El club de los que no quieren elegir bando: las potencias medias buscan su sitio entre EEUU y China
No hay un muro que divida el mundo en dos. Hay países que compran armas a un socio, venden materias primas a otro, comparten organismos con sus competidores y firman acuerdos tecnológicos con empresas de ambos lados. Esa mezcla, cada vez más habitual, está convirtiendo la rivalidad entre Washington y Pekín en algo mucho menos ordenado que una nueva Guerra Fría. India coopera con Estados Unidos en el Quad, pero comparte los BRICS con China y Rusia. Turquía sigue dentro de la OTAN mientras explora fórmulas de cooperación con Pekín, Moscú y otras potencias regionales. Brasil mantiene a China como principal socio comercial y, al mismo tiempo, continúa buscando inversión y tecnología estadounidense para sectores estratégicos. Incluso Canadá, uno de los aliados históricos más estrechos de Washington, está reforzando sus vínculos con Europa para reducir una dependencia que durante décadas parecía casi inevitable. No todos persiguen lo mismo ni parten de la misma posición. Tampoco forman un bloque alternativo a Estados Unidos y China. Lo que comparten es una preocupación cada vez más visible por conservar margen de maniobra en un escenario en el que la competencia entre las dos grandes potencias se extiende mucho más allá de la diplomacia. Defensa, semiconductores, inteligencia artificial, energía, minerales críticos o cadenas de suministro se han convertido en terrenos donde una dependencia excesiva puede terminar condicionando decisiones políticas. De ahí que la estrategia ya no pase necesariamente por escoger un socio y cerrar la puerta al otro. Cada vez más gobiernos intentan repartir riesgos. Pueden apoyarse en Washington para reforzar su seguridad, recurrir a Pekín para sostener su comercio, participar en organismos donde coinciden con ambos y construir al mismo tiempo capacidades propias para evitar que cualquiera de los dos tenga demasiado peso sobre sectores esenciales. Ese movimiento se ha hecho especialmente visible entre las llamadas potencias medias, países con suficiente peso económico, demográfico o regional como para influir en el equilibrio internacional, pero sin capacidad para imponer por sí solos las reglas del sistema. India, Brasil, Turquía, Arabia Saudí, Indonesia o Canadá encajan de maneras distintas en esa categoría y están utilizando precisamente esa posición intermedia para multiplicar socios y ganar autonomía. La consecuencia es un mapa internacional cada vez más difícil de ordenar en bloques cerrados. Las alianzas tradicionales siguen existiendo, pero son menos exclusivas; los socios pueden coincidir en seguridad y enfrentarse en comercio, compartir organizaciones multilaterales y competir por inversiones, o buscar acuerdos puntuales con países situados en campos aparentemente opuestos. La pregunta ya no es únicamente de qué lado está cada Estado, sino hasta qué punto está dispuesto a depender de uno solo. Canadá mira a Europa para reducir su dependencia de EEUU Pocos países permiten entender mejor ese cambio que Canadá. La relación con Estados Unidos sigue siendo difícil de sustituir por razones geográficas, económicas y militares. Alrededor del 70% de las exportaciones canadienses tiene todavía como destino el mercado estadounidense y ambos países comparten estructuras de defensa continental e inteligencia desarrolladas durante décadas. Precisamente por eso...

