El pasado 1 de junio entró en vigor un nuevo arancel de la Unión Europea que grava con tres euros los paquetes de comercio electrónico de menos de 150 euros que entran al espacio común procedentes de países extracomunitarios. La medida afectará sobre todo a las compras online en plataformas como Shein, Temu o AliExpres.
Esta nueva tasa Shein, como ya empieza a ser conocida, se aplicará de forma temporal hasta que entre en vigor la reforma arancelaria definitiva prevista para 2028. Bruselas también contempla la posibilidad de prorrogar la medida más allá si para dicha fecha no está en marcha la reforma aduanera prevista.
El recargo de tres euros se aplica por categoría de producto, no por pedido. Esto significa que si compramos, por ejemplo, una camiseta, un pantalón y un vestido, tendremos que abonar nueve euros en total, a razón de tres euros por categoría. En cambio, si adquirimos tres camisetas, únicamente pagaríamos tres euros, al ser tres productos de la misma categoría.
Esta nueva medida arancelaria está siendo interpretada como una respuesta de la UE a los impactos económicos, sociales y ambientales de la llamada ultra fast fashion, o moda ultrarrápida. Por este motivo, desde OKGREEN hemos querido conocer la valoración de Gema Gómez, directora de Slow Fashion Next y una de las voces más influyente de la moda sostenible en España.
Para la experta, la nueva tasa significa que «Europa está empezando a regular el modelo de negocio del comercio online, que ha crecido exponencialmente. El problema es que no hemos tenido en cuenta este crecimiento y se ha normalizado que millones de productos crucen las fronteras en pequeños paquetes gracias a un sistema aduanero que fue pensado para una realidad completamente diferente».
«La Comisión Europea estima que cada día entran en territorio comunitario unos 16 millones de paquetes, la mayoría procedentes de China. Con ese volumen, es muy difícil garantizar controles eficaces y unas condiciones que eviten situaciones de competencia desleal», añade Gómez.
Acabar con la posible competencia desleal es precisamente una de las razones esgrimidas por Europa para poner en marcha esta tasa, que llega tras unos años que han sido especialmente duros para la industria europea de la moda, sobre todo para las marcas más comprometidas a nivel social y ambiental.
Running Republic, Green Forest Wear, Circoolar, Run To Wear, Hemper, Brava Fabrics… todas estas empresas españolas de moda sostenible han echado el cierre en menos de dos años. ¿Hasta qué punto es culpa de Shein y del resto de compañías de la moda ultrarrápida?
La repuesta no es sencilla ya que cada caso es completamente diferente, pero lo cierto es que no todos los operadores han competido bajo las mismas condiciones.
«Las empresas europeas asumen costes asociados al cumplimiento de normas laborales, ambientales, de seguridad, etc. En cambio, otros modelos de negocio pueden introducir millones de envíos individuales sin esa presión regulatoria. Obviamente, esta una situación de desequilibrio», considera la directora de Slow Fashion Next.
La UE también alerta de que los productos que llegan al espacio comunitario en estos pequeños envíos representan a menudo «riesgos para la salud y la seguridad de los consumidores, altos niveles de fraude y problemas medioambientales».
Gómez recuerda que «la industria de la moda usa miles y miles de sustancias químicas. Además, en los últimos años hemos visto cómo desde diferentes autoridades e investigaciones independientes detectaban productos que incumplían la legislación europea sobre sustancias químicas y seguridad, tanto en Shein como en otros operadores de comercio electrónico de bajo coste».
Hay múltiples casos que subrayan que no estamos ante un problema menor. Gómez cita, entre otros, un informe publicado el pasado año por Greenpeace, que advirtió de que un tercio de las prendas de Shein supera los tóxicos permitidos por Europa.
Para la experta en moda sostenible, el origen de muchos de los problemas del sector está en la externalización de costes medioambientales y sociales. «Cuando una empresa no cuenta, por ejemplo, con sistemas de depuración de sus vertidos, es muy probable que su actividad acabe contaminando los ríos».
«De igual modo, si las marcas del textil no pagan un salario justo a sus trabajadores, será inevitable que muchas personas acaben sufriendo situaciones de pobreza o de precariedad laboral», insiste.