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Nevaco Global
30 de agosto de 2026

Por qué Martín Varsaski considera que ya empezó la tercera guerra mundial y qué pasará con la Argentina

Cargando análisis estratégico...

Un análisis difundido por el empresario Martín Varsaski en las últimas horas plantea que el mundo atraviesa una nueva etapa de conflictos globales, con múltiples frentes abiertos, un fuerte incremento del gasto militar y una creciente tensión entre las principales potencias.

El texto sostiene que, ante un eventual conflicto a escala mundial y sus consecuencias, la Argentina podría contar con una posición estratégica privilegiada debido a su distancia de los principales escenarios bélicos, su capacidad de producción de alimentos, disponibilidad de recursos naturales y ubicación en el hemisferio sur.

Mientras se multiplican los frentes de conflicto y avanza el

rearme, resalta la posición estratégica de Argentina

Creo que la Tercera Guerra Mundial ya empezó, y no lo digo

como una metáfora

Empezó en Europa con la invasión de Ucrania. Rusia intenta

destruir por la fuerza el orden de seguridad europeo surgido tras la Guerra

Fría mediante la mayor invasión que ha sufrido el continente desde 1945. El

CSIS calcula más de dos millones de bajas militares entre ambos bandos hasta

junio de 2026, con entre 400.000 y 450.000 soldados rusos muertos y entre

125.000 y 150.000 ucranianos. Las muertes rusas superan en más de cuatro veces

todas las bajas mortales de Estados Unidos en todas sus guerras juntas desde

1945

Tampoco sabemos si no estemos viviendo nuestro equivalente

de 1939. Quienes vivían entonces no podían saber qué episodio elegirían los

historiadores como comienzo de la guerra mundial. Alemania y la Unión Soviética

invadían Polonia mientras Japón combatía en China, y gran parte del planeta

seguía formalmente en paz. Una guerra mundial no comienza necesariamente cuando

las grandes potencias se la declaran. Puede comenzar cuando se forman las

coaliciones, se conectan las cadenas de suministro militar y cada conflicto

alimenta al siguiente

Rusia no combate sola. Irán le proporcionó los drones Shahed

que hoy Rusia fabrica en serie en Alabuga y lanza cada noche contra las

ciudades ucranianas. Soldados norcoreanos han combatido en Kursk y Pyongyang ha

entregado millones de proyectiles de artillería, al amparo del tratado de

defensa mutua firmado por Kim y Putin en junio de 2024. Corea del Norte puede

sostener ese esfuerzo porque China mantiene su economía y absorbe cerca del 90%

de su comercio exterior. Pekín, además, alimenta la industria de guerra rusa

con componentes de doble uso, máquinas-herramienta, nitrocelulosa, microchips y

piezas para drones. Puede alegar que no ha entrado en la guerra, pero en una

guerra industrial quien fabrica las máquinas que fabrican las armas es parte del

esfuerzo bélico.

El segundo frente está en Oriente Medio. Irán lleva décadas

construyendo una red de organizaciones armadas con la que desestabiliza toda la

región: sostiene a Hamás, arma a Hezbolá, respalda a los hutíes y mantiene

milicias en Irak y Siria. Estados Unidos e Israel han pasado de contenerlo a

golpearlo directamente. Pero Irán ya había extendido el conflicto mucho más

allá de Israel. En junio de 2025 bombardeó con misiles la base estadounidense

de Al Udeid, en Catar. Antes, Arabia Saudí había perdido temporalmente la mitad

de su producción de petróleo en Abqaiq y Emiratos había recibido misiles hutíes

en Abu Dabi. A ellos se suman todos los países cuyos barcos y suministros

energéticos quedan expuestos en Ormuz y el mar Rojo

Y esta semana la escalada dio un paso más. El pasado 27 de

agosto, la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, advirtió

que Rusia puede atacar objetivos militares británicos dentro y fuera de

Ucrania, y habló de “consecuencias catastróficas” para el Reino Unido. El

detonante fue la decisión de Londres de compartir tecnología clasificada del

misil Storm Shadow para que Ucrania pueda fabricarlo en su propio territorio.

Días antes, el director de la CIA había viajado a Moscú a transmitir la advertencia

inversa: que Rusia no ataque a ningún país de la OTAN. Un miembro permanente

del Consejo de Seguridad amenazando a otro con ataques directos, y la principal

agencia de inteligencia del planeta viajando a pedir que no ocurra.

Taiwán, la península de Corea, el Báltico y el Ártico

permanecen en una guerra fría cada vez menos fría. Todos están militarizados y

cualquiera puede ser el próximo frente. Alrededor de los frentes físicos se

libra otra guerra permanente, en los satélites, los cables submarinos, las

infraestructuras energéticas y las redes

Los números lo confirman mejor que cualquier análisis. El

gasto militar mundial alcanzó en 2025 los 2,887 billones de dólares, el

undécimo año consecutivo de subida y el más alto jamás registrado por el SIPRI.

Un 41% más que hace diez años. El 2,5% del PIB del planeta, el nivel más alto

desde 2009. Unos 350 dólares por cada habitante de la Tierra. Europa subió un

14% en un solo año. China lleva treinta y un años consecutivos aumentando su

presupuesto militar, la racha más larga registrada. Taiwán subió un 14% en

2025, su mayor incremento desde al menos 1988. Rusia dedica el 7,5% de su PIB a

la guerra

Nada de esto apunta a mejorar. Los países no gastan así por

costumbre. Gastan así cuando esperan combatir, y cada rearme obliga al vecino a

rearmarse.

Conviene recordar cómo terminó la anterior. La Segunda

Guerra Mundial fue una guerra nuclear: Hiroshima el 6 de agosto de 1945,

Nagasaki el 9. Dos bombas de unos 15 y 21 kilotones, y entre cien y doscientas

mil personas muertas antes de que acabara el año. Se usaron las dos únicas

armas nucleares que existían, contra el único país que no las tenía, cuando ya

estaba derrotado y no podía responder.

Esa es toda la experiencia que tiene la humanidad: una

guerra mundial que llegó al umbral atómico en cuanto hubo armas nucleares

disponibles

Hoy hay 12.187 cabezas nucleares en el mundo, según el

anuario del SIPRI de junio de 2026. De ellas, 9.745 están en arsenales

militares listas para usarse, 4.012 desplegadas en misiles y aviones, y entre

2.100 y 2.200 montadas sobre misiles balísticos en alerta operativa alta Rusia

y Estados Unidos concentran el 83%. Y la tendencia se ha invertido: los nueve

países nucleares están ampliando y modernizando sus arsenales, y el ritmo al

que se desmantelan ojivas retiradas está a punto de quedar por debajo del ritmo

al que se fabrican nuevas

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