La avícola Granja Tres Arroyos despidió a 255 empleados
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El Periodo y la Coyuntura de la lucha de clases y de pueblos son procesos de confrontación en el marco histórico general de la guerra capital contra los pueblos más allá del derecho internacional, burlado por las grandes potencias al grado que los crímenes (genocidio, asedio y bloqueos) de Estados Unidos e Israel permanecen impunes y son expresión del necro poder. A la vez, la tecnología y la penetración de las fuerzas represivas de los Estados nacionales se padecen por los pueblos como métodos de vigilancia global y de cambio de mentalidades a favor del individualismo, el racismo y la negación de la depredación por el afán de ganancias del sistema.
Entre las tecnologías de dominación y el colapso del planeta (capitaloceno) se dan los ajustes del sistema mundo del capital (que algunos llaman como “norte y sur globales”) con la competencia geopolítica, económica y militar entre potencias imperialistas y su empresas transnacionales.
El efecto en el empobrecimiento intensivo de los pueblos y la destrucción de las formas de vida es el descontento, la rebeldía y la construcción de alternativas de resistencia, de rebelión y de insurrección populares. El imperialismo y los Estados de las oligarquías intentan encubrir -si no es posible destruir- con “técnicas de gobernanza” que suman represión, manipulación de pensamiento y culturas, los cuales han generado fragmentación y formas de adicción a drogas y enajenaciones que crean dependencia política y cultural de trabajadores y comunidades.
Es el colonialismo yanqui y el sionismo el que en estás últimas décadas rompe con la soberanía nacional, somete a gobiernos y partidos serviles y combate a quienes defienden las bases de la soberanía popular y de su autodeterminación. Es evidente que centran sus golpes contra los embriones de poder popular y la reversión de procesos democráticos y revolucionarios en el mundo. En Palestina y el Asia occidental como en Venezuela y Cuba hay ejemplos del carácter criminal del capitalismo.
En México, la relación con el imperialismo se da dentro del eje de la región del Norte del continente y es el Comando Norte de Estados Unidos el que representa la fuerza de los capitales y sus gobiernos.
La economía de dependencia y alianza subordinada está encadenada a programas que atienden al interés de las transnacionales y del capital financiero. El Tratado comercial México Estados Unidos y Canadá (T-MEC) pasa por otra revisión que anula la capacidad real de los Estados mexicano y canadiense frente al plan de Donald Trump y su equipo de fanáticos del conservadurismo salvaje de “Hacer Más Grande a América (MAGA por sus siglas en inglés) con el fin de recuperar su fuerza económica principalmente la industrial y competir Estados Unidos con China en el mundo y en América Latina, considerado traspatio del imperio.
El gobierno de México dejó atrás sus declaraciones de desarrollo económico nacional y ajusta el Plan México para transnacionales, dejando fuera sus pretensiones de relocalizar el capital mundial para acceder libremente al mercado estadounidense.
La dependencia de importaciones de combustible (gas y gasolinas), de fertilizantes y de granos básicos (principalmente maíz amarillo) crece con la destrucción y despojo del campo y de las pequeñas y medianas industrias. Son el comercio de importaciones y los servicios las escasas bases de un crecimiento económico parasitario.
Ante el estancamiento económico y la crisis recurrente desde 2008, la deuda interna (incluyendo las Afore) y el costo de la deuda externa y eterna hacen del capital financiero el amo que endeuda masivamente a la población, se apropia de los bienes naturales y contiene inversiones, pues el crecimiento de la inversión extranjera se ubica en la reinversión de un segmento de sus utilidades.
El Plan México, enmascarado de “polos de desarrollo y bienestar” atiende zonas de acumulación intensiva del capital que despojan bienes comunes y naturales de territorios y lo depredan. La complicidad de las fuerzas del Estado y de las empresas busca despoblar comunidades con el uso paramilitar de la criminalidad.
Las formas de explotación y despojo aumentan el empleo precario, empobrecen a los trabajadores por contrato, aumentan la intensidad y reajusta las jornadas de trabajo y expropian derechos como las jubilaciones y pensiones. En las empresas y megaproyectos, el dominio de la maquila y el ensamble, y el extractivismo en minas, presas hidráulicas y gasoductos, colocan a trabajadores y pueblos en desventaja. Esto obliga a organizar la resistencia activa independiente que defienda derechos y construya las bases para la liberación. Lo mismo hace la defensa comunitaria de territorios que se vuelve una disputa por la vida y la organización comunal de la producción, de los autogobiernos locales y las culturas contrarias al poder capitalista, colonial, racista y patriarcal.
También el imperio estadunidense somete a nuestro pueblo como a los pueblos hermanos del continente con la situación migratoria de millones de trabajadores y trabajadoras que buscan sostenerse dignamente en el país del norte. México como país de expulsión, tránsito y recepción de migrantes deportados no cumple con la defensa efectiva ante los planes y actos racistas y neocoloniales de explotación y violencia de Estados Unidos que es otro eje de su plan imperialista de seguridad nacional.
La sujeción del Estado mexicano al plan y doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos acata la guerra neoliberal en el negocio del narcotráfico y reajusta la macro criminalidad, así como admite en los hechos las líneas armamentistas. Su crítica a las injerencias del capital de guerra gringo sólo defienden la hegemonía electoral de la 4T, ante el apoyo de Trump al dominio colonial de fuerzas y partidos fascistoides en Latinoamérica. En ese proyecto Trump camina del lado del sionismo y su cara criminal en turno, Benjamín Netanyahu. Así se extiende la militarización, paramilitarización y violencias contra los pueblos en México.
¿Cómo se estructura el Estado mexicano y su sistema de dominación pro imperialista y oligarca? ¿Cuáles son sus fuerzas principales, sus métodos y estrategias en la lucha, control, hegemonía y represión contra el pueblo trabajador? ¿Cómo influyen en la conciencia e independencia de clase y autonomía los conflictos de la clase dominante entre sus progresistas neoliberales y sus conservadores neoliberales? ¿Es posible romper en este periodo con la dependencia y el clientelismo?
Y como organizaciones y pueblos: ¿Qué hemos logrado construir en la lucha de clases y de pueblos como comités y comunidades en resistencia? ¿Conocemos en nuestro trabajo social y político al enemigo imperialista y oligarca? ¿Estamos combatiendo con nuestras pequeñas y grandes luchas a ese enemigo? ¿Estamos concretando objetivos? ¿Cuáles son las formas de lucha para este período y esta coyuntura?
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