A sus 52 años de edad, Elizabeth Concepción Diéguez está orgullosa de haber fundado el emprendimiento Kasiq'No Eventos, uno de sus mayores sueños en un entorno familiar lleno de amor y alegría.
Creció rodeada de abuelos, tías y primos que hicieron de su niñez una etapa de juego, diversión y paseos. El camino educativo comenzó en la escuela Mario Pozo, una tradición familiar que perdura a lo largo de los años. “Estudié en la vocacional José Martí Pérez y mi pasión por el conocimiento me llevó a Santiago de Cuba, donde inicié la carrera de Biología; en cuarto año decido no continuar, trasladándome a Holguín, superándome en cursos de idiomas y computación”, explica Concepción Diéguez.
Con sólida base académica, Elizabeth comenzó a forjar su camino profesional. “Trabajé en el Ministerio de Comercio Exterior como jefa de despacho del delegado en Holguín. También ejercí de cajera al fundarse la tienda Luz de Yara y durante quince años en tiendas Caracol”.
En el año 2017 retoma los estudios universitarios en curso por encuentro de la carrera licenciatura en Turismo. Al hablar de la trayectoria académica, el rostro se ilumina recordando a sus docentes. “Pienso con estima en el profesor Francisco Feria, quien nos enseñó la importancia de la excelencia, ese mérito nunca se lo vamos a poder quitar. También recuerdo a mi tutora Rosa Palau, entre tantos otros que nos transmitieron conocimientos invaluables”.
La conexión con sus compañeros es igualmente fuerte. “Siento alegría inmensa cada vez que los veo, a pesar de que algunos han tomado caminos diferentes, el vínculo permanece intacto”, dice la licenciada.
La llegada del COVID-19 trajo consigo desafíos inesperados, pero también oportunidades. “Comencé mi vida como emprendedora en medio de la pandemia, estableciendo un negocio de impresión de documentos desde el hogar, colaborando con diversas empresas”, añade Concepción Diéguez.
A medida que las restricciones se fueron levantando, transformó su patio en espacio para eventos. “Decidimos comenzar a rentar el patio para cumpleaños, bodas y todo tipo de celebraciones. El proyecto es un sueño que había acariciado durante mis estudios en turismo como forma de aplicar los conocimientos adquiridos en la universidad”.
Para ella cada detalle cuenta: “Me siento realizada profesionalmente porque estoy trabajando en lo que estudié, aplicándolo en la forma de presentar los platos, programar cada día, analizar los aspectos para que todo salga bien, atender al cliente y el servicio”, comparte con entusiasmo. Elizabeth Concepción no está sola en esta aventura; su familia es columna vertebral. “Nuestra familia es la que trabaja, mi esposo Robert, con quien llevo dieciocho años de casada, mi hija Claudia Elizabeth Ochoa Concepción, graduada en restauración y conservación de obras de arte, y mi madre, que con 80 años siempre está dispuesta a ayudar”.
“Todos nos llevamos bien, nos encanta reunirnos. Ya casi no tenemos tiempo, pero cada vez que surge la oportunidad, reímos y disfrutamos juntos, eso nos gusta”.
La jornada comienza temprano, si el día anterior fue muy atareado, su esposo le permite dormir un poco más, pero una vez despierta, no hay descanso. “Soy un ciclón, el tiempo es oro, preparo todo lo comestible el mismo día para garantizar frescura. Cuando me ven atareada todos se suman”, cuenta la emprendedora.
El día a día de Elizabeth es un torbellino de actividades. “Es un día de locos porque hacemos de todo, desde cocinar hasta preparar tragos para que al llegar los clientes disfruten sin preocupaciones. Una vez que reservan con nosotros, sin importar las inclemencias del tiempo, adaptamos los espacios para que pueda disfrutar y se sientan felices”.
En cuanto a los retos energéticos, encontró soluciones innovadoras: “Contamos con paneles solares y un sistema creado para mantener la energía; no obstante, las eventualidades existen, hemos cocinado con petróleo y carbón”, asevera Diéguez.
La mujer guerrera y emprendedora de estos tiempos se enfrenta a cada ocasión con el mismo fervor. “El momento en el que siento satisfacción es cuando los niños se quieren quedar a vivir aquí. Adoro trabajar con ellos, son el público más difícil, pero no hay mejor medidor para saber si tu negocio va bien que la opinión de un infante”.
En estos tiempos complicados, reflexiona sobre las características que debe tener un emprendedor. “El amor por lo que haces es fundamental, la pasión y dedicación, porque cada día trae sus propios desafíos. Mi mantra se basa en el compromiso y la atención al detalle”.
Lidiar con situaciones puntuales es parte de su trabajo, sin embargo, el enfoque proactivo da resultados. “Reservamos con contrato, al que el cliente debe ajustarse, somos un espacio familiar por lo que toda conducta debe mantenerse bajo ese concepto”.