09 de octubre 2026 - 19:10
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09 de octubre 2026 - 19:14
La salud se ha convertido en uno de los principales motores del cambio de comportamiento de compra: el 72% de los consumidores europeos busca activamente productos que mejoren su bienestar físico y mental y casi la mitad toman suplementos alimenticios. El sector agroalimentario andaluz, referente en calidad, seguridad e innovación, ofrece a ese mercado único de 450 millones de personas todo lo que demandan los nuevos hábitos de consumo: alimentos funcionales con un alto contenido de nutrientes, ricos en proteínas y fibra añadida y una concentración óptima de minerales, vitaminas y moléculas bioactivas. Las frutas, hortalizas, aceite, vino y cereales del campo español que llegan a los lineales del viejo continente aportan propiedades y compuestos saludables con los que prevenir enfermedades y hasta el envejecimiento. No son mitos ni leyendas de la comercialización para poder acceder a nuevos nichos de valor, sino de una realidad que está constatando la ciencia con innumerables investigaciones que acreditan el binomio entre los productos de la agricultura y una mayor calidad de vida de quien los consume.
Andalucía exporta salud y se ha convertido en la botica de Europa. La biotecnología y las innovaciones de una agricultura altamente cualificada, moderna y con identidad propia que cumple todos los estándares de calidad, seguridad y trazabilidad permitirán seguir avanzando en la respuesta a las demandas del consumo, pero también hacia la más que necesaria revolución verde y sostenibilidad. No hay mejor marca Andalucía y España que promover la salud de los que consumen los alimentos, la de los suelos que producen el milagro agrícola y la salud económica de los que cultivan la tierra. Un modelo productivo que ha convertido a esta región en referente agroalimentario de Europa, garantizando una soberanía alimentaria que debería estar al mismo nivel de prioridad que la defensa y energía en un contexto geopolítico inestable.
Las oportunidades de presente y futuro del sector, que batió récord de exportaciones en el último año con más de 78.000 millones de euros de facturación en España, son el faro que alumbra un camino lleno de obstáculos. Los agricultores se enfrentan hoy a uno de los mayores procesos de transformación de la historia de su noble oficio ancestral. En las últimas décadas han venido demostrando con creces su alto grado de resiliencia y adaptación a los desafíos cambiantes que han ido surgiendo en todos los ámbitos, desde los económicos, ambientales y climáticos, a los de la política exterior y las legislaciones de propios y terceros, sin olvidar algunos tan inesperados como la pandemia. En el primer cuarto de siglo, el sector agroalimentario del sur de Europa ha tenido que afrontar costes disparatados en insumos como la energía, fertilizantes y materias primas, recesiones, competencias desleales, virus demoledores como el Thrips parvispinus o el pulgón, sin olvidar el avance de la emergencia climática con temperaturas devastadoras, episodios prolongados de sequía y otros fenómenos meteorológicos extremos.
Como el corcho que siempre sale a flote, el campo andaluz ha logrado sobreponerse a los contratiempos puntuales y estructurales gracias a su capacidad innata de sacrificio y, sin perder sus señas de identidad, ahora le toca emprender un nuevo itinerario hacia la transición ecológica y la transformación de procesos y mentalidades. Sin dejar de ser un sector tradicional, los productores agrícolas se han consolidado como motor estratégico de futuro y están construyendo el modelo productivo del siglo XXI con sistemas más modernos y sostenibles para garantizar la seguridad y autonomía alimentaria. En un mundo en el que la tecnología transforma cada rama de actividad, la agricultura no puede quedarse atrás. Cada día son más las empresas del sector primario que apuestan por la sostenibilidad y digitalización, conscientes de la relevancia de evolucionar hacia un ecosistema que sea más respetuoso con el medio ambiente, pero también más rentable y competitivo.
Y ahí la innovación es crucial para abordar nuevos desafíos del clima y la competencia, pero la agricultura inteligente no puede avanzar por separado y debe ir acompañada siempre del uso de los recursos eficiente y socialmente inclusivo. Producir más, mejor y de forma sostenible a partir de la agrotecnología. Un modelo de bioeconomía circular con recetas ya tradicionales como la transformación de residuos en compost y fertilizantes, la producción libre de pesticidas con control biológico generalizado de plagas o la optimización de los riegos incrementando el agua de mar y reutilizada. Pero también mediante la digitalización de la agricultura de precisión que revolucione los métodos de cultivo con la combinación de la inteligencia artificial, automatización y biotecnología. Y no es una cuestión de futuro, el presente está ya en los invernaderos y explotaciones de la región: fertirrigación por IA, monitoreo de fincas y cultivos con drones, robótica, control climático basado en IoT o blockchain para la trazabilidad agropecuaria posibilitan reducir el uso de fertilizantes y el consumo de agua, optimizar el control de las plagas, mejorar la calidad de los productos y acrecentar el rendimiento de las explotaciones.
Avances que permiten dar respuesta a las demandas crecientes del mercado global y rebajar la huella de carbono en consonancia con las políticas del Pacto Verde Europeo. Una agricultura altamente cualificada e innovadora, a la vanguardia tecnológica, de la que brota un producto más saludable con un nivel de exigencia social, ecológica y productiva que no deja lugar a visiones parciales. A partir de la revolución verde del sector se debe garantizar la rentabilidad de la tierra y empresas para conseguir la sostenibilidad ambiental, pero también la económica. Es el camino para seguir creciendo y liderando la comercialización y facturación frente a las amenazas en toda la cadena porque aquellos que en su día no eran competencia han aprendido y crecido lo suficiente como para poner en riesgo los actuales y futuros mercados. El sector tiene talento para dar el salto de calidad y seguir evolucionando hacia la innovación basada en una triple alianza de futuro que permita conectar agricultura, tecnología y sostenibilidad.
Esta transformación ya iniciada hacia un sistema alimentario más resiliente, justo y sostenible debe garantizarse desde la gestión pública y contar con el sostén de una nueva Política Agraria Común (PAC) que desde corazón de Europa ayude a afrontar retos como el relevo generacional, cambio climático, transición ecológica y competencia desleal de terceros. El nuevo marco financiero del periodo 2028-2034 no convence ni a los agricultores ni ganaderos españoles por la reducción económica y la desaparición de dos fondos específicos que han sido pilares de la Política Agraria Común como el FEAGA y el FEADER, así como las ayudas a los agricultores jubilados. No hay tiempo que perder en la articulación de un frente común entre Gobierno, comunidades autónomas y organizaciones de la agricultura, ganadería y pesca para defender un incremento de las futuras partidas presupuestarias en las que se ha previsto destinar poco más de un euro a la ‘hucha común europea’ de cada cien de valor que genera. Esta ayuda llega a 210.000 beneficiarios en Andalucía, un tercio de los perceptores a nivel nacional.
El Ministerio de Agricultura ha propuesto que el 10% del presupuesto de la futura PAC se destine al relevo generacional que es uno de los grandes desafíos del sector. Si no hay jóvenes interesados en cultivar pepinos en los invernaderos o pastorear rebaños en las sierras se acabará mermando la capacidad de producción del sector hasta el punto de agravar una dependencia de la mano de obra extranjera que genera incertidumbre. Este envejecimiento es un dato demográfico que ya pone en peligro el sustento de una cultura y economía centenaria. Son más necesarias que nunca las políticas que dignifiquen la profesión desde las escuelas para que niños y niñas conozcan que el alimento no nace en el lineal de un supermercado y que detrás de cada kilo de tomates está el esfuerzo de miles de agricultores de cooperativas, empresas y familias. Deben promoverse ayudas directas para que los jóvenes sigan emprendiendo y tomen el relevo, como los 130 millones que la Junta ha destinado a la incorporación de 2.455 andaluces, además de las orientadas a modernizar explotaciones y paliar la subida de precios de los fertilizantes sin dejar de avanzar en la simplificación burocrática.
Asuntos que se abordan con profusión de detalles y análisis en un nuevo Anuario de la Agricultura & Alimentación, que alcanza su decimotercera edición. Grupo Joly ha vuelto a radiografiar la evolución de un sector que cotiza al alza y pretende convertirse en el vehículo perfecto para poner en valor el sacrificio de generaciones de agricultores, la excelencia de su producción y los retos y desafíos cambiantes los que se enfrenta el campo. Un libro de cabecera que contribuya a reforzar una inquebrantable alianza de todos los actores implicados frente a la inestabilidad de los mercados y la necesaria alianza institucional para la defensa y promoción de la alacena del viejo continente que sostiene la economía de miles de familias españolas y alimenta a millones de ciudadanos del mundo. Tan sólo en Andalucía genera más de 563.000 empleos y concentra casi el 21% de las exportaciones agroalimentarias del país, siendo la región en la que tiene mayor peso económico y el superávit comercial más alto.
Esta publicación es una recopilación del presente y futuro de este sector imprescindible para el tejido empresarial, un exhaustivo manual que desgrana el rumbo de tres modelos (agrícola, pesquero y ganadero) capaces de sobreponerse a todas las dificultades que surgen con demasiada frecuencia para seguir siendo uno de los pilares de la creación de empleo y riqueza en las comunidades que aparecen representadas en este Anuario de la Agricultura & Alimentación 2026. De un manual inicial centrado en la evolución de la agricultura andaluza hemos ido ampliando el marco para abarcar otros dos pilares del suministro alimentario, sumando la industria cárnica y pesquera a la de las frutas y hortalizas. Una dimensión que seguirá creciendo en los próximos años y que sólo está al alcance del Grupo Joly como referente en la información y proyección de las empresas que conforman y sustentan la despensa y botica de Europa.
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