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Nevaco Global
7 de agosto de 2026

Año XVIII, 7 de Agosto de 2026

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El abandono del foro ocurre en medio de la campaña para instalar en Valparaíso la Secretaría del Tratado de Alta Mar —donde el movimiento había respaldado por unanimidad la candidatura—, sin que el Gobierno exponga cómo compensará ese respaldo.

La decisión del actual gobierno de sacar a Chile del Movimiento de Países No Alineados, después de 55 años de participación, es uno de los giros diplomáticos más importantes en décadas. Y una señal sobre el lugar que el gobierno de José Antonio Kast espera que el país ocupe frente a la transformación del orden internacional y la competencia entre Estados Unidos y China.

La decisión parece responder menos a una evaluación concreta de costos-beneficios y más a un esfuerzo de alineamiento ideológico, así como a la necesidad de demostrar cercanía con Washington, aunque todavía no entregue beneficios económicos, diplomáticos ni estratégicos proporcionales.

El problema no consiste solamente en abandonar un foro antiguo. Consiste en hacerlo sin explicar qué obtiene Chile a cambio, en un momento en que las potencias medias necesitan más relaciones, más plataformas y más alternativas, no menos.

La Cancillería señaló que el Movimiento de Países No Alineados “ya no responde a los desafíos de la política internacional contemporánea”. La afirmación contiene una parte de verdad. El organismo ya no posee el peso que tuvo durante la Guerra Fría y su diversidad interna limita muchas veces su capacidad para actuar como bloque. Pero esa explicación no demuestra que permanecer perjudicaría a Chile, que existiera una incompatibilidad concreta con el interés nacional o que el Gobierno disponga de una plataforma alternativa para relacionarse con los 120 países que participan en él.

La supuesta obsolescencia del foro explica por qué podría haber perdido importancia, pero no cuál es la ganancia diplomática de abandonarlo. En política exterior, los mensajes, los símbolos y la comunicación estratégica pesan tanto como los acuerdos. Y el mensaje enviado es que Chile decidió alinearse.

El excanciller Heraldo Muñoz recordó que la participación chilena en los No Alineados permitió frenar los intentos de Bolivia por obtener respaldo durante el litigio marítimo ante la Corte Internacional de Justicia. También advirtió que el retiro ocurre en la antesala de la votación para definir la sede de la Secretaría del Tratado de Alta Mar. Chile busca instalarla en Valparaíso y compite con Bruselas y Xiamen. Para lograrlo necesita votos de África, Asia, el Caribe y los pequeños Estados insulares, precisamente los países que componen buena parte del movimiento.

En julio de 2023, el foro ya había respaldado por unanimidad la candidatura chilena. Salir durante la campaña significa abandonar voluntariamente una mesa donde Chile había conseguido apoyo para uno de sus principales proyectos multilaterales. No es una consecuencia abstracta, es entregar un activo diplomático sin saber qué se recibirá a cambio.

La salida también suma dificultades a la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas y reduce la capacidad de interlocución con países donde Chile mantiene una presencia bilateral limitada.

El también excanciller José Miguel Insulza aseguro que “este no es un gobierno no alineado”, sino uno que pretende “tener una alineación y tener socios preferenciales”. Esa frase permite comprender el cambio de fondo.

El Gobierno está reemplazando una política de autonomía mediante la diversificación, por otra basada en la identificación de un socio estratégico principal que no oculta sus intenciones de subordinar.

No alineamiento, sin embargo, no significa neutralidad. Chile podía mantener relaciones estrechas con Estados Unidos, comerciar intensamente con China, integrar la OCDE y participar en el Movimiento de Países No Alineados. Esa superposición no constituía una contradicción, sino una estrategia para estar dentro de múltiples espacios sin quedar subordinado completamente a ninguno.

El canciller Francisco Pérez Mackenna afirmó al inicio de su gestión que una de las prioridades del Gobierno era recomponer las relaciones con Washington y calificó a Estados Unidos como “probablemente” el principal socio estratégico de Chile.

Pero la cercanía ideológica entre José Antonio Kast y Donald Trump no produjo hasta ahora un trato privilegiado, todo lo contrario. Estados Unidos impuso a Chile aranceles de 12,5%, que alcanzaron cerca del 40% de los envíos hacia ese mercado. Si el retiro de los No Alineados pretendió enviar una señal a Washington mientras se negociaban esas medidas, el problema resulta todavía mayor. Chile habría entregado anticipadamente un activo diplomático sin obtener una concesión comercial.

Una política exterior pragmática no se evalúa por la cantidad de gestos de amistad ni por la cercanía ideológica declarada. Se evalúa por los resultados concretos que consigue.

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