La amenaza del secretario del Tesoro, Scott Bessent, de lanzar una ofensiva económica contra Irán, anunciada el lunes, presenta el riesgo de poner a Estados Unidos en rumbo de colisión con China, su principal socio comercial.
El lunes, Bessent prometió una “ofensiva económica contra las conexiones financieras de Irán en todo el mundo”, mientras el presidente Donald Trump intenta poner fin a su impopular guerra en Medio Oriente que ya cumple seis meses.
Estas renovadas sanciones fueron desafiadas por Irán: el ministro de Economía iraní, Ali Madanizadeh, afirmó que Teherán estaba "plenamente preparado" para las sanciones, que, según él, supondrían "otra derrota" para Estados Unidos.
Una colisión con China ocurrirá si Bessent realmente cumple una amenaza que el gobierno de Trump ya ha hecho previamente. Y muchos dudan de que lo haga, especialmente cuando se trata de China —que compra alrededor del 90% del petróleo de Irán—, mientras Washington intenta mantener una frágil tregua comercial con Beijing y evitar un shock económico mundial.
Bessent anunció decenas de nuevas sanciones contra entidades, personas y embarcaciones, pero el mensaje principal de una conferencia de prensa de alto perfil fue la amenaza de imponer las llamadas sanciones secundarias contra empresas y países que continúan haciendo negocios con Irán.
China defendió su cooperación con Irán en respuesta a las últimas declaraciones de Bessent. En una conferencia de prensa habitual el martes, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Lin Jian, advirtió sobre posibles represalias en la primera reacción oficial de Beijing a las nuevas medidas.
“La cooperación de China con Irán siempre se ha llevado a cabo dentro del marco internacional y no debe ser objeto de interferencias ni menoscabada”, dijo. “China sigue de cerca los acontecimientos pertinentes y tomará todas las medidas necesarias para salvar firmemente sus propios intereses”.
China es, por amplio margen, el mayor comprador de petróleo iraní y constituye un vínculo crucial de Teherán con la economía mundial. Eso significa que cualquier esfuerzo por cortar realmente las fuentes de ingresos que aún le quedan al régimen sería extremadamente difícil sin apuntar a empresas chinas. Trump ha dicho previamente que EE.UU. impondría sanciones secundarias a cualquier país o empresa que compren petróleo iraní, pero nunca lo llevó a cabo.
La medida marca un giro desde las amenazas de una mayor escalada militar hacia un renovado énfasis en la presión económica. Es poco probable que una campaña que excluya a China tenga un impacto sustancial sobre Irán, pero enfocarse en empresas chinas podría provocar represalias y, potencialmente, más daños para la economía mundial.
Eso se debe en parte a que incluir a empresas chinas en una lista negra corre el riesgo de abrir una nueva confrontación económica con Beijing. Hacerlo ahora fracturaría los lazos entre EE.UU. y China apenas unas semanas antes de que Trump y el presidente chino, Xi Jinping, se reunieran en septiembre.
Consultado directamente el lunes sobre la posibilidad de golpear a China con nuevas medidas económicas, Bessent dijo que “nadie está fuera del alcance de las sanciones de EE.UU.”, pero que prefería la “diplomacia discreta”, y agregó: “No vamos a dar nombres”.
“Bessent eludió en gran medida las preguntas sobre China”, dijo Craig Singleton, investigador sénior de la Fundación para la Defensa de las Democracias, con sede en Washington. “Eso tiene sentido desde el punto de vista táctico antes de la cumbre del próximo mes, pero estratégicamente corre el riesgo de reforzar la percepción de Beijing de que Washington es reacio a imponer costos importantes a grandes actores chinos”.
China ha sostenido durante mucho tiempo que las sanciones unilaterales de EE.UU. contra Irán son ilegítimas. Y aunque el sector estatal chino ha cumplido en gran medida con las restricciones —para limitar las consecuencias económicas y preservar el acceso al sistema financiero estadounidense—, Beijing ha permitido que refinerías privadas independientes utilicen mecanismos alternativos para importar y procesar crudo iraní.
En mayo, China ordenó a empresas nacionales no cumplir con las sanciones de EE.UU. contra cinco refinerías, mientras sus mayores bancos quedaron atrapados entre la directriz de Beijing y el riesgo de perder el acceso al sistema financiero estadounidense.
Si EE.UU. golpeará a China de manera significativa —por ejemplo, apuntando a un banco chino—, Beijing lo consideraría “no solo desestabilizador e insultante, sino también un incumplimiento de” la tregua comercial acordada previamente por Trump y Xi, dijo Michael Sobolik, investigador sénior del Hudson Institute.