “hasta ahora no ha habido problemas porque las empresas tenían stock suficiente, pero conforme se agota tienen que fabricar a precios elevados, por lo que puede darse la circunstancia de que reduzcan la producción al no haber rentabilidad. Todo depende de lo que dure el conflicto; si se prolonga demasiado, tendríamos un problema”.
Y eso tendría efecto, sobre todo, en la próxima campaña agrícola que comienza en octubre. Hasta ahora, las siembras de primavera se han realizado en parte con producto de antes de la guerra, aunque las cooperativas que no hicieron acopio y compran día a día lo han pasado mal. “Me consta que ha habido momentos en que un proveedor importante nuestro no ha tenido disponibilidad de producto”, asegura Estrella Valle, técnico de Suministro de Fertilizantes de Dcoop, que sí hizo los deberes a tiempo y compró con previsión. Valle asegura que hay nutrientes, como el boro, que directamente han desaparecido del mercado, y que incluso se están comprando productos con fecha de entrega en un plazo determinado por la escasez.
Ahora mismo, la industria se ajusta estrictamente ahora mismo a demandas puntuales de cultivos de regadío como el arroz o el tomate industrial, que al ser teóricamente más rentables pueden permitirse comprar fertilizantes, con el pequeño colchón además que suponen las ayudas del Gobierno. Para el otoño, la incertidumbre es total. “En un mercado que fluctúa normalmente mucho en precios, el agricultor no sabe qué hacer en condiciones de normalidad, así que imagínate ahora; no te puedo decir lo que vamos a hacer”, dice Valle al preguntársele por un posible acopio de fertilizantes de cara a después del verano. “Ya hay proveedores -continúa- que están planteando bajar la riqueza de la fórmula, pero eso no es lo comido por lo servido; si yo busco un producto que en vez de 46 de nitrógeno tenga 30 me vale menos, pero también es menos cantidad”.
Ahora mismo, la urea, el derivado del petróleo más común para la producción de fertilizantes, está por las nubes. Aunque el producto del Golfo Pérsico (de referencia a nivel mundial) ha bajado algo desde el pico de 850 dólares la tonelada del 29 de abril y está ahora en 745, sigue estando a un nivel muy superior a antes de la guerra (entre 440 y 470 dólares), cuando ya los niveles eran históricamente altos.”En el Puerto de Sevilla está entrando ahora con un precio e entre 840 y 850 euros la tonelada (hay que tener en cuesta el gasto suplementario de transporte)”, señala Valle.
Respecto a los fertilizantes, el agricultor puede decidir abonar menos, aunque eso implique menos producción y consecuentemente menos ingresos si no hay buenos precios. Pero en fitosanitarios no tiene elección: debe aplicarlos sí o sí. Y aquí sí ha habido una carrera por el acopio de producto porque las intensas lluvias de enero y febrero anticipan plagas en primavera por la humedad y porque parásitos e insectos se sienten más atraídos por un campo exuberante. “Hemos hecho una carrera todo el mundo por comprar lo que hay aquí ya fabricado, los stocks, hasta qué se han ido agotando”, explica Rafael Romero, técnico también de Dcoop, pero en este caso de Fitosanitarios. Explica que el mes de marzo ha sido “tranquilo”, porque se han aplicado productos a precios de antes de la guerra, pero ahora es el momento de máxima actividad, ahora sí se usan a precios de después del conflicto”.
El glifosato -un herbicida polémico, tradicionalmente barato y también muy usado- se ha elevado un 50% de precio y su coste ha pasado de 50 euros por hectárea para el agricultor a 75. Según Romero, el gasto total de fertilizantes y fitosanitarios del agricultor, de centenares de euros, apenas es compensado por las ayudas del Gobierno (de 22 euros por hectárea para secano y de 55 para regadío).
Con este panorama, no es de extrañar que los agricultores vuelvan a la calle. La organización Copa-Cogeca, que agrupa a todos los productores de la UE, ha convocado una protesta este martes 20 en Estrasburgo. Justo ese mismo día, la Comisión Europea presentará el Plan de Acción de la UE sobre fertilizantes, con el objetivo de reducir la dependencia de las importaciones. Actualmente, el 30% de los fertilizantes nitrogenados y el 70% de los fosfatados se compran fuera de la Unión. Entre otras cosas, a buen seguro se abordará el polémico Ajuste de Frontera en Carbono, un impuesto a los productos fabricados fuera de Europa que se impuso porque aquí los fabricantes pagaban por las emisiones de CO2 y eran discriminados respecto a los de otros países. Pero, en contrapartida, eso perjudica al agricultor, que compra más caro, por lo que “la Comisión está trabajando para equilibrar”, en palabras de Paloma Pérez, de la asociación de industrias de fertilizantes.
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