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El truene de Rafa Loera en la Secretaría de Desarrollo Humano y Bien Común tiene como origen y destino la sucesión panista por la alcaldía de Chihuahua, donde la grilla se ha puesto más que intensa, sabedores todos de que la capital es el único reducto azul asegurado para el 2027. Lo demás es un albur.
Con la rueda de prensa que ofrecieron el propio exsecretario y su esposa, Anya Trevizo —la exasistente de la gobernadora Maru Campos, quien renunció el pasado 6 de julio—, se suavizó públicamente lo más que se pudo la salida y la implicación de cualquier conflicto con Palacio, pero Mirone se enteró de que el cese fue tal como se vio: fulminante.
No renunció, lo renunciaron, aunque él no quiso aceptarlo así y, ante las insistentes preguntas de los periodistas, lo más que alcanzó a decir es que fue platicado con la gobernadora. Incluso hizo múltiples manifestaciones de agradecimiento. Apechugó al máximo.
Tan no era su plan inmediato, aunque eventualmente debería dejar el cargo si iba a seguir en el proceso, que —le contaron a Mirone— el día de su salida, antes de que todo tronara, llegaron a su oficina enviados de la Secretaría de la Función Pública para empezar los trabajos de entrega-recepción.
Desde Palacio, lo que se dijo en corto es que, luego de la renuncia de Anya Trevizo, que se volvió muy mediática, la permanencia de Rafa Loera era demasiado incómoda, por lo que el ciclo había acabado antes de lo previsto.
También se enteró Mirone de que Anya ya era vista con recelo desde antes del incidente frente a la prensa, por el agarrón derivado en una guerra sucia a través de distintas publicaciones que se traían Loera y el secretario general de Gobierno, Santiago De la Peña, hombre de todos los afectos de Maru Campos.
En pocas palabras, ya no había confianza con Anya y el trato, así como la relación, habían cambiado, cuando en Palacio le atribuían algunos de los golpes contra Santiago De la Peña al propio Loera. Y viceversa: el exsecretario le atribuía a De la Peña también la responsabilidad del fuego amigo y no tan amigo en su contra.
Así que la salida ya se cantaba, pero algo más parece haber ocurrido para que el cambio se presentara de la forma en que se hizo. Muy significativo fue que, en el comunicado oficial sobre el nombramiento del nuevo secretario de Desarrollo Humano y Bien Común, ni siquiera se mencionó el nombre de Loera, mucho menos se le dieron las gracias, como marca el protocolo.
Lo que sí se visualiza ahora es que la sucesión interna del PAN por la alcaldía de Chihuahua se complica para el partido y para Palacio, toda vez que Rafa Loera ya dijo que va con todo por la candidatura y, de alguna manera, se suma así a la otra aspiración que corre en rebeldía, la de César Jáuregui Moreno, exfiscal general del estado.
Por lo pronto, Loera cuestionó que todavía no existan reglas claras sobre el proceso y adelantó que todo el panismo deberá decidir el método de selección, sin que haya cabida para la designación directa.
Ya se verá qué hace el exsecretario o qué papel juega en el proceso interno, junto o por separado de César Jáuregui, pero, en principio, dijo que dedicará todo su tiempo a los recorridos por el territorio.
Por terrenos tricolores también andan muy activos y ni el dirigente local, Alberto Reyes Rojas, ni el presidente estatal, Alejandro Domínguez, han dejado de trabajar en la promoción de la estrategia Defensores de Chihuahua, la figura con la que pretenden perfilar candidaturas para los distintos cargos en disputa en 2027.
De la novedad que se enteró Mirone es que la dirigencia tricolor sumó un buen fichaje para esa estrategia, particularmente en Ciudad Juárez.
Se trata del empresario Jorge Bermúdez Espinoza, hijo del exalcalde Jaime Bermúdez Cuarón, quien carga un considerable capital político y es bien visto en amplios sectores de la ciudad, como para entrarle a la contienda por la Presidencia Municipal.