Otto Johann Anton Skorzeny nació en Viena, capital del Imperio austrohúngaro, el 12 de junio de 1908. Era hijo de una familia de clase media acomodada con tradición en la ingeniería y la artesanía. La niñez de Otto estuvo marcada por la dureza de la posguerra: cuando era todavía un nene, vivió la derrota de la Primera Guerra Mundial. Aquella experiencia temprana de escasez, colas de pan y frío en los inviernos austriacos quedó grabada en su carácter.
En la adolescencia ya era un hombrón de 1,92 metros. Su constitución atlética lo llevó a destacarse en deportes, especialmente en el esquí, la equitación y la esgrima universitaria. Fue precisamente en los duelos de esgrima estudiantil, donde recibió una de sus marcas físicas más características, una estocada le abrió la mejilla izquierda desde el pómulo hasta cerca de la comisura del labio.
Se recibió de ingeniero mecánico y trabajó en la industria metalúrgica. Esa experiencia técnica sería clave más tarde para comprender el funcionamiento de armamentos y operaciones logísticas militares. Por entonces se casó con Ilse Lüthje, una joven que lo acercó a los círculos políticos, pues ella tenía familia vinculada a simpatizantes del régimen nazi.
Cuando Adolf Hitler anexó Austria al Tercer Reich en 1938, Skorzeny ya era un miembro activo del partido nacionalsocialista local. Se presentó como voluntario para ingresar en las Schutzstaffel (SS) y pronto sería seleccionado para su rama armada, las Waffen-SS. A los treinta años, con un físico imponente, cicatrices de honor que lo marcaban como combatiente, preparación técnica como ingeniero y fidelidad ideológica al régimen, estaba listo para iniciar la segunda etapa de su vida: la militar.
En 1939, al comenzar la Segunda Guerra Mundial, fue destinado a la Leibstandarte SS Adolf Hitler, la unidad de guardia personal del Führer, que además servía como escuela de mando.
Su formación se completó con instrucción en tácticas de infiltración y sabotaje, un campo donde su ingenio técnico lo destacó. Sabía manipular explosivos, calcular estructuras de puentes y trenes, y diseñar métodos para volar obstáculos con precisión quirúrgica.
Estas habilidades técnicas, sumadas a su audacia personal, lo convirtieron en candidato para operaciones especiales. En cuestión de meses, llegó al grado de capitán.
En septiembre de 1943, Skorzeny recibió la orden que lo consagraría como el “hombre más peligroso de Europa”, según lo bautizó la propaganda aliada. El contexto era crítico: Benito Mussolini había sido derrocado por el Gran Consejo Fascista y detenido por el nuevo gobierno italiano, que buscaba negociar con los Aliados. Fue entonces cuando la SS-Sonderverband z.b.V. Friedenthal, unidad especial de comandos en la que servía Skorzeny, recibió la misión de encontrar y rescatar al Duce.
Skorzeny localizó al líder fascista en el Hotel Campo Imperatore, un refugio alpino en el macizo del Gran Sasso, en los Apeninos, a 2000 metros de altura y protegido por tropas italianas. El 12 de septiembre de 1943, se lanzó la Operación Eiche (Roble). Utilizaron planeadores DFS 230 para aterrizar directamente junto al hotel en una meseta mínima. Skorzeny saltó de su planeador y corrió hacia Mussolini. En minutos, los guardias italianos fueron neutralizados.
Skorzeny escoltó personalmente a Mussolini, lo sacó del hotel y lo subió a un pequeño avión Fieseler Fi 156 Storch. Aquella escena fue filmada por equipos de propaganda y difundida en toda Europa: Skorzeny emergió como héroe del Reich.
Su reputación creció aún más en octubre de 1944, durante la Operación Panzerfaust en Hungría. El regente Miklós Horthy había iniciado negociaciones secretas con los soviéticos para retirar a Hungría de la guerra. Hitler encargó a Skorzeny asegurar el país. Con apenas unos cientos de hombres, Skorzeny ocupó el Castillo de Buda en Budapest, secuestró al hijo del regente, Miklós Horthy Jr., y lo envió a Alemania. Bajo esa presión, Horthy fue forzado a abdicar, y el gobierno fue entregado al partido fascista húngaro de Ferenc Szálasi. La operación mostró la capacidad de Skorzeny para usar audacia y violencia quirúrgica con impacto político decisivo.
La tercera acción que consolidó su fama fue en diciembre de 1944, durante la Batalla de las Ardenas, la última gran ofensiva alemana en el frente occidental. Hitler ordenó a Skorzeny organizar la Operación Greif, un plan de infiltración detrás de las líneas estadounidenses.
Con unidades vestidas con uniformes aliados, vehículos capturados y fluidez en el idioma inglés, debían confundir al enemigo, sabotear comunicaciones y tomar puentes clave sobre el río Mosa. Skorzeny entrenó a unos 2000 hombres, pero pocos hablaban inglés lo suficientemente bien. Aun así, sus comandos lograron sembrar el pánico: cambiaron señales de tránsito, desviaron convoyes y extendieron el rumor de que se planeaba asesinar al general Dwight Eisenhower.
El comando aliado se vio obligado a extremar medidas de seguridad, generando un clima de paranoia en sus propias filas. Aunque la ofensiva alemana fracasó, la audacia consolidó a Skorzeny como especialista en guerra psicológica y de engaño.
Además de estas operaciones célebres, Skorzeny participó en acciones menos conocidas, como intentos de asesinar a líderes enemigos y planes de infiltración en el Cáucaso, aunque muchos quedaron en fase de proyecto. Su figura creció gracias a la maquinaria propagandística de Joseph Goebbels, que lo presentó como el prototipo del oficial de élite: alto, cicatriz en el rostro, temerario, ingeniero convertido en soldado, capaz de hazañas que parecían sacadas de una novela de espionaje.