Una Cadena Global de Valor (CGV) reúne las actividades, procesos y relaciones económicas que requiere la producción de un bien o servicio desde su concepción hasta el consumo final, para lo cual se recurre a la distribución de las actividades entre empresas y países. De forma simplificada, incluyen investigación y desarrollo, diseño, insumos, componentes, manufactura, ensamblaje, logística, comercialización y servicios, coordinados territorialmente dentro de una red productiva internacional (Filippo, A., Guaipatín, C., Navarro, L., & Wyss, F. (2023). Las políticas de desarrollo productivo frente a los nuevos imperativos de las cadenas globales de valor. BID Publicaciones (Monografía del BID 1125) y Porta, F., Santarcangelo, J., Schteingart, D. (2015) Cadenas Globales de Valor y desarrollo económico: el debate teórico y las evidencias empíricas).
Las CGV constituyen una de las principales formas de organización de la producción mundial contemporánea. Su expansión estuvo asociada a la globalización productiva, la liberalización comercial, el avance de las empresas multinacionales y la reducción de los costos de transporte y comunicación. En este modelo, las decisiones de localización y especialización eran guiadas por el mercado y respondían fundamentalmente al objetivo de maximizar la eficiencia mediante la reducción de costos y el aprovechamiento de ventajas comparativas. (Filippo et al., 2023; Porta et al., 2015).
Sin embargo, las crisis financieras, la pandemia de COVID-19, las disrupciones logísticas, la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China y el aumento de las tensiones geopolíticas evidenciaron las vulnerabilidades asociadas a cadenas excesivamente concentradas y dependientes de pocos proveedores o territorios (Organización Mundial del Comercio (2025), Informe sobre el desarrollo de las cadenas de valor mundiales: Reorganizar las cadenas de valor mundiales en una economía mundial en evolución. OMC)
Ante esta situación, las CGV sufren una continua y profunda transformación caracterizada por el paso de una globalización de mercado hacia una globalización estratégica; en la cual, las decisiones de producción, comercio e inversión se van a ver influenciadas, tanto por criterios económicos, como por consideraciones de resiliencia, autonomía tecnológica, seguridad económica y seguridad nacional. Este proceso se expresa en tres dimensiones interrelacionadas: la transformación institucional y política, la reconformación geográfica y la reconfiguración productiva (Organización Mundial del Comercio (2025). Informe sobre el comercio mundial 2025: Lograr que el comercio y la IA trabajen juntos en beneficio de todos. OMC).
La búsqueda de resiliencia ha modificado la relación entre el mercado y el Estado dentro de las CGV. Si bien, durante la etapa de la globalización de mercado predominó la confianza en los mecanismos de asignación del mercado, actualmente los gobiernos asumen un papel más activo al fortalecimiento de las capacidades nacionales y a la reducción de las vulnerabilidades estratégicas. En este contexto emerge la figura del Estado estratégico, que identifica sectores prioritarios y despliega instrumentos de política industrial, tecnológica, energética, financiera y comercial para impulsar capacidades productivas consideradas esenciales. Entre estos instrumentos destacan los subsidios, incentivos fiscales, financiamiento preferencial, garantías, infraestructura, compras públicas, programas de investigación y desarrollo, formación de capital humano y fortalecimiento de proveedores nacionales (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. (2026). Manual de política industrial: Del diseño de la estrategia a la implementación. Ediciones OCDE).
Paralelamente, la política comercial adquiere una dimensión estratégica. La liberalización generalizada deja de constituir el único objetivo y ganan importancia herramientas como aranceles selectivos, reglas de origen, controles a las exportaciones, restricciones a determinadas inversiones y otras medidas orientadas a proteger sectores críticos y tecnologías estratégicas. El Estado utiliza la política comercial para la consecución de múltiples objetivos, como son: los comerciales, tecnológicos, de seguridad económica y de resiliencia (OMC, 2025).
La reorganización territorial de las CGV se origina en respuesta a los riesgos y las consecuencias de éstos, derivados de la excesiva concentración de capacidades productivas en determinados países o regiones. Durante la etapa de globalización de mercado, las CGV tendían a estructurarse como redes altamente fragmentadas y dispersas internacionalmente, donde cada etapa se localizaba en función de los menores costos posibles. En contraste, la globalización estratégica favorece cadenas más diversificadas, regionalizadas y geográficamente equilibradas (OMC, 2025).
Este proceso se expresa en el tránsito del modelo Just in Time hacia el modelo Just in Case. Mientras el primero privilegiaba inventarios mínimos y una alta especialización de proveedores para maximizar la eficiencia, el segundo incorpora inventarios estratégicos, proveedores alternativos y mayor diversificación territorial para reducir riesgos e incrementar la capacidad de respuesta ante interrupciones (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. (2021). Informe sobre las inversiones en el mundo 2021: Invertir en una recuperación sostenible (Panorama general). Naciones Unidas; OMC, 2025; Filippo, et. al. (2023)
En la construcción de las nuevas relaciones territoriales, las empresas recurren crecientemente a estrategias como el nearshoring, que aproxima actividades productivas a los mercados de destino; el friendshoring, que concentra operaciones en países políticamente confiables; y el reshoring, que relocaliza determinadas actividades dentro del país de origen. Esta reorganización espacial de las CGV se orienta tanto a fortalecer la competitividad económica, como a la búsqueda de seguridad estratégica. De esta manera, la eficiencia continúa siendo relevante, pero ahora comparte espacio con objetivos asociados a la resiliencia, la reducción de vulnerabilidades y la gestión de riesgos geopolíticos (OMC, 2025; UNCTAD, 2021 (Panorama general).
La creación de valor se desplaza progresivamente desde la manufactura aislada hacia la articulación entre producción, servicios, datos, conocimiento y tecnología La competitividad ya no depende exclusivamente de la producción manufacturera y los bajos costos laborales, sino cada vez más del conocimiento, de la tecnología, de los servicios avanzados y de la capacidad de innovación. En consecuencia, las CGV comienzan a reorganizarse alrededor de la digitalización, las tecnologías estratégicas, la seguridad de suministro y la transición energética. (OMC, 2025).
En este contexto adquieren especial relevancia aquellos sectores considerados estratégicos para elevar la productividad y restablecer la seguridad económica, como los semiconductores, la inteligencia artificial, la computación avanzada, la biotecnología, las tecnologías digitales, las baterías, los vehículos eléctricos, las energías renovables, el almacenamiento energético, las telecomunicaciones y los minerales críticos (OMC, 2025; OCDE, 2026).
Un componente fundamental de esta transformación es la servitización de la manufactura. El valor ya no proviene únicamente de la fabricación física de bienes, sino también de actividades como investigación y desarrollo, diseño, ingeniería, software, logística, financiamiento, comercialización, análisis de datos y servicios posventa. Como resultado, la manufactura y los servicios se integran crecientemente dentro de una misma estrategia de generación de valor (Porta et. al. 2015; Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (2020). Informe sobre las inversiones en el mundo 2020. La producción internacional más allá de la pandemia. Naciones Unidas).
A ello se suma la creciente incorporación de digitalización en las CGV. Las tecnologías digitales permiten coordinar operaciones distribuidas globalmente, monitorear cadenas en tiempo real, automatizar procesos y utilizar datos para la toma de decisiones. En consecuencia, la competitividad depende cada vez más de infraestructura digital, capacidades tecnológicas, propiedad intelectual, capital humano especializado y ecosistemas de innovación (OMC, 2025).
Otro eje fundamental es la transición energética, que impulsa nuevas cadenas de valor vinculadas a energías renovables, hidrógeno, baterías, redes eléctricas inteligentes y minerales críticos. La competencia internacional ya no se limita al acceso a recursos naturales, sino también al control de los procesos tecnológicos e industriales necesarios para su transformación en bienes de alto valor agregado (Organización para la cooperación y el Desarrollo Económico (2025). Informe sobre la Revisión de la cadena de suministro OCDE. Cómo afrontar los riesgos. Ediciones OCDE; Organización Mundial del Comercio (2025), Informe sobre el desarrollo de las cadenas de valor mundiales: Reorganizar las cadenas de valor mundiales en una economía mundial en evolución. OMC)
Por ello, la participación exitosa en las CGV exige avanzar hacia procesos de escalamiento productivo y tecnológico, fortaleciendo proveedores, desarrollando capacidades de innovación, incorporando tecnología y participando en segmentos con mayor intensidad de conocimiento (OMC, 2025).