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Maximiliano Vásquez La reciente medida informada sobre la simplificación de trámites para la exportación de café y cacao que contempla el levantamiento de restricciones, la eliminación del Código de Exportador de Café y la supresión de permisos ministeriales previos merece ser recibida con una dosis fundada de esperanza. Quienes conocemos el campo venezolano sabemos bien […]
La reciente medida informada sobre la simplificación de trámites para la exportación de café y cacao que contempla el levantamiento de restricciones, la eliminación del Código de Exportador de Café y la supresión de permisos ministeriales previos merece ser recibida con una dosis fundada de esperanza. Quienes conocemos el campo venezolano sabemos bien que el grano no espera por la burocracia: en la finca, el café y el cacao responden a un ritmo implacable de cosecha, despulpado y secado. Si la producción queda paralizada en un almacén a la espera de un sello distante, pierde humedad, calidad y valor comercial.
Simplificar la tramitación no representa una concesión ideológica, sino un acto de pura lógica económica. Para un pequeño o mediano productor, cada permiso eliminado se traduce en semanas menos de traslados a la capital, reducción de costos operativos y eliminación de la incertidumbre que paraliza la inversión. Disponer de una ruta comercial previsible y ágil es el mejor incentivo para planificar, sembrar y arriesgar de cara a las próximas cosechas.
Para el estado Táchira, esta perspectiva posee una relevancia singular. El café no es únicamente una cifra en la balanza agrícola; constituye un pilar de nuestra identidad histórica, de la arquitectura social de nuestros municipios y de nuestra dinámica económica. Nuestra condición fronteriza representa una ventaja logística natural para atender mercados internacionales, siempre que sepamos responder con el rigor técnico que el comprador exige, perfil de taza homogéneo, trazabilidad, porcentaje de humedad adecuado y estricto cumplimiento en los tiempos de entrega.
Sin embargo, el optimismo debe ir acompañado de una responsable cautela operativa. La gran interrogante que hoy formula el sector productivo no se centra en la promulgación del anuncio, sino en la manera en que este se traducirá en la práctica cotidiana en la taquilla de la aduana local, en las inspecciones fitosanitarias y en los puntos de control a lo largo del trayecto. Si un requisito eliminado reaparece con otra denominación o en una dependencia distinta, la simplificación pierde su efectividad. La fluidez del proceso debe constatarse en el recorrido completo de la mercancía, desde la unidad de producción hasta el puerto de embarque.
Asimismo, la apertura comercial requiere atender factores estructurales complementarios para que el beneficio alcance al agricultor. La alta demanda internacional de rubros finos de aroma no garantiza por sí sola una retribución equitativa para quien trabaja la tierra. Organizar a los productores en asociaciones permite consolidar volúmenes de oferta, optimizar costos de acondicionamiento y negociar en mejores condiciones frente a los comercializadores. El ciclo entre la recolección y la liquidación de la exportación exige capital de trabajo para tareas de selección, empaque, almacenamiento y flete. Se requiere el acompañamiento del sector financiero mediante esquemas viables vinculados a pedidos reales verificables. Un primer embarque de pequeña escala, ejecutado y cobrado de forma impecable, aporta mayor solidez que cualquier proyección ambiciosa sin respaldo operacional. Vender materia prima en verde asegura liquidez inmediata, pero la permanencia del valor en nuestras comunidades depende del fortalecimiento de la cadena de transformación local. Es indispensable respaldar paralelamente a tostadores, chocolateros y desarrolladores de marcas con reconocimiento de origen. El comercio internacional demanda constancia. Para sostener una oferta exportable se requiere estabilidad en el suministro de energía eléctrica para los centros de beneficio, disponibilidad de combustible para el transporte y reglas de juego claras que trasciendan la coyuntura del ciclo agrícola.
La flexibilización de los procesos abre una oportunidad valiosa, pero la sostenibilidad del intercambio la garantizan la calidad del producto y el cumplimiento sostenido de los compromisos. El éxito de esta medida no se va a medir en una rueda de prensa ni en las toneladas que salgan en el primer informe oficial. Se medirá el día en que el productor reciba un pago justo por su saco de café, pueda meterle inversión a la finca, pagarles bien a sus recolectores y ver, con orgullo y tranquilidad, que sus hijos deciden quedarse a trabajar la tierra porque en ella hay futuro. En ese instante sabremos que volvimos a exportar café y cacao, pero no “como antes”, sino mucho mejor que antes.
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El Gobierno de la Ciudad dio a conocer el esquema de servicios para el lunes 9 y martes 10 de noviembre; sector por sector, qué sucederá
El sector metalmecánico peruano, concentrado en Lima y Arequipa y dedicado principalmente a estructuras metálicas para minería y construcción, ha crecido a ritmo mínimo en los últimos años. Sin embargo, el panorama empieza a cambiar. El Gobierno destinó más de S/4,200 millones para preparación ante fenómeno El Niño y el crédito suplementario de S/8,228 millones incluyó S/1,038 millones para proyectos de transporte. En tanto, inversores de Estados Unidos (EE.UU.) vuelven a poner la mira en Perú, despertando nuevas expectativas en las empresas metalmecánicas.