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Basado en hechos observados y verificados directamente por nuestros periodistas o por fuentes informadas.
El periodista Brais Cedeira reconstruye en 'Aduana' el caso de Óscar Sánchez Gil, un alto cargo policial al que se le encontraron 20 millones de euros emparedados en su casa, a partir de cientos de horas de entrevistas y documentos inéditos.
El 6 de noviembre de 2024, agentes de la Unidad de Asuntos Internos de la Policía Nacional detenían a Óscar Sánchez Gil, jefe de la Sección de Delitos Económicos de la Brigada provincial de Policía Judicial de la Jefatura Superior de Madrid. Ese mismo día, Asuntos Internos había descubierto 20 millones de euros escondidos por las paredes en su casa en la localidad madrileña de Alcalá de Henares y casi otro millón escondido en su despacho.
La detención, se produjo en el marco de una operación desarrollada en Algeciras relacionada con el narcotráfico, el blanqueo de capitales y el cohecho, supuso un escándalo de enormes dimensiones al evidenciar que la corrupción policial vinculada al narcotráfico había alcanzado a un alto mando del nivel de Sánchez Gil, supuestamente el encargado de dar cobertura a la entrada de droga en España en grandes contenedores.
Brais Cedeira (Baiona, 1993), dedicado a asuntos de Interior, Defensa, Investigación y Sucesos en el periódico El Español, se ha servido de esta mediática operación para escribir un ensayo que se lee como un thriller en el que revela los mecanismos ocultos del narcotráfico global. Aduana, publicado por la editorial Planeta, lleva por título el mote que recibía este "garbanzo negro" de la cúpula policial cuya detención encendió las alertas sobre la creciente capacidad de las mafias del narcotráfico para infiltrarse y corromper a las fuerzas policiales en España.
¿Cómo es posible que durante tantos años un capo de la droga, como Óscar Sánchez Gil, pudiera operar sin que nadie se diera cuenta dentro de la Policía ?
Lo has definido muy bien, era un capo, realmente un capo de la droga. Así lo consideran los policías que lo atraparon. Cuando descubrieron lo que estaba haciendo, dejó de ser un policía para ellos y pasó a ser un capo. Lo cierto es que consiguió mantenerse durante tanto tiempo porque, por lo que hemos podido averiguar en el libro, era una persona muy inteligente, con una gran destreza para disimular. Durante años abrió investigaciones falsas contra sus colaboradores y consiguió establecer una especie de red dentro de la Policía, utilizando la propia inteligencia policial en beneficio de la organización para la que trabajaba. Eso es muy difícil de detectar, porque las investigaciones se cruzan entre distintos grupos. Él conseguía introducirse continuamente en las operaciones que llevaba a cabo la Unidad de Droga y Crimen Organizado de la Policía Nacional (UDYCO), sus propios compañeros de drogas y crimen organizado. De esta manera, podía interferir en las investigaciones.
El caso terminó saliendo a la luz cuando la UDYCO interceptó un par de contenedores, uno de ellos con 1,6 toneladas de droga, y no había nadie detrás de la operación. Los policías empezaron a sospechar que alguien estaba colaborando desde dentro. Asuntos Internos se puso manos a la obra, recibió un chivatazo de la propia UDYCO Central y analizó el patrimonio de este agente. Detectaron incrementos injustificados tanto en sus ingresos en efectivo como en las inversiones que estaban realizando él, su mujer y otros familiares.
¿Hasta qué punto estamos ante un caso excepcional dentro de la Policía?
Es el caso más excepcional que ha habido en la Policía, no solo por el tiempo que estuvo trabajando para el narcotráfico, sino también por la cantidad de dinero que apareció cuando registraron su casa. Los responsables de la operación insisten mucho en que nunca se había incautado tanto dinero a un policía, pero es que tampoco a un narcotraficante se le había encontrado semejante cantidad de efectivo. El registro está descrito minuciosamente, tanto en las anotaciones manuscritas como en los documentos posteriores. Cuando los agentes empezaron a abrir las distintas estancias de la casa, el dinero se multiplicaba hasta tal punto que las máquinas de contar billetes llegaron a estropearse, una auténtica locura. Además, tenía un perfil tan bajo y era tan discreto que sorprendió incluso a los propios agentes. Él mismo fue el más sorprendido, porque estaba tan convencido de que nunca lo atraparían que tenía todo aquel dinero en casa como si nada.
Un caso así, ¿hasta qué punto puede dañar la reputación de la Policía en general y de la UDYCO en particular?
La UDYCO ha sufrido cierto desprestigio en los últimos años. Ellos mismos son conscientes. Por supuesto, casos como este perjudican la imagen de la Policía, pero no hay que olvidar que fueron otros policías quienes lo atraparon. Eso demuestra que, aunque el sistema llegó tarde y durante seis años este hombre pudo operar con total impunidad, finalmente acabó funcionando. La operación es un ejemplo muy claro. Hay tantas pruebas contra él que el juez ha prorrogado su estancia en prisión y, probablemente, permanecerá allí hasta que se celebre el juicio, que podría llegar el año que viene o el siguiente.
¿Podemos hablar de un problema estructural de corrupción policial relacionado con el narcotráfico que no está recibiendo suficiente atención por parte del Ministerio del Interior?
En el libro aportamos datos sobre una cifra sostenida de agentes implicados en este tipo de casos durante los últimos quince años. No ha experimentado grandes variaciones, sino que se ha mantenido bastante estable. Sin embargo, en los últimos cuatro o cinco años han salido a la luz varios casos de policías de cierto rango, incluidos jefes de unidades antidroga e incluso equipos enteros que han sido detenidos o investigados. Y no ocurre únicamente en la Policía Nacional: también hay casos en la Guardia Civil. En el libro recojo las palabras de la fiscal antidroga Rosana Morán, que insiste en que el crimen organizado necesita policías y otros agentes corruptos para funcionar. Existe un problema soterrado al que quizá no se está dando la importancia que realmente tiene.
¿Qué hace que estos agentes sean corruptibles? ¿La falta de medios y financiación o la creciente capacidad económica de las organizaciones narcotraficantes?
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