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Nevaco Global
27 de agosto de 2026

Canadá y EE. UU. escalan su guerra comercial: qué productos están en juego

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Washington.- Canadá y Estados Unidos profundizaron esta semana su disputa comercial luego de que fracasaran las negociaciones entre ambos gobiernos y entraran en vigor nuevos aranceles estadounidenses de 50 % sobre unos 20,000 millones de dólares en productos canadienses. Ottawa respondió con una nueva ronda de aranceles sobre mercancías estadounidenses por un valor equivalente, en una escalada que amenaza con aumentar los costos para empresas y consumidores de ambos países.

La nueva medida estadounidense comenzó a aplicarse el 22 de agosto y afecta a más de 550 productos canadienses. Entre los artículos alcanzados figuran miel, bebidas alcohólicas, cosméticos, ropa, equipos deportivos, palos de hockey, productos de papel, cemento, algunos artículos electrónicos y otros bienes manufacturados. Las nuevas tarifas se suman a otros gravámenes que Washington ya mantiene sobre sectores como el acero, el aluminio, la madera y determinados productos automotrices.

El conflicto se intensificó después de que las conversaciones comerciales entre el presidente estadounidense Donald Trump y el primer ministro canadiense Mark Carney terminaran sin acuerdo. Trump ha amenazado además con elevar al 50 % los aranceles sobre los automóviles, camiones y piezas fabricados en Canadá a partir del 1 de enero de 2027, una medida que tendría especial impacto en una industria cuyas cadenas de producción están estrechamente integradas entre ambos países.

Ottawa anunció que impondrá desde el 8 de septiembre aranceles de 15 %, 25 % y 50 % a productos estadounidenses por unos 27,600 millones de dólares canadienses, equivalentes a aproximadamente 20,000 millones de dólares estadounidenses. La lista incluye acero, productos lácteos, electrodomésticos, equipos agrícolas, productos de pulpa y papel, productos electrónicos, alimentos preparados, ropa y otros bienes de consumo.

El Gobierno canadiense explicó que la respuesta busca igualar, dólar por dólar, los nuevos gravámenes estadounidenses y proteger a las empresas nacionales afectadas por las medidas de Washington. Al mismo tiempo, Ottawa anunció un paquete de apoyo de 7,500 millones de dólares canadienses para trabajadores y compañías perjudicadas por la disputa.

La estrategia canadiense también tiene un componente político. Algunos de los productos escogidos para los aranceles proceden de sectores y estados estadounidenses considerados políticamente relevantes, entre ellos el pescado y marisco de Maine, los productos lácteos de Wisconsin y equipos agrícolas y electrodomésticos fabricados en estados del Medio Oeste.

Uno de los sectores más sensibles es el automotriz. Las fábricas de ambos países dependen de piezas y componentes que cruzan varias veces la frontera antes de que un vehículo llegue al consumidor. Por ello, un arancel elevado no solo afecta al fabricante extranjero, sino que puede aumentar los costos de producción de empresas instaladas en Estados Unidos y Canadá.

El acero y el aluminio también ocupan un lugar central en la disputa. Canadá es un proveedor importante de materias primas y productos industriales para Estados Unidos, mientras que las empresas canadienses dependen del mercado estadounidense. A esto se suman la madera, los productos agrícolas, los lácteos, los alimentos procesados, el papel y una amplia variedad de bienes de consumo.

En la nueva ronda, además, aparecen productos cotidianos que pueden trasladar el impacto de la disputa comercial directamente a los consumidores. Entre ellos están algunos alimentos, artículos de higiene, productos de papel, ropa y electrodomésticos. El caso del papel es especialmente sensible porque fabricantes estadounidenses utilizan materias primas procedentes de Canadá para elaborar productos destinados al mercado interno.

Aunque políticamente suele hablarse de aranceles impuestos a otro país, el impuesto se cobra al importador cuando la mercancía entra al territorio nacional. En Estados Unidos, por ejemplo, una empresa que importa un producto canadiense debe pagar el gravamen a las autoridades aduaneras estadounidenses.

Eso no significa que el consumidor sea automáticamente quien absorba el 100 % del costo. El importador puede trasladar el aumento al precio final, reducir su margen de ganancia, negociar un precio menor con el proveedor canadiense o buscar otro proveedor. En la práctica, el costo puede repartirse entre empresas, productores extranjeros y consumidores.

La evidencia económica reciente apunta a que una parte importante de los aranceles estadounidenses termina siendo asumida dentro de Estados Unidos. Un análisis del Tobin Center for Economic Policy de la Universidad de Yale, basado en investigaciones sobre los aranceles aplicados en 2025, estimó que alrededor del 90 % de esos gravámenes se trasladó a los precios pagados por los importadores estadounidenses.

El efecto también puede extenderse a empresas que no importan directamente desde Canadá. Si una compañía estadounidense utiliza acero, aluminio, papel, madera o componentes canadienses como insumos, el aumento del costo puede incorporarse posteriormente al precio de sus propios productos.

La interdependencia entre las dos economías hace que la disputa tenga efectos en ambos lados de la frontera. Canadá depende especialmente del mercado estadounidense: alrededor del 70 % de sus exportaciones tienen como destino Estados Unidos, según estimaciones citadas por Reuters. Por ello, una reducción de las ventas hacia ese mercado puede afectar la producción, el empleo y la inversión canadiense.

Estados Unidos, en cambio, tampoco está aislado de las consecuencias. Las empresas estadounidenses utilizan productos y materias primas canadienses en sectores como la manufactura, la construcción, la alimentación y la industria automotriz. Un aumento de los costos de importación puede terminar reflejándose en los precios y añadir presión a la inflación.

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