Los tres frentes abiertos que ahogan a Trump: Irán, revuelo republicano y trinchera comercial
Donald Trump afronta el verano atrapado en tres frentes que se alimentan entre sí. La guerra contra Irán, presentada inicialmente como una operación rápida y decisiva, se aproxima a su quinto mes sin un desenlace reconocible. El conflicto comienza a erosionar la disciplina del movimiento MAGA y ha llevado incluso a congresistas republicanos a cuestionar las decisiones de la Casa Blanca. Al mismo tiempo, el presidente ha reconstruido su muralla arancelaria, abriendo una nueva trinchera comercial cuando el encarecimiento del petróleo vuelve a amenazar el bolsillo de los estadounidenses. La imagen de fuerza que Trump trata de proyectar choca con una realidad más incómoda. La madrugada de este sábado ha dejado una pausa en los bombardeos estadounidenses después de casi dos semanas de ataques nocturnos, pero no una distensión. Irán mantiene sus amenazas contra las bases norteamericanas, los hutíes han extendido el conflicto al mar Rojo y Arabia Saudí ha respondido atacando objetivos en Yemen. La guerra ya no se limita al intercambio de golpes entre Washington y Teherán: se desplaza por una región plagada de bases militares, instalaciones petroleras y rutas comerciales esenciales. La escalada coincide con un momento especialmente delicado para el presidente. Las elecciones legislativas de noviembre se acercan y la Casa Blanca necesita recuperar el control de la conversación económica. Sin embargo, el petróleo ha vuelto a superar los 100 dólares por barril, la guerra ha costado ya decenas de miles de millones y la nueva ofensiva arancelaria amenaza con mantener elevados los precios. El mismo Trump que prometió acabar con las guerras interminables y reducir el coste de la vida se encuentra ahora defendiendo un conflicto prolongado y nuevos impuestos sobre las importaciones. Una guerra sin final y cada vez más regional Estados Unidos e Israel iniciaron el 28 de febrero su ofensiva contra Irán con ataques sobre instalaciones militares, nucleares y dirigentes de la República Islámica. Trump presentó entonces la operación como una intervención limitada para impedir que Teherán obtuviera un arma nuclear. Desde entonces, la campaña ha atravesado treguas parciales, negociaciones fallidas y nuevas rondas de ataques sin que la Administración haya definido públicamente qué condiciones permitirían declarar terminada la guerra. El breve alto el fuego negociado en junio no logró cerrar el conflicto. Las hostilidades se reanudaron en julio y Washington amplió progresivamente sus objetivos, desde las defensas costeras y las instalaciones navales iraníes hasta puentes, ferrocarriles, centros de comunicaciones y otras infraestructuras próximas a Teherán y Bandar Abbas. Irán respondió con drones y misiles contra posiciones estadounidenses en Irak, Jordania, Kuwait y otros puntos del golfo. La factura humana y económica ha ido creciendo. El Pentágono cifra en 37.500 millones de dólares el coste acumulado y previsto hasta el final del ejercicio fiscal. Al menos 18 militares estadounidenses han muerto y cientos han resultado heridos desde el comienzo de la guerra. Esta semana, Trump participó en la recepción de los restos de cuatro soldados fallecidos en ataques iraníes en Jordania e Irak, una ceremonia que trasladó al presidente una imagen difícil...

