Damasco/Riad, 17 sep (SANA) Las repercusiones del conflicto regional están poniendo a prueba la capacidad de Arabia Saudita para mantener sus exportaciones de petróleo, en momentos en que varias de sus principales rutas —el oleoducto Este-Oeste, el estrecho de Ormuz y el mar Rojo— afrontan simultáneamente riesgos de seguridad y restricciones logísticas.
Durante meses, Riad recurrió al oleoducto Este-Oeste para trasladar crudo desde los yacimientos orientales hasta Yanbu, en el mar Rojo, reduciendo así su dependencia de Ormuz. Sin embargo, un ataque con drones obligó a suspender temporalmente las operaciones de esa infraestructura, lo que llevó al Reino a redistribuir nuevamente parte de sus envíos.
El episodio expone los límites de una estrategia basada en desviar las exportaciones de una ruta vulnerable a otra, pero también muestra los recursos con los que cuenta Arabia Saudita para amortiguar las interrupciones: una amplia infraestructura energética, capacidad de almacenamiento, flexibilidad logística de Aramco y margen fiscal para responder si la crisis se prolonga. El FMI ha señalado que la diversificación de la infraestructura petrolera y logística ha contribuido hasta ahora a limitar el impacto de la guerra sobre la economía saudí.
El oleoducto Este-Oeste, de unos 1.200 kilómetros, cruza la península arábiga y permite transportar petróleo hacia Yanbu sin depender del estrecho de Ormuz.
Según el Fondo Monetario Internacional, su capacidad alcanza los siete millones de barriles diarios, de los cuales alrededor de cinco millones pueden destinarse directamente a exportación desde el mar Rojo. Antes de la reciente interrupción, transportaba entre cuatro y cinco millones de barriles diarios, según fuentes citadas por Reuters.
El cierre temporal obligó a Arabia Saudita a aumentar nuevamente la utilización de sus terminales orientales. El plazo para recuperar plenamente el oleoducto sigue siendo incierto: el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, estimó que el bombeo podría reanudarse en cuestión de días, mientras que fuentes consultadas por Reuters situaron las reparaciones en hasta cinco o seis semanas, con la posibilidad de una reapertura parcial antes de completar los trabajos.
Ante la interrupción del corredor hacia Yanbu, Aramco intensificó las cargas desde Ras Tanura y Juaymah, en la costa oriental, y amplió las operaciones de transferencia de crudo entre buques frente al puerto omaní de Sohar, situado fuera del estrecho de Ormuz.
Ese mecanismo permite transportar el crudo desde terminales saudíes mediante buques lanzadera y transferirlo posteriormente a grandes petroleros frente a Omán. Aunque el petróleo sigue atravesando Ormuz en la primera parte del recorrido, reduce la necesidad de que los grandes buques de larga distancia entren en el Golfo.
La rápida redistribución muestra que, más que depender de una única vía de exportación, Aramco está alternando entre distintas rutas según las condiciones de seguridad y capacidad disponibles.
Arabia Saudita cuenta además con existencias de petróleo que le permiten cubrir parte de sus compromisos mientras se restablecen las rutas afectadas.
Estimaciones de Citi situaban en unos 14 millones de barriles las reservas disponibles en terminales de la costa occidental saudí, a las que se sumaban alrededor de 12 millones de barriles almacenados en Sidi Kerir y Ain Sukhna, en Egipto. Ese colchón ofrece margen para atender envíos a corto plazo, aunque su capacidad disminuye si la interrupción se prolonga.
La importancia de esas reservas aumenta porque el oleoducto Este-Oeste se había convertido durante los últimos meses en una pieza fundamental de la estrategia saudí para reducir su exposición a los problemas de navegación en Ormuz.
La reapertura del oleoducto, sin embargo, no eliminaría todos los riesgos. Su salida occidental desemboca en el mar Rojo, donde el deterioro de las condiciones de seguridad y las acciones del movimiento hutí en Yemen mantienen la presión sobre la navegación y las infraestructuras de la región.
Los hutíes han reivindicado recientemente ataques contra objetivos saudíes, mientras el conflicto en Yemen volvió a intensificarse. Esa situación deja a Riad ante un problema doble: desviar petróleo hacia el oeste reduce la dependencia de Ormuz, pero aumenta la exposición a las tensiones en el mar Rojo y Bab el-Mandeb; recurrir nuevamente a los puertos orientales devuelve parte del tráfico hacia Ormuz.
Por ello, la capacidad de cambiar rápidamente entre terminales, rutas terrestres, almacenamiento y operaciones marítimas se ha convertido en uno de los principales mecanismos para limitar las interrupciones.