Para los agoreros del apocalipsis, esos que un día se les ocurrió decir que había que reindustrializar Castilla y León, llegan los datos de las exportaciones para darles con la realidad en los morros. La industria del automóvil, la poderosa industria de la automoción, es la que sostiene el superávit de nuestra balanza comercial, que es todo un síntoma de prosperidad. Vendemos fuera más de lo que compramos. Y ese es un motivo más para mimar a esta industria que cose parte de nuestra comunidad, especialmente en el eje que va de Valladolid a Burgos pasando por Palencia, pero con ecos también en otras provincias.
Han funcionado a las mil maravillas los planes industriales en los que ha participado la Junta con Renault, ofreciéndole a la compañía del rombo algo que es marca de Castilla y León, la solvencia y la seguridad en los desarrollos y las inversiones. Algo en lo que ha tenido un papel fundamental el Diálogo Social, que es una fórmula nuestra que opera a la perfección cuando se aplica para el bien común, como se ha hecho con Renault. Seguramente esos planes industriales hay que seguir expandiéndolos, cogiendo el modelo ideado en su tiempo por José Vicente de los Mozos, a otros sectores de la industria de la automoción, ya sean ruedas, camiones o auxiliares. Ese es el camino para generar confianza. Y eso, entre otras cosas, es lo que están reclamando empresas como Renault o Michelin para seguir operando y creciendo con la fuerza que lo han hecho hasta ahora en nuestra comunidad. Lo que ni les consuela ni les tranquiliza son los planes de Bruselas que van encaminados a fomentar el coche chino, ese que deja unidades y ventas aquí, pero no empleo, a costa de penalizar a las fábricas de aquí por culpa de un vertiginoso plan de emisiones que sólo vamos a cumplir nosotros en el planeta a costa de arruinar nuestra industria. Europa, con sus burócratas de alta gama y sus sueldos de millonarios, pretende que vivamos del aire. Nunca mejor dicho. Y de momento, vivimos, del aire, de nuestro medio ambiente, de nuestro campo, de nuestra industria agroalimentaria, pero también de nuestros coches, nuestros motores y nuestras ruedas. Bruselas se ha convertido en un lastre para Europa. Por eso no está de más tomar la iniciativa mientras en Bruselas deciden qué quiere ser Europa de mayor, mientras tenemos a chinos y norteamericano soplándonos en el cogote para hacerse con el pastel de coche del futuro, que no sabemos si será eléctrico, híbrido o a pedales. Pero para llegar al futuro es imprescindible afianzar el presente, el actual y el inmediato. La Junta debería tomar la iniciativa otra vez.